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Estos testimonios (de Bateman, Castaño y Escobar) quedaron en el libro “En Secreto”, de Germán Castro Caycedo, poco conocido y difícil de conseguir.
Por David González Escobar - davidgonzalezescobar@gmail.com
¿Qué tienen en común Pablo Escobar, Jaime Bateman y Carlos Castaño?
Además de que el Cartel de Medellín, el M-19 y las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) —las organizaciones que lideraron en distintos momentos— se cruzaron, enfrentaron o incluso aliaron durante las trágicamente violentas décadas de los 80 y 90, existe un elemento curioso que los vincula: todos fueron retratados en la cúspide de su poder por Germán Castro Caycedo, uno de los mejores periodistas que ha tenido el país.
Estos testimonios, realizados en condiciones de clandestinidad, quedaron plasmados en el libro “En Secreto”, publicado en 1996 y que, sorprendentemente, permanece poco conocido y difícil de conseguir tres décadas después: parece sobrevivir únicamente en las esquinas más recónditas de los libros de segunda mano en Mercado Libre o en bibliotecas cuyos catálogos han permanecido inalterados desde el siglo pasado.
Una verdadera lástima, ya que es uno de los mejores retratos sobre las épocas más oscuras de la violencia que surgió con el auge del narcotráfico, las guerrillas y el paramilitarismo en Colombia: lejos de limitarse a un recuento cronológico de la barbarie que marcó las últimas décadas del siglo pasado, “En Secreto” se centra en esbozar, a partir de los detalles menos conocidos de sus orígenes y personalidades, un perfil íntimo de los protagonistas de toda aquella locura.
El perfil de Jaime Bateman, fruto de una entrevista realizada en 1980 mientras el M-19 mantenía ocupada la embajada de la República Dominicana, fue la primera vez que aquel “costeño tan alto como la puerta” se presentó ante el país como comandante general de este grupo guerrillero. No fue Castro Caycedo quien buscó la entrevista; fue el propio M-19 quien lo eligió como mensajero para comunicarle al presidente Turbay las intenciones de Bateman de entablar diálogos en Panamá. Para ello, el periodista fue secuestrado durante 36 horas, tiempo en el cual, en algún escondite en las afueras de Bogotá, Bateman —quien perecería tres años después— le detalló la historia y fundamentos ideológicos que lo llevaban a liderar aquel grupo.
El perfil de Carlos Castaño fue realizado a mediados de los 90 en una serie de entrevistas realizadas en el seno del territorio paramilitar de aquel entonces. Durante esos encuentros, Castaño —enérgico, sorbiendo tinto bajo el agobiante calor de la costa sabanera, sin poder quedarse quieto— relató la muerte de su padre a manos de la guerrilla, un suceso que lo impulsó a “luchar contra la insurgencia”. Con lujo de detalles, el comandante de las AUC describió los orígenes, la evolución y el intento de justificar los numerosos crímenes de sus autodefensas.
“Soy todo lo que quise ser: un bandido”. Con esta frase se podría resumir el perfil de Pablo Escobar, elaborado tras numerosas conversaciones clandestinas que se extendieron hasta bien entrada la madrugada —aparentemente el horario habitual del capo— en lugares que iban desde el Edificio Mónaco hasta la Hacienda Nápoles. A lo largo de unas cien páginas, Germán Castro Caycedo logra capturar facetas insospechadas del narcotraficante: su casi académico interés en cómo la cultura del contrabando en Antioquia se transformó en la industria del narcotráfico, la relación cercana entre los capos y la dictadura de Somoza y Noriega, su hábito de prender “baretos” de marihuana en secreto todo el tiempo y la curiosa afición de importar cerveza sin alcohol, un producto prácticamente inexistente en Colombia en aquel entonces.
Esta columna, publicada este árido domingo en pleno puente de semana de receso, es un pequeño intento por desenterrar este “secreto”, quizás el mejor guardado de Castro Caycedo y del periodismo colombiano a finales del siglo XX.