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La narrativa autocrática global, entre la que se mimetiza y alimenta Petro, ha ido construyendo la creencia de que Israel está cometiendo un genocidio propio del nazismo.
Por Diego Santos - @diegoasantos
El mundo se está partiendo en dos: en autocracias y en democracias. En un extenso análisis en la revista ‘Foreign Affairs’, el académico de la universidad de Yale, Daniel Mattingly, señalaba que la primera está ganando terreno, mientras que la segunda lo está perdiendo. Lo vemos en Colombia, donde hay un choque frontal entre ambos modelos, el autocrático encabezado por Gustavo Petro y el democrático que tratan de recoger como pueden varios liderazgos dispersos.
Sin embargo, donde realmente se está librando esa batalla, una que puede ser crucial para el futuro de la humanidad, y de la cual no deberíamos aislarnos, es la que vive hoy el Medio Oriente y enfrenta a Israel contra los grupos terroristas de Jezbolá y Hamas. Más allá de los contextos históricos, de los dramas y odios locales, lo que en realidad está en juego ahí es la defensa de la democracia y de la libertad. Punto.
Israel encarna la democracia, la defensa de la libertad, el derecho a discrepar y a discernir, a crear, a cuestionar e innovar, a exigirle descarnadamente cuentas a quienes gobiernan, al libre desarrollo de cultos y personalidades. Israel es una nación que propende por el progreso, cuna además de grandes pensadores e intelectuales.
Sus enemigos son todo lo opuesto. Pero claro, la narrativa autocrática global, entre la que se mimetiza y alimenta Petro, ha ido construyendo la creencia de que Israel está cometiendo un genocidio propio del nazismo. Argumenta que hay una intención premeditada por parte de Israel en acabar con la vida de miles de mujeres y niños en sus operaciones militares. Deja de lado que los grupos terroristas que defiende usan a esas víctimas como escudos humanos; y que esconden sus armamentos y centrales de operación en escuelas, hospitales y casas.
Esa narrativa autocrática ignora a su vez que desde el 8 de octubre de 2023, un día después de los crímenes atroces de Hamas contra indefensos niños, mujeres y ancianos israelíes, Jezbolá ha lanzado más de 9.300 cohetes contra Israel, ataques que han forzado el desplazamiento de más de 80 mil personas de sus hogares y matado a 49 personas y herido a 372. Asimismo, el impacto de los cohetes ha causado casi 1.000 incendios, destruyendo fauna y flora.
Israel defiende la democracia. Jezbolá, Hamas, Irán y líderes como Petro abogan por liquidar a Israel, borrarlo del planeta, sumir al Medio Oriente en una autocracia de extremismo islámico para exportarlo al mundo. Nunca Occidente había estado tan amenazado. Y ya no desde esos países que antes veíamos tan lejanos, sino en los nuestros. Solo hay que dar un repaso a algunas naciones europeas donde se están levantando los musulmanes para imponer su visión, o ver cómo se consolidan líderes antisemitas como Petro.
Este debate ya no es para verlo en los cines, comiendo crispetas. Estamos en una gran batalla global, y cada quien tiene que definir de cuál lado está. El gobierno colombiano ya tomó partido. ¿Y la ciudadanía colombiana?