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La recuperación recreativa y ambiental del río pasa, como supuso su recuperación sanitaria, por la recuperación de sus quebradas. Se trata de un sueño a largo plazo, con sus proyectos y sus mecanismos de financiación.
Por Luis Guillermo Vélez Álvarez - opinion@elcolombiano.com.co
“Cuando un habitante de Medellín se asoma por uno de los puentes que cruzan el río, se encuentra con un agua maloliente, de aspecto turbio y denso, color tierra, oscuro y espeso, con sólidos flotantes, basura, y, probablemente, gallinazos que viven de los desperdicios acumulados en las orillas y en islotes”
Esa descripción es completamente extraña para los habitantes de Medellín de menos de 40 años, acostumbrados al desfile de las flores y el alumbrado navideño al lado del río y a la gran infraestructura urbana – Metro, Parques del Río, Edificio Inteligente, Palacio de Exposiciones, Teatro Metropolitanito, Edificio Bancolombia, etc. – construida a lo largo de sus márgenes. Nada de eso habría sido posible sin el saneamiento del río y sus quebradas afluentes.
Se construyen tubos de alcantarillado a ambos lados de las quebradas y del río Medellín; llamados colectores, los primeros, e interceptores, los segundos. Los vertimientos se conectan a esos tubos impidiendo su descarga en las quebradas y el río. Las aguas residuales colectadas son llevadas a plantas de tratamiento y después, libres de contaminación, se descargan al río.
Bastan unas sesenta palabras para describir el proceso de saneamiento del río Medellín y sus afluentes que se inició en 1966, con el plan piloto de alcantarillado, y tuvo sus grandes hitos con la entrada en operación de las plantas de tratamiento de San Fernando, en 2000, y Aguas Claras, en 2018. Llevamos 57 años y faltan unos cuantos más, mientras se construyen las plantas, más pequeñas y de tratamiento primario, de Girardota y Barbosa. Se concluiría así la primera gran fase de la recuperación del río, su recuperación propiamente sanitaria.
El agua del río todavía se ve un tanto turbia, color gris, más claro o más oscuro, a causa de los residuos, lodos y sedimentos que traen las quebradas, especialmente, en los inviernos. La recuperación recreativa y ambiental del río pasa, como supuso su recuperación sanitaria, por la recuperación de sus quebradas.
Se trata de un sueño a largo plazo, con sus proyectos y sus mecanismos de financiación. Sus componentes son:
· Recuperar la navegabilidad del río y su uso recreativo en paseos de olla y charcos. Debe hacerse una convocatoria internacional para recibir propuestas de operadores turísticos que quieran construir la infraestructura e instalaciones requeridas a cambio de una concesión para su explotación durante un período determinado.
· Recuperar las quebradas culminando su saneamiento, reestableciendo sus cursos naturales, sus capas vegetales y arborización con especies nativas. Destinar durante un tiempo determinado un porcentaje de las transferencias de EPM al Municipio. En este componente deben participar la Gobernación, las autoridades ambientales, el Metro y los demás municipios del Valle de Aburrá.
Los impactos de estos programas son enormes y se extenderán y aumentarán en el tiempo. Destaco tres:
· Eliminación, prevención y mitigación de inundaciones y desastres causados por crecidas de las quebradas.
· Protección de la infraestructura del Metro afectada por las crecientes del río.
· Mejora de la calidad del aire en la Ciudad.