Nadie estaba preparado para afrontar un momento como este. Tampoco lo estaba la cultura y el entretenimiento, unos de los sectores más impactados.
Librerías, músicos independientes, museos, compañías de teatro, técnicos de producción de eventos, orquestas, editoriales, actores, circos, bailarines, productores cinematográficos, exhibidores, galerías y otros participantes del vasto espectro de la cultura están luchando para sobrevivir a un golpe que los ha dejado noqueados.
Las redes sociales han sido una de las formas para paliar el impacto y seguir con actividades. Pero muchos argumentan que conciertos, exposiciones, lecturas, charlas, obras de teatro en línea no van a salvar al sector, cuyo modelo depende de la reunión física de personas para existir. “Contamos los días que podemos resistir”, dice Jaiver Jurado, director de la asociación de teatros Medellín en Escena.
En la ciudad, músicos independientes acuden a la Unión Sector Musical, que lleva un recorrido de 12 años siendo un espacio común para quienes ejercen ese arte de manera autónoma. En tiempos de covid-19, artistas llegan con preguntas sobre las becas y los estímulos que ofrece la Alcaldía, ¿cómo llegar a ellos? Especialmente en un momento como este, la unión se convierte “en morada, en un espacio de encuentro, de deliberación, de contacto”, cuenta la música y periodista Sara Melguizo, quien está a la cabeza de esa iniciativa.
A pesar de las ayudas humanitarias anunciadas por el Gobierno, las instituciones tienen preocupación por los costos fijos: arriendo, servicios públicos, impuestos, salud y nómina. Están en cuenta regresiva.
Las medidas
En Alemania, la cultura fue declarada como un bien de primera necesidad. En Colombia, aunque se hace énfasis en la cultura como eje del Plan de Desarrollo y de la Economía Naranja, el panorama es diferente. Los recursos siguen siendo un limitante, más dentro de esta coyuntura.
El Ministerio de Cultura ha emitido dos decretos, el 475 y el 561, con los que se aceleraban dineros que se debían al sector. Con el 475 se anunció la suma de 120.000 millones de pesos para la seguridad social para gestores culturales de la tercera edad, apoyo a las artes escénicas y ampliación de los plazos de los pagos parafiscales. Con el decreto 561 se añadieron nuevas ayudas por el valor de 230.000 millones de pesos destinados para ayuda humanitaria a creadores en situación de vulnerabilidad.
“Estamos tratando de resolver cosas en marcos de políticas públicas que nos permitan tener una mayor cobertura ”, comenta el viceministro de Fomento Regional y Patrimonio del Ministerio de Cultura, José Ignacio Argote.
La Secretaría de Cultura de Medellín ha promovido y ajustado sus programas de estímulos y becas por un valor de más de 5.600 millones de pesos para salas abiertas y proyectos concertados, agenda cultural y más. Se sumaron las convocatorias de estímulos por 320 millones de pesos y la nueva convocatoria con recursos de la Ley del Espectáculo Público que estará abierta hasta el 4 de mayo.
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Muchas personas del sector cultural se preguntan por qué se debe acceder a estos recursos a través de un sistema de estímulos, desde el cual se debe competir por recibir estos apoyos económicos. La secretaria Lina Gaviria explica ese por qué: “lo que se está buscando en la entrega de los dineros siempre, no solo en estos momentos, es que sea de la manera más justa y democrática posible”.
A diferencia de entregarlo “a dedo”, estas convocatorias buscan que la mayor cantidad de personas pueda participar y el proceso tenga fuertes veedurías frente a cómo se entregarán esos recursos.
“El marco legal y la respuesta que han dado tanto el Ministerio como la Secretaría son correctos, pero de corto plazo”, afirma Octavio Arbeláez, director de Circulart y fundador del Festival de Teatro de Manizales. “Son acciones necesarias en la medida de que facilitan el acceso a recursos en el corto plazo, pero deben pensarse más en un contexto mayor”.
La cultura se mece en tiempos tormentosos, clama ayuda para seguir adelante y se une para que nadie se hunda en el trayecto.
Los escenarios ya no tienen público
Existen cerca de 30 salas teatrales en Medellín de pequeño y mediano formato y tres de gran capacidad. Las medidas de cuarentena han afectado al sector en tanto este depende directamente de la taquilla y la asistencia. “Sentimos que nos han cortado el oxígeno”, comenta Jaiver Jurado, director de Medellín en Escena, la asociación teatral más grande de la ciudad. Todas las salas de teatro están cerradas, no hay funciones, que es la principal fuente de ingresos. Mientras tanto siguen los gastos fijos, como arriendos, que por su tamaño son, por lo general, costosos; seguridad social y servicios públicos.
Por su parte, el Consejo Municipal de Danza hizo una encuesta a principios de abril en la que participaron 409 artistas del sector (colectivos, academias e instituciones) en esta contingencia. Más del 90% indicó que estaba desempleado. Las nóminas, los gastos y consumos evidenciaron una crisis latente: “Muchas personas trabajan a partir de proyectos de impacto social y de recursos públicos como licitaciones y convocatorias. Más o menos un 70% de este sector trabaja en estas dinámicas”, comenta Juan Camilo Maldonado, presidente del Consejo. Resalta que en Medellín han identificado cerca de 300 grupos conformados. Este sondeo fue enviado a la Secretaría de Cultura y al Ministerio junto a alternativas de ayuda como convocatorias, plataformas de difusión, mecanismos de contratación directa y subsidios económicos.
