La recursividad es una de las características de los colombianos y, como se dice en el argot paisa, no se varan por nada. Pues bien, a eso apeló la bolichera María José Rodríguez, quien adaptó, junto a su esposo Nathan Bohr, una pista en el garaje de su casa, en Texas, Estados Unidos, para no perder la forma.
Y aunque no es una pista reglamentaria, les ha servido para mantenerse activos ya que el gimnasio y los espacios para la practica del deporte están cerrados.
Instalaron en el piso una lámina de madera para adecuar el carril por donde se desliza la bola, y con cajas de cartón armaron los nichos donde rebota el bolo, que les permitía proteger la pared, ya que el peso de cada uno es de 15 libras.
Así, durante el aislamiento, la bolichera combina las rutinas de ejercicios que le envía su preparador físico para mantenerse en el peso, mientras que en las tardes, cada día por medio, practica el lanzamiento con el objetivo de conservar la fuerza, potencia, agilidad y precisión.
Ella, al igual que otras bolicheras nacionales, como Clara Juliana Guerrero, Laura Ayala y Rocío Restrepo, están a la espera de poder iniciar las competencias en el Tour de la Asociación de Mujeres Profesionales de Bolos (PWBA, por sus siglas en inglés).