Por Valeria Murcia Valdés
Tarek creció entre dos ciudades. Pasó la infancia entre El Cairo y una pequeña al norte de Egipto, justo en el Mediterráneo: El Arish. Pero no pudo terminar de crecer allí, la guerra lo alcanzó a él y a su familia y entonces huyeron de allí. Se dedicó a las Ciencias Económicas, y así es que ahora también habita entre dos mundos: el de los números y las letras.
Tres son las universidades en las que enseña sobre economía y catorce han sido los libros que ha publicado. Lleva 35 años viviendo fuera de África y 36 escribiendo. Hace 22 años recibió su doctorado en Ciencias Económicas y Sociales y tiene el lujo de decir que sus escritos se han traducido a más de una veintena de idiomas.
Cinco veces ha escrito poemarios, destaca uno de ellos: No es Pecado. “No es pecado que desprecie a los invasores que saquearon el viento, lo reemplazaron con el polvo y el humo, confiscaron la lluvia pisoteándola y arrasaron almas de los seres humanos con pies de plomo en busca de un buey sagrado sin señales”.
Llegó a Medellín a conversar y a hacer parte de la edición número 29 del Festival Internacional de Poesía de Medellín, cuyo eje este año está centrado en la celebración del Bicentenario, pero pone en duda la idea de independencia.
¿Cómo concibe la idea de independencia?, uno de los temas principales del festival este año.
“La poesía, en su esencia, es un llamado por la independencia y la emancipación. Es la libre expresión de un alma torturada que intenta resolver ese dolor y revivir la esperanza. La poesía, por defecto, no soluciona problemas. No es una varita mágica que directamente pueda conseguir justicia o bondad. Creo que la poesía es, más bien, una entidad viviente entre nosotros. Hay personas que la entienden, que la aprecian y que contemplan sus significados para aprender de ellos. Mientras otros no la sienten o la quieren, pero sí pelean contra ella.
La poesía verdadera y genuina, que expresa esperanzas y dolores de la gente, llama a la rebelión en contra de ideas constantes y actitudes indecisas. Empuja por revolución contra las “estrellas” en los hombros de los generales tratando de decirle a la gente que encima de todas esas estrellas falsas de cobre, hay planetas y lunes más misericordiosas en nuestro universo”.
¿Y cómo lo ha intentado aplicar a su poesía y su cotidianidad habiendo crecido en Egipto?
“Libertad, independencia, justicia, democracia y tolerancia son principios que son puros como el agua o ardientes como el fuego. Por supuesto, intento aplicarlos en mi vida, pero no como absolutos. Estos conceptos pueden parecerle inocentes a la gente irracional. Volviendo a su pregunta original sobre la independencia, empezó en mí al intentar deshacerme del rol de la figura dominante de la familia, aunque no necesariamente la del padre. Es un esfuerzo a resistir a una comunidad dominada por el estereotipo masculino.
Pero por otro lado, la hegemonía social, algunas veces, es mucho más fea que la hegemonía masculina cuando esa sociedad intenta reproducir dominación y supresión en varias formas. La independencia, para mí, significa resentir ideas obsoletas, preguntarse todo lo que ha sido dado por sentado. Nadar contra la corriente y creer en la gente, sin importar quienes sean. Es una mera ilusión pensar que la gente puede cambiar su patria por otra. Puedes cambiar de lugar, pero es imposible sustituir tu patria por otra. La geografía puede ser reemplazada, pero la historia no, incluso si es falsificada.
En mi caso fue inevitable moverme geográficamente de mi patria. La dejé para volver a mis raíces pero desde una ruta diferente. Tenemos un dicho en árabe: “Viajar tiene siete beneficios”. El más grande de ellos, para mí es lograr independencia que lleva a la claridad de la mente en un estado de verdadero Sufismo (doctrina mística que profesan ciertos musulmanes). Escribir y crear poesía me han ayudado a alcanzar la evolución espiritual más que ganancias materiales”.
Entre sus tantas actividades, ¿cómo es su proceso creativo?
“Creo que todo lo que hago son contemplaciones esenciales de la vida para poder entenderla. Soy un docente en tres universidades y creo que esa es una profesión inspiradora desde la cual transferimos nuestra experiencia a la próxima generación. Ese es nuestro deber, aunque nuestra experiencia solo debería llegar a los estudiantes como si fuese una obra artística: sujeto de interpretaciones diversas, críticas e incluso rechazo. No debemos dictar o forzar nuestra experiencia, incluso si creemos que hemos vivido en las eras doradas o las más puras.
Contemplo la vida todos los días como si fuese un niño de manera perpetua. La vida siempre me sorprende. Sin la sorpresa no hay placer y sin eso, la vida no tiene sentido. Lo más atrevido que sea el niño dentro, serás más creativo.
En todo momento de mi vida pienso con profundidad en o que me rodea: las personas, las criaturas vivas, las que no lo están, los niños en sus cunas, los hombres viejos y las mujeres de edad. Los pájaros que cantan, la lluvia, la arena, las estrellas y las mariposas que se mecen con agudeza para huir de las aves hambrientas y sobrevivir mientras yo intento distinguir sus sombras en el piso. Contemplo los campos con sus cambiantes cosechas que declaran, cada estación, un nuevo comienzo. Desde esas imágenes simples, pero reveladoras, se teje mi poesía”.
En ocasiones la palabra “poético” es usada como adjetivo. ¿Qué considera poético?
“Todo en nuestro mundo puede ser calificado como poético, y al mismo tiempo, como no poético. Las guerras se libran de manera poética en estos días, detrás de las puertas cerradas de todos aquellos que están siendo criados con juguetes y juegos devastadores para la infancia. Obsesionados con la muerte y la destrucción del enemigo, quien quiera que sea. Esos niños han crecido ahora y continuaron con sus máquinas de muerte, pero ahora contra seres humanos. Esa es la nueva relación poética” . n