Si Colombia quiere que el 1,8 % del Producto Interno Bruto, que representa la economía naranja, pase a 5,1 % hay una labor que hacer: fortalecer los derechos de autor y de propiedad.
¿Qué es esto? Alude al poder de los creadores sobre sus obras literarias y artísticas y el usufructo por el uso de terceros. La definición incluye libros, pinturas, música, películas, programas informáticos, bases de datos, publicidad, entre otros.
En este panorama hay tres actores relevantes: las Sociedades de Gestión Colectiva (SGC), encargadas de recaudar las regalías por el uso de las obras para distribuirlas entre los autores (aunque también hay gestoras individuales), los creadores y los usuarios, que pueden ser: establecimientos de comercio, bares, restaurantes, negocios de transporte, empresas de telecomunicaciones (ver Informe).
De acuerdo con Tito Yepes, investigador de la Fundación para la Educación Superior y el Desarrollo (Fedesarrollo) hay varios puntos relevantes que hoy sufre el mercado. Existen precios discrecionales; un vacío en el rol del Estado (regulación Vs. la promoción); se ha querido cambiar el marco legal actual, lo que se ve inconveniente por los vacíos en los roles y, hay una falta de reconocimiento adecuado por los usuarios de los componentes de derechos de autor: “Es tarea de Gobierno la pedagogía”.
En el caso de la música, el elemento más crítico es que si bien se establecen tarifas de referencia que después negocian con el usuario final, no se sabe qué compone la estructura para cada industria. Por ejemplo, ¿en los bares se debería cobrar por metro cuadrado, y en los hoteles por número de habitaciones?.
Para el director jurídico de Sayco, Ricardo Gómez, la dificultad es que se está “ante unos derechos de propiedad privada (...) y quien puede determinar el valor del uso es su titular. Aunque en Colombia el cobro debe ser proporcional a los ingresos que el uso represente”.