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¡El rey del merengue regresó!

Desde 2002 Wilfrido Vargas no sacaba un disco nuevo. En tres meses saldrá su más reciente trabajo The King is back.

  • Wilfrido Vargas regresará con un nuevo trabajo. FOTO Edwin Bustamante
    Wilfrido Vargas regresará con un nuevo trabajo. FOTO Edwin Bustamante
  • Foto Edwin Bustamante
    Foto Edwin Bustamante
08 de noviembre de 2017
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Wilfrido Vargas cierra los ojos. Pareciera que quiere llorar. Alguien le dijo a su llegada a la conferencia del Latino Show Award que ese merengue arrebatado que cantaba en los 90 fue protagonista de su adolescencia, de esos bailes de garaje que gozaron en Medellín otras generaciones. “Eso me da algo que yo no sé explicar”, dice y se ríe. Vuelve y cierra los ojos, también aprieta los labios. Respira y añade, “es como si yo pudiera decir misión cumplida”.

El rey del merengue nació el 24 de abril de 1949. Tiene 68 años y mucha energía para seguir haciendo esa música. Un género que, según asegura, desfalleció por culpa de la dictadura del reguetón. Aunque no lo critica.

La historia musical de Wilfrido Vargas comienza en Altamira, en el norte de República Dominicana. Mientras los demás niños jugaban, él observaba los músicos, la banda del pueblo. Miraba fijamente la primera trompeta, “eso me llamó la atención y me mandó a la escuela municipal de música de Altamira en la que hice 22 lecciones de 58 de solfeo. Debo todavía las otras 36. En esa última lección me dieron la trompeta y yo me fui”.

Ese instrumento de viento era su pasión. Cuenta que su entusiasmo era similar al de una fanática de Justin Bieber cuando lo ve. “Yo me desmayaba, eso no era normal para un niño de 8 años”, se ríe.

En esos primeros años como trompetista tuvo dos momentos frustrantes. Cuando le dijo a su madre que quería ser músico y cuando le envió a su padre el primer vinilo de 45 revoluciones para que lo escuchara tocando jazz y bossa nova.

Aunque no lo crean, Wilfrido Vargas no empezó tocando merengue. Eso llegó después. “Hijo, si a duras penas tenemos para comer cómo vamos a mandarte a una escuela de música”, le dijo su madre. “Yo conozco bien tu talento pero si lograste que alguien te grabara con la trompeta con ritmos de Estados Unidos y Brasil, algo que es ajeno a República Dominicana, entonces vas a engordar más el hambre”, le dijo su padre.

Su progenitor le mandó unos textos para que los musicalizara a ritmo de merengue y ahí empezó la historia que hoy lleva 45 años.

Como ser músico en un pueblo como el suyo no era bien visto, emigró a la capital como trompetista de jazz pero era imposible que se desligara del merengue. Aquel género llegó para que él con su particular forma de tocar la trompeta y con sus letras rapeadas le diera otro aire.

Sus experimentos sonoros le dieron paso, según él, a la música urbana que luego le quitó espacio al merengue. A pesar de ello no la critica. “La música urbana es el resultado de la interpretación del sentimiento de la generación actual, punto. No hay porqué castigarla”.

No sé cómo te atreves decirme a mí / que no tiemblas cuando yo te hablo así / si las mujeres cuando dan amor se sonrojan, ríen y hacen un show, dice la letra de El jardinero en la voz de Eddy Herrera. (Ver en el video el minuto 1:26)

Una rima dentro del merengue, toda una revolución de la época. “Ves, yo le dejé la mesa servida a la gente que luego hizo lo que se transportó a Nando Boom en Panamá y a Vico C en Puerto Rico”.

Su último disco completo lo sacó en 2002: Dos generaciones. Lo hizo con su hija Alina Vargas.

Después hubo un silencio, “no hay que ser hipócrita, el merengue no puede negar que estamos bajo el régimen de la música urbana”, dice y añade “yo he estado calladito, tomando apuntes. Para buscar el momento de regresar y estoy listo”. Será su interpretación de lo que es la música tropical hoy.

Cuando se le pregunta si es facilísimo de algunos artistas hacer fusiones con reguetoneros para hacer éxitos, el maestro del merengue pide mesura. “Yo soy un admirador de los talentos urbanos. Me encanta su creatividad y no tendría problema en hacer una colaboración. El reguetón llegó para quedarse, no es moda de momento. Yo también soy un músico urbano”.

Ahí recuerda esos inicios en donde lo querían casi deportar de República Dominicana por estar dañando el merengue.

Termina la conversación emocionado. Habla de Colombia, país que visita bastante y del que le sorprende el nivel de recordación de sus canciones. “Me llenan el corazón esas expresiones de afecto”. Cómo no, si cuando viene le cantan a todo pulmón: Te volviste loco Wilfrido / de seguido te veo te diré donde vas olvida eso / no, no, no, no, no/ .

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