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Recuerdo en la reciente campaña presidencial que un alucinado aspirante que quería “expandir el virus de la vida por las estrellas del universo”, prometía ser el “cambio”, pero sin decir que para mal, y aseguraba que iba a ser distinto a todos los anteriores presidentes que convirtieron a Colombia en una sede del infierno y en la madriguera de la mentira y la corrupción. Todo sería diferente y mágicamente perfecto.
Como primero se acaba el helecho que el marrano, un poco más de 11 millones, de helechos, votaron por ignorancia, ingenuidad o complicidad, todas ellas condiciones igual de peligrosas, y mucho más cuando actúan simultáneamente y apoyadas por Juan Manuel.
En esta columna en repetidas ocasiones y donde fui invitado, expuse que había que tener cuidado con las elecciones porque podría llegar al poder un marxista, que siempre representan todas las peores cosas de las que un humano puede sufrir o cometer en contra de otros. Advertí que lo más grave era que los discursos marxistas, que dicen prometer hacer todo por los más pobres, terminan siempre engañando y afectando de manera atroz con sus mentiras especialmente a los más pobres, y ahí está la historia para los que todavía tengan dudas.
Recuerdo que en campaña prometieron condonar todos los préstamos del Icetex. Sonaba linda la mentira para los ciudadanos con espíritu limosnero, pero no había que ser un genio para saber que además de falsa, la promesa era contraproducente, porque perdonar los préstamos existentes te garantizarían unos 400.000 votos de ingenuos que no entendían que el Icetex es como un fondo rotatorio y si no regresa el dinero que sale, “todos los millones de jóvenes sin recursos de este país” de ahí en adelante, no tendrían apoyo financiero y se quedarían tan brutos como el que los engañaba de frente.
Pero como lo gratis es tan sexy y mata las neuronas, cayeron en la trampa. Unos meses después, con un descaro inmundo, común entre los marxistas, el nuevo gobierno del “cambio nefasto” dijo sin sonrojarse: “uuppss”, es que hicimos mal las cuentas y no podemos condonar las deudas, pero vamos a bajar los intereses, y esa diferencia de ingresos se la sacaremos a las chupasangres universidades privadas que supuestamente se aprovechan de las familias que con esfuerzos y aspiraciones gigantes envían allí a sus hijos.
Dos años después, ahora el Icetex, manejado por cínicos, anuncia que no tiene plata ni para pagar los compromisos adquiridos previamente.
No todo incumplimiento malicioso se considera un delito de estafa, pero miren si lo que dicen los expertos se cumple en este caso: “1) Despliegue de un artificio o engaño dirigido a suscitar error en la víctima (o mantenerla en el equívoco). 2) Error o juicio falso de quien sufre el engaño. 3) Obtención, por ese medio, de un provecho ilícito. 4) Perjuicio correlativo de otro. 5) Sucesión causal entre el artificio o engaño y el error, y entre este y el provecho injusto que refluye en daño patrimonial ajeno.”
¿A usted a qué le huele?