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“La literatura no es eso tan serio, tan solemne”: David Betancourt, autor de Los hijuetantas

El escritor ganó el Premio Latinoamericano de Novela Sergio Galindo con un libro sobre una familia paisa que viaja a México y termina envuelta en varios líos.

  • El paisa hizo sus estudios de posgrado en México. Allá escribió buena parte de su obra. FOTO jaime pérez
    El paisa hizo sus estudios de posgrado en México. Allá escribió buena parte de su obra. FOTO jaime pérez
28 de mayo de 2024
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David Betancourt se ha labrado un prestigio nacional gracias a sus libros de cuentos y a los concursos literarios que con ellos se ha ganado. En el último tiempo, Betancourt fue noticia en la prensa cultural de Colombia y de México por haberse ganado el Premio Latinoamericano de Novela Sergio Galindo, que organiza la Universidad Veracruzana y que reconoce los méritos literarios de la primera novela de un escritor. Se trata de Los hijuetantas, una ficción de largo aliento sobre la vida de una familia antioqueña que se va a vivir a la ciudad mexicana de Puebla y allá protagoniza circunstancias humorísticas y dramáticas. El libro será publicado en 2025.

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¿Cuánto tiempo vivió en México?

“Me fui en México en el 2014, me fui detrás de mi esposa que iba a estudiar y terminé yo allá estudiando una maestría, un doctorado, escribiendo muchos libros. En total fueron 10 años, aproximadamente”.

¿Cuántos libros escribió allá?

“Allá escribí cinco libros de los siete que he publicado y la novela que se ganó el premio latinoamericano de novela Sergio Galindo, en México, precisamente”.

Hasta el momento de la noticia de su premio de novela a usted lo asociábamos con los cuentos. ¿Cómo fue ese paso de una narración corta a una larga?

“Sí, siempre le aposté al género del cuento porque era el que más se acercaba a mi forma de ser. Es un género parco, sin tantos rodeos. Escribí siete libros de cuentos. Por eso, un día, estudiando la maestría, me propuse hacer de tesis un libro de cuentos. Era un libro de cuentos sobre una familia colombiana que viaja a México. Resulta que de un momento a otro me di cuenta de que el primer cuento tenía sesenta páginas. Ese cuento cogió fuerza y se convirtió en una novela.

Mucha gente me pregunta por la experiencia de cambiar de género literario. Se suele decir que el cuento es un entrenamiento, un fogueo para entrar en la novela, que es un género supuestamente más grande, pero yo no pienso eso, El cuento es igual de complejo a la novela, al ensayo, a la poesía. No escribo poesía, sí la leo. A mí lo que me gusta es narrar. He escrito siete libros de cuento, esta novela del premio y otra que estoy terminando de escribir”.

Es usted un autor que escribe mucho, entonces...

“La ventaja que yo tuve siempre es que estuve casi que becado por mi esposa. Mientras ella estudiaba la maestría, el doctorado, los postdoctorados, yo me dediqué a escribir, porque ella lo quiso. He tenido tiempo para escribir, que es lo que necesita un escritor. El tiempo que viví en México estuve en función de la escritura. Esto no solo significa escribir mucho, sino leer mucho, tomar apuntes. Todo ese tiempo estuve metido en la película de escritor. Ahora, ya que volví a Colombia, vamos a ver cómo me trata la vida”.

¿Cómo son los sistemas cultural y editorial mexicanos en comparación con los colombianos?

“Poquitos países como México dan la oportunidad de que vos te vas para allá, hagas una maestría, un doctorado, postdoctorados, y te los paguen. No se trata simplemente que te den una beca para vivir, A vos te sobra dinero de lo que te dan. Ya en cuestiones culturales es un país inmenso, que invierte muchísimo más en cultura. En el caso de las opciones editoriales pasa lo mismo que en Colombia. Es decir, allá hay muchas más editoriales independientes, pero eso no quiere decir que te vayan a publicar”.

En el evento de premiación del Sergio Galindo leíste un texto muy humorístico sobre tu paso por México...

“Sí, en el discurso mismo se ve qué es lo que encuentra el lector en mi literatura. O sea, yo voy a una premiación, donde están todos elegantes, donde cada uno lee un discurso muy serio, muy solemne, y llego yo y hago una especie de cuento humorístico burlándome de mí y de los premios literarios y eso rompe. Eso es llamativo, pero no quiere decir que lo hice como para llamar la atención, sino que ese soy yo. La literatura no es eso que nos vendieron, tan serio, tan solemne, que a lo mejor no se entiende. La buena literatura también puede ser esa que habla con palabras de la calle, que es una literatura oral, coloquial”.

El título de su novela es muy colombiano: Los hijuetantas...

“Sí, porque describe a una familia de paisas, que va a vivir a Puebla, que es una de las ciudades más grandes de México, Ellos llegan como el típico paisa con la actitud de soy el más berraco, yo hago con la gente lo que quiera. Ellos quieren corromper al poblano, pero terminan enredados por los poblanos. La novela tiene mucho de la forma de hablar del paisa, pero también de la forma de hablar del poblano. Y esto es difícil de hacerlo. Si uno no es capaz de retratar las propias voces de la ciudad de uno, ahora ir a coger el habla popular mexicana y ponerla ahí y que suene bien, eso es casi que imposible, eso no lo puede hacer, sino la gente de allá. Para lograr eso me ayudaron los asesores de mi tesis de maestría”.

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Los hijuetantas es un insulto que no insulta...

“A mí esa palabra no me insulta, pero tampoco me insulta el hijueputa. De tanto repetirlas las hemos ido desgastando. Los hijuetantas es una novela que juega con los eufemismos, con el miedo a decir las cosas. Hay capítulos con las vulgaridades de allá. O sea, uno dice hijueputa en México eso no suena a nada. Y ellos me dicen a mí las grandes vulgaridades y a mí no me dicen nada. Las grandes groserías, de ellos, están compuestas de tres o cuatro palabras”.

En ese discurso del que hablamos juegas con la figura de García Márquez. ¿Todavía los mexicanos ven a los colombianos con el lente del realismo mágico y del narcotráfico?

“Bueno, pues sí. Para que cambie la imagen de Colombia tendrá que pasar mucho tiempo. Lo vemos, por ejemplo, en el maltrato en los aeropuertos. En los aeropuertos de México al colombiano le va mal. Pero salís del aeropuerto y pasa todo lo contrario. El mexicano es muy querido. Pero sí hay una imagen creada de Colombia y es muy difícil borrarla. Ahora, lo que Colombia vivió en los ochenta y noventa ellos lo están viviendo ahora”.

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