David Correa Franco ha hecho parte del equipo de trabajo de algunos de los largometrajes paisas más sonados de los últimos años: trabajó en Los Nadie, en Los días de la ballena y en La roya. Ahora Partes de una casa, su primer largometraje, llega a las salas independientes de cine de Medellín, Bogotá, Cali, Pereira, Barranquilla y Manizales.
En ese documental, de hora y media de duración, Correa Franco relata la historia de una familia mexicana que vive en el límite de la pobreza y que enfrenta el final del amor de los padres. Dora, la madre y esposa, sueña con irse en busca del amor, pero un accidente, en el que su esposo pierde una pierna, hace que el deseo se postergue una vez más.
EL COLOMBIANO habló con el director sobre su ópera prima. También sobre el fin del amor y la necesidad de muchas personas de irse a otra parte del mundo para comenzar de cero una nueva vida.
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Este es su primer largometraje en calidad director, pero usted ha sido el director de fotografía de varias películas paisas recientes...
“Sí, yo arranqué mi trabajo en el cine en la dirección de fotografía. Aquí en Medellín hicimos Los Nadie, luego participé en Los días de la ballena, en La roya y en Si Dios fuera mujer. Esas películas fueron mi escuela, fueron cosas que hice con amigos y con gente cercana. En simultáneo de estas producciones yo hacía la investigación de Partes de una casa”.
Las otras películas que mencionó son argumentales, pero Partes de una casa es un documental. ¿Cómo le fue en ese cambio de registro?
“Lo más significativo de ese cambio es el tamaño de los equipos de trabajo. En los argumentales se trabaja con mucha más gente, mientras en este documental, por ejemplo, trabajamos en el rodaje dos personas. Luego, por supuesto, entraron más personas. En los argumentales uno necesita controlarlo todo mientras en los documentales uno se acomoda a lo que sucede en la realidad”.
El documental, entonces, es más íntimo que el argumental...
“Al menos en esta película fue así. Además esta cinta buscaba una construcción muy íntima porque nosotros trabajamos en un entorno familiar. Este documental prácticamente no sale de una casa pequeña que queda en las afueras de Ciudad de México. Se trata de un asentamiento irregular, un barrio de invasión que tiene una historia de cuarenta años. Las casas allí son superestrechas: en tres cuartos viven las familias. Entonces, esto nos llevó a trabajar con un equipo pequeño. Esa fue una forma de construir una relación realmente cercana con la familia”.