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Soy soldado de esa causa, federalista sin sonrojos. Es el principio de la solución de esta Colombia encriptada en el más asfixiante centralismo sabanero.
Por Carlos Gustavo Cano* - opinion@elcolombiano.com.co
Me cautivó la lectura del editorial del diario EL COLOMBIANO del día 21 de noviembre del año anterior, bajo el inspirador y provocador titular “Pensar a Antioquia como un país”.
“Si Antioquia fuese un país, se ubicaría como el tercero con más inversiones en el extranjero en América Latina, solo detrás de Brasil y México”. Así comienza este afortunado escrito, refiriéndose al proyecto ‘Antioquia Emergente’, formulado por Proantioquia, EAFIT y Comfama, en asocio de la consultora Breakthrough.
Viene a mi memoria el monumental óleo Horizontes, elaborado por el maestro yarumaleño Francisco Antonio Cano en 1913, mi ilustre ancestro. Allí se retrata la fuerza de los territorios, que constituyen la sustancia de la grandeza y solidez de la patria. Pero una patria cada vez más ahogada por el centralismo que padecemos alrededor de los poderes encerrados en Bogotá, que, más que un distrito capital, se ha convertido en la más indomable enfermedad padecida por las regiones de Colombia, las cuales conforman la despectivamente llamada periferia de la Nación.
¿Por qué no soñar con una Colombia Federal, como invita este inspirador editorial? La constitución de 1991, en su mayor parte aún sin estrenarse, lo prevé. De suerte que no sería preciso acudir a nuevos actos legislativos para la conformación de cinco o nueve regiones autonómicas con su propia independencia presupuestal y regulatoria.
En los tiempos que corren, los vientos que soplan van en favor de dicha dirección. Soy soldado de esa causa, federalista sin sonrojos. Es el principio de la solución de esta Colombia encriptada en el más asfixiante centralismo sabanero. Lo importante es no quedarse en letras de molde acariciando ilusiones que lucen imposibles, sino actuar.
A fin de convertir este sueño en realidad, Antioquia tiene que dar este primer paso, contando con Córdoba; su Urabá antioqueño; el eje tradicional cafetero de Caldas, Risaralda y Quindío; y por supuesto con el Chocó, nuestra meca nacional de la biodiversidad.
No hay mejor momento que este para mover y coronar esta iniciativa. Los colombianos de todas las provincias, sin duda alguna se sumarían a la misma. Hasta ahora han callado por haber perdido la confianza en sí mismos como “nosotros el pueblo”, las primeras tres palabras de la constitución norteamericana.
Antioquia cuenta ahora con un gran gobernador, equiparable a su antecesor, y su capital Medellín con un gran alcalde, de talla mundial, tras el desastroso y vergonzoso episodio que protagonizó quien lo antecedió. ¿Para qué esperar más? Es la hora de actuar, sin vacilaciones.
La región Caribe merece igual destino. El Valle del Cauca, Cauca, Nariño y Putumayo. Los Santanderes y el Magdalena Medio. El corredor del Tolima, Huila y Caquetá, urgidos por una salida inmediata al océano Pacífico a través del páramo de las Hermosas. La altiplanicie cundiboyacense, conectada con los llanos de Aguazul y Yopal. La Orinoquia alta, nuestra tierra de promisión y esperanza. Y, obviamente, la joya de la Amazonía.
Colombia Federal debe ser una consiga nacional de “nosotros el pueblo”.
*Profesor de Uniandes, exministro de Agricultura y ex director del Banco de la República y Ecopetrol