Bahía Solano es como un diamante escondido en el Pacífico colombiano: con estas palabras comienza esta conversación con Santiago Pinilla Vélez, biólogo e investigador para quien este lugar conserva la pureza en la diversidad, en sus tierras, en su mar, en sus ríos y en sus cascadas.
Él participa de un proyecto con Mar Palanca y Juan Camilo Zuluaga, biólogos e investigadores submarinos, que decidieron apostarle a un sueño que se ha hecho realidad.
Se inició en 2017 y desde entonces han evidenciado el significado de esta propuesta llamada Madre Agua Colombia, que tiene tres pilares: investigación científica, cooperación con la comunidad y compromiso con el medio ambiente, todo articulado desde el turismo de naturaleza que incluye, entre otros, el avistamiento de ballenas, el recorrido por la selva tropical, la visita a las cascadas de agua dulce y el campamento de apnea.
Mar es española; Santiago y Juan Camilo son colombianos, además de su profesión, los une un profundo amor por el cuidado de los ecosistemas marinos, un interés reflejado en el rigor de la investigación científica y en el deseo de compartir hallazgos con los visitantes que se acercan a un mundo “sublime”.
El lugar perfecto
Bahía Solano es uno de los municipios del departamento del Chocó más visitados por turistas nacionales y extranjeros. Es como un imán para aquellos que buscan una aproximación a un mundo natural en el que la flora, la fauna y las aguas llaman a vivir una experiencia que alerta los cinco sentidos.
Madre Agua no es un hotel, es una entidad que pretende la conservación del medio ambiente y el cuidado de la megafauna y estimula el conocimiento de los ecosistemas a partir del turismo científico.
Sus líderes plantean una propuesta desde la investigación, muchas veces acompañada por otros profesionales y estudiantes de pregrado y posgrado de carreras como la Biología.
Durante los tours recopilan valiosos datos. Se detienen en los cantos de las ballenas jorobadas, tan misteriosos, una polifonía que varía, que no siempre es la misma; registran sus movimientos sutiles e impetuosos; realizan fotos de identificación de sus colas que ofrecen una información vital, pues cada una es como una huella.
“Tenemos puestos los ojos en cada detalle, en cada sonido, en cada movimiento”, dice Santiago, quien advierte que siempre hay una nueva pregunta que intenta ser respondida a partir del estudio.
Hay dos temporadas durante el año. El safari marino con snorkel, entre el 3 de abril y el 29 de mayo, permite conocer al tiburón ballena, un pez cartilaginoso, no depredador activo, cuyo cuerpo es como el reflejo del cielo nocturno con sus estrellas, lo describe Santiago.
Su visita se da por un fenómeno migratorio de sardinas y otras especies que alimentan también a delfines, peces de variadas características y aves.
Es un placer ver a los tiburones en el fondo del mar y los cardúmenes de sardinas y pequeños peces en medio de su brillo, sus torbellinos y esferas en su danza infinita. El avistamiento de las ballenas jorobadas, entre el 26 de junio y el 16 de octubre, es uno de los eventos naturales más seguidos por turistas de todo el mundo.
Coherente con la filosofía de Madre Agua, todo se hace sin acercarse demasiado a estos gigantes del mar, sin agredir ni acosarlos, en silencio.
Y hay más
Están también las expediciones hacia las cascadas de potentes y frescas aguas, que son numerosas en la región, y entre ellas las más visitadas son Salto del Aeropuerto, Chocolatal y Nabuga; el avistamiento de aves, el recorrido botánico y la visita a playas como la de Huina.
Algunos viajeros quieren, además, acercarse a la cultura de los habitantes del lugar, conocer sus danzas, su gastronomía y tradición oral.
Madre Agua, con su nombre de leyenda, tiene como una de sus prioridades la cooperación con la comunidad. Sus gestores realizan capacitaciones sobre el cuidado del entorno, la pesca artesanal, las implicaciones del Acuerdo de Escazú. Se hacen talleres en escuelas y colegios con una didáctica que busca la valoración de la riqueza que habitan.
Unas veinte personas están articuladas al proyecto, entre las que se cuentan los guías especializados, los capitanes de las embarcaciones, los investigadores y los integrantes de los voluntariados, estudiantes de Biología o Ingeniería Ambiental, entre otros.
Días para aprender
El proyecto abre una ventana al conocimiento de nuestra riqueza natural. Bahía Solano es una tierra viva, cambiante, un pedazo del rico Chocó, tan abandonado por los gobiernos, tan fuerte en sus raíces.
En 2017 comenzó a hacerse realidad un sueño en esta Colombia profunda y salvaje. Los soñadores de Madre Agua sienten que es posible trabajar por el cuidado de los ecosistemas marinos y hacerlo al lado de las comunidades y de los turistas que les han seguido sus pasos y que, hasta el momento, han sumado más de treinta nacionalidades.
Hay un mundo paralelo subacuático y una invitación a sumergirse en él, como en el vientre de la madre.