Su relación con Quintero
Andree Uribe es tal vez una de las que más dudas genera, pues fue titular de la Secretaría de Salud desde enero de 2020 hasta hace solo cinco meses, cuando renunció en medio de los aplausos de Quintero, quien le delegó la tarea de abanderar la campaña para derrotar al uribismo y buscar la continuidad de la administración actual.
Incluso, hasta hace unas semanas fue precandidata de Independientes, pero se retiró porque dijo que no encontró garantías en los sondeos para definir al candidato: como era obvio, quedó Juan Carlos Upegui, exsecretario de la No-Violencia y primo de la primera dama Diana Osorio.
Con el pasar de los días, Uribe ha acrecentado sus críticas: por el basurero que abunda en algunos puntos, el mal estado de las quebradas y hasta el abandono de parques y colegios: uno de sus últimos trinos fue sobre el pequeño Juan Manuel, el niño que murió tras caer la estructura del columpio en el que jugaba y por lo que investigan si hubo negligencia de la Alcaldía.
En la más reciente entrevista con este medio dijo que le ponía un 3.0 a la gestión de Quintero y reiteró que ya no es su jefe político, cambio que extraña porque hasta se vistió con una camiseta estampada con la cara del alcalde cuando la Procuraduría lo suspendió de forma temporal por presunta participación indebida en política. Lo cierto es que muchos le preguntan por qué esta situación no le valió para alejarse antes de ese gabinete.
Por su lado, aunque no ha sido tajante en sus opiniones, el concejal Lucas Cañas, gran aliado del gobierno actual, salió a criticar con uno de los temas más sensibles. “Medellín se convirtió en el sopladero y la casa del lenocinio más grande de Colombia. Recuperemos la grandeza de la ciudad”, escribió en su cuenta de Twitter la semana pasada.
Si se está alejando o no de verdad es difícil saberlo. Cañas llegó al Concejo de carambola porque una curul quedó vacante tras una decisión del Consejo de Estado y, también por azar, resultó presidente de la mesa directiva en 2022 y con algunas cuotas en el gabinete distrital. Desde su llegada se enfiló en la coalición del gobierno, lo que le ha valido discusiones álgidas con algunos compañeros.
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Ha defendido a Quintero incluso en sesiones y debates, ha dicho que los concejales no apoyan proyectos de la Alcaldía solo por no estar de acuerdo con el alcalde y hasta envió una carta al Consejo de Estado, la Corte IDH, la Defensoría del Pueblo y la comunidad internacional alegando que la Procuraduría no respetó el debido proceso al suspender a Quintero el año pasado.
Por esto, muchos lo ven como un caballito de batalla de Quintero para colar su continuidad. Inclusive, ha trascendido que él se sometería a un sondeo a futuro con otras personas como Andree Uribe, Juan Carlos Upegui y Albert Corredor, exconcejal del Centro Democrático, gran aliado del alcalde.
Corredor no se ha mostrado distante a la administración y está rodeado de denuncias por las presiones a contratistas de la Secretaría de Educación para que le recojan firmas y le hagan campaña.
Entre tanto, Mauricio Tobón, precandidato a la Gobernación, es otro que no ha convencido del todo, pese a que se ha despachado contra Quintero. Fue gerente del Idea en la gobernación de Luis Pérez, otro aliado del alcalde, pero también es socio minoritario del medio Minuto 30, que hace gran eco de la administración de Quintero. Pese a que se ha dedicado a denigrar de la gestión del mandatario local, muchos no olvidan que en el pasado lo defendió en decisiones polémicas e importantes como las relacionadas con EPM e Hidroituango.
También con aspiraciones para la Gobernación está Eugenio Prieto, quien avanza en una coalición para buscar un candidato que derrote a los representantes de Quintero. No obstante, hasta enero pasado tuvo cuotas visibles en la Secretaría de Movilidad y en Terminales Medellín. Algo similar sucede con el exsenador conservador Juan Diego Gómez, otro que busca la Gobernación y que ha dicho públicamente que su intención es derrotar a Quintero, pero tuvo cuotas burocráticas en la Alcaldía.
Distanciados reales
Desde otra orilla también se apartaron de Quintero, pero sus actuales posturas sí dan a entender que no es una mera estrategia discursiva.
El concejal Luis Bernardo Vélez ha sido tajante, desde 2021, en señalar que fue engañado, al bajarse de su propia precandidatura hace cuatro años para apoyar a Quintero y ser elegido concejal por Independientes. Califica de un error garrafal haberse unido al mandatario y hoy recoge firmas para avalar una candidatura con la que dice que busca salvar a Medellín.
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Aunque también apoyó a Quintero y hasta fue contratado como asesor en la Secretaría de Educación, Gilberto Tobón lleva meses cuestionándolo. Incluso, contó que el alcalde lo buscó para ofrecerle que sea su candidato, pero él no aceptó y dijo que no se dejará engañar de nuevo. Ha calificado a Quintero de “liso y mañoso”.
Santiago Jaramillo es otro que habla pestes del alcalde y promueve una candidatura con una forma de gobernar muy diferente. No escatima esfuerzos, en criticar al mandatario, a quien apoyó hace cuatro años y quien le dio trabajo como contratista, en Telemedellín, donde renunció en octubre pasado. Ha dicho que no podía patear la lonchera porque necesitaba el trabajo para vivir.
Habrá que esperar qué resultados arrojan las elecciones para determinar quiénes en realidad le harán el “fo” a Quintero.
¿Por qué no quieren que los vinculen con daniel Quintero?
No es extraño que precandidatos que en el pasado tuvieron algo que ver con Quintero hoy se muestren distantes e incluso hablen de “recuperar” la ciudad de sus estragos. La última medición de Invamer sobre la aprobación de la gestión de los alcaldes le dio a Daniel Quintero un nivel de desaprobación del 51%, el más alto para cualquier mandatario de Medellín desde el año 1995 que se hace esta medición.
Aún más, en la última Encuesta de Percepción Ciudadana 2022 que publica el programa Medellín Cómo Vamos, el nivel de confianza en la gestión de Quintero llegó a 37%, apenas 3 puntos por encima de la que obtuvo en 2021 que fue de 34%, el más bajo en la gestión de los gobiernos de Medellín. A esto se suma que su mandato ha estado rodeado de denuncias y escándalos por presunta corrupción, el que más lejos ha llegado es el de presuntas irregularidades en la contratación de Buen Comienzo, que obligó a Alexandra Agudelo a renunciar como secretaria de Educación para salvarse de una medida de arresto domiciliario.
Quintero la ha defendido a capa y espada, como lo ha hecho en general con sus salidas en falso, que le han valido la apertura de distintas investigaciones e indagaciones en Fiscalía y Procuraduría. Esto, sin contar la gran polarización en la que muchos dicen que sumió a Medellín, pues si algo ha hecho bien es pelear con los distintos sectores de la ciudad, incluidos aquellos que lo apoyaron para que fuera alcalde.