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Conozca a las “zari” que
lo visitan y cómo cuidarlas

Este año han sido atendidas más de 1.500 por el Centro de Valoración del Área Metropolitana.

  • A diferencia de las ratas, que son gregarias (viven en comunidad), las zarigüeyas son solitarias. Además, tienen un cuerpo más grande (casi como el de un gato) y una cola prensil que les permite sujetarse a los arboles. FOTO SSTOCK
    A diferencia de las ratas, que son gregarias (viven en comunidad), las zarigüeyas son solitarias. Además, tienen un cuerpo más grande (casi como el de un gato) y una cola prensil que les permite sujetarse a los arboles. FOTO SSTOCK
15 de septiembre de 2021
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Decirle chuchas a las zarigüeyas es una costumbre pasada de moda. Sí... Es una forma tradicional de referirse a ellas, pero ¿no le parece que le hace poca justicia a la importancia que ocupan dentro de los ecosistemas?

Chucha suena más a rata, ¿no? Y la realidad es que las zarigüeyas no tienen nada que ver con los roedores. De hecho, están más emparentadas con los canguros y los koalas, ¡imagínese! Si las ve cerca de su casa sepa que es como si lo estuviera visitando una parte de Australia.

“Los marsupiales se caracterizan por que las hembras tienen en la parte del vientre una bolsa donde mantienen a sus crías. Estas nacen con un bajo nivel de crecimiento y se terminan de desarrollar en esa bolsita que se llama marsupio”, explica Luz Rodríguez Garay, médica veterinaria líder de proyectos de biodiversidad de la Universidad CES.

Muy cerca de su casa

Las zarigüeyas son originarias del continente americano y algunas especies (como la Marmosops caucae y Marmosops handley) son endémicas de Colombia, es decir, solo habitan en este país.

En el Valle de Aburrá han sido identificadas 10 especies de marsupiales del género Didelphidae, siendo la Didelphis marsupialis o zarigüeya común, la más abundante en la zona urbana.

En lo que va del año, estos animales han sido los que más han ingresado al Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre del Área Metropolitana del Valle de Aburrá (Amva). De los 6.281 animales silvestres recibidos, con corte al 10 de septiembre, 1.590 han sido zarigüeyas.

“Los cuadros clínicos más frecuentes incluyen golpes contundentes con palos, cortes con machete y mordeduras de perros domésticos, además de atropellamiento en las vías”, señala Diana María Montoya Velilla, subdirectora Ambiental del Amva, quien recuerda que atacar a una zarigüeya, y en general a cualquier animal silvestre, es un delito contemplado en la ley colombiana (ver Paréntesis).

Valore su importancia

Si su casa queda en un entorno rural, cerca a fuentes hídricas, vegetación o parches de bosque, es probable que se encuentre en algún momento con este tipo de marsupiales. Algo que le alegrará saber es que son controladoras de otras especies como cucarachas y alacranes.

“En el ecosistema es importante el equilibrio. Las zarigüeyas son controladoras de algunos animales e insectos que en ocasiones catalogamos como plagas”, comenta Rodríguez. “Cuando vemos en casa muchas cucarachas, sobre todo en casas de campo, puede ser porque las zarigüeyas se han ido desplazando y este tipo de insectos prolifera porque no hay quién los controle”.

Sin embargo, son omnívoras, comen de todo: roedores, reptiles y frutos. Estos últimos son clave porque luego dispersan sus semillas favoreciendo el crecimiento de árboles, incluso, añade Montoya, “hay estudios que indican que no solo lo hacen a través de las heces sino de su pelaje, del que se le adhieren”.

Finalmente, las zarigüeyas son presas de otras especies silvestres como los tigrillos, las aves rapaces y los pumas. “Así como ellas controlan, también son controladas y sirven como alimento para otros animales”, puntualiza Rodríguez.

Cómo protegerlas

Las zarigüeyas tienen una excelente capacidad de adaptación. Ellas estuvieron primero que usted poblando el planeta, sin embargo, su hábitat se ha visto reducido sobre todo por la expansión de la frontera urbana.

No obstante a esto, continúa Rodríguez, han sabido adaptarse incluso a los entornos urbanos. “A pesar de ser un animal silvestre ha mostrado capacidades para sobrevivir. Es muy curioso cómo se han acostumbrado a nosotros, pero los humanos a estas no”, dice.

El cuidado y el respeto es sencillo: empiece por empatizar. “Lo primero es tener empatía por los seres vivos, partiendo de eso podemos hacer muchas más cosas”, opina Rodríguez.

Si tiene animales de compañía como perros o gatos, manténgalos vigilados y en casa. “Cuando salen a cazar pueden dejar a las crías huérfanas (que dependen mucho de la madre), por lo que podrían necesitar crianza asistida” en un centro especializado, cuenta Mónica Gil Peláez, de la Subdirección de Ecosistemas de Corantioquia.

De igual modo, es importante mantener los desechos orgánicos en recipientes sellados, “además, se sugiere guardar la comida de los animales domésticos durante la noche y recoger frutas y verduras de los huertos antes de que maduren”, comenta Montoya.

Como buscan madrigueras, pueden llegar a habitar techos o bodegas, sin embargo, la solución, dice Montoya, no es capturarlas o eliminarlas, basta con sellar los espacios y mantenerlos limpios.

Finalmente, si se encuentra con una no es necesario que la ahuyente, “seguramente está de paso y continuará su camino”, explica Gil, ellas no atacan a las personas a menos de que se sientan amenazadas.

Su manipulación debe ser solo en caso de encontrar alguna muerta o atropellada. La veterinaria Rodríguez recomienda apartarla de la vía con un trapito, revisar el marsupio y llamar de inmediato a las autoridades ambientales.

Así mismo, “si vemos una cría abandonada o un individuo herido deben llamarnos para ingresarlo al lugar de paso, hacer las valoraciones e iniciar los tratamientos respectivos”, finaliza Gil.

La línea de atención de fauna silvestre de Corantioquia es 3218175002 y la del Amva 3046300090. Cuidarlas y mantener el equilibrio ecosistémico también es su responsabilidad

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