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La unión de un buen puñado de letras
En este momento, una de las preocupaciones que Patricia Melo, fundadora de la librería Exlibris, tiene en la cabeza es, ¿cómo sostener a las 11 personas, muchas de ellas madres cabeza de familia, que trabajan en su librería? Una que, por ahora, tiene sus puertas cerradas. Esa angustia es una constante entre las librerías de la ciudad, que decidieron unirse desde la segunda semana de cuarentena para buscar un apoyo mayor en el sector y lo divulgaron en una carta.
Desde los Eventos del Libro escucharon su llamado y se dispusieron a coordinar varias medidas que pudieran servir de apoyo y las bautizaron #SalvaUnaLibrería. Por ejemplo, armaron un directorio para que el público pudiera conocer la variedad de librerías en la ciudad y pudiera reservar un libro, pagarlo y recibirlo después. “Queremos que la gente mire todas las librerías que hay, no solo las de siempre, sino que todos puedan verse beneficiados y que no dejemos de lado las librerías de libros leídos”, afirmó Daniela Gómez desde Eventos del Libro. Algunas librerías ya están haciendo domicilios por días, lo cual hace más sencillo que se desarrolle ese intercambio entre libreros y lectores.
Cada librería, a su manera, está buscando formas de llevarlo. Los Libros de Juan está añadiendo un valor adicional redimible por compras de bonos desde 50.000 hasta 200.000 pesos. En Exlibris lanzaron, además, una campaña en Vaki para recaudar fondos y cuya principal prioridad será mantener el salario de sus empleados. “Todo el dinero que entre por ahí es para pagar seguridad social y nómina”, cuenta Melo.
Hay algo que a ella le ha emocionado de manera inmensa: la bondad de la gente. Aún en tiempos en los que no hay quien no sienta miedo e incertidumbre, algunos de sus clientes frecuentes han pagado bonos e incluso más de un almuerzo al día para apoyarla a ella y a su proyecto. “Son las cosas que le dan a uno ánimos de seguir”.
Igualmente, las editoriales independientes de Medellín se han dado la mano para forjar camino a futuro. Pilar Gutiérrez, directora de Tragaluz Editores, señala que lo más destacado que ha surgido de esto es un sentimiento de solidaridad entre las editoriales, de comunicarse aún más que antes. Desde Casa Tragaluz, las ventas online están abarcando no solo los libros publicados por su editorial, sino los de otros sellos independientes de la región.
En estos momentos, la gente se está buscando en los espejos de la lectura y “esta pausa y este silencio obligado llevó a pensarnos mucho más en qué consiste el trabajo de nosotros. ¿Por qué publicamos lo que publicamos?”. Además, los ha puesto a prueba no solo económicamente, sino para probar cómo mejoran la comunicación con sus lectores con las herramientas digitales.
Por último, se han puesto a pensar en el escenario desde el cual podrían avanzar y seguir dándose a conocer si no están esas grandes plazas como la Feria del Libro de Bogotá o la Fiesta del Libro. Han pensado soluciones, como celebrar ferias de editoriales más pequeñas a nivel regional, como La Propia, que se estrenó en marzo antes de a cuarentena.
Los guardianes y divulgadores del patrimonio
Según cifras de la Mesa Nacional de Museos, representantes de las Redes Departamentales y la Consejera Nacional de Museos, en Colombia hay alrededor de 740, de los cuales 443 (60 %) están registrados en el Sistema de Información de Museos Colombianos (Simco).
Esmeralda Ortiz, representante del Sector Museos ante el Consejo Nacional de Cultura, señala que solo 13 son públicos y tienen apoyo del Ministerio de Cultura. Los demás son entidades sin ánimo de lucro, privadas o mixtas. A pesar de ello tienen fin público, por lo que sus ingresos provienen de la taquilla y venta de servicios.
En una carta enviada a Mincultura el 19 de abril le solicitaron a ese organismo medidas a corto, mediano y largo plazo. Entre ellas que puedan obtener subsidios de los costos fijos para evitar despidos y cierres, estímulos tributarios, garantías de los servicios públicos y prediales (subsidiados como estrato 1) y que los inmuebles que ocupen sean declarados Bienes de Interés Cultural.
Es difícil la situación, explica Andrés Roldán, director del Parque Explora y presidente de la Mesa de Museos de Medellín, porque no es simplemente cerrar. El funcionario invita a pensar en los costos fijos de las infraestructuras, como sucede en la alimentación de los peces de Explora, los animales del zoológico, o mantener climatizadas las salas y bodegas de otros grandes museos.
A pesar de eso los museos han estado activos con su programación educativa y llevar las experiencias a las personas desde la virtualidad.
El gestor cultural habla de que existe esperanza en el sector de que el gobierno considere abrir con antelación sus instalaciones porque son los que están mejor equipados para la vuelta a la normalidad.
Una misma canción
Sin una fecha en el calendario para retomar sus actividades, la música sigue sonando pero continúa sin sus escenarios, la situación es difícil para quienes hacen de manera independiente y para los que dependen directamente de que un concierto o un festival se lleve a cabo: personas de logística, ingenieros de iluminación, vestuaristas, maquilladores, empresas promotoras y roadies, técnicos y personal de apoyo, entre muchos roles más que son fundamentales para la ejecución de eventos.
Como una respuesta ante la cancelación o postergación de esos eventos, desde el 13 de marzo se gestó la Industria de Producción de Eventos y Espectáculos (Ipee), un proyecto asociativo en el que se quiere visibilizar una industria que casi siempre está detrás de escena y que aglomera personas del sector musical y de la realización de espectáculos. Tuvieron unas primeras reuniones en Bogotá y Medellín, con miras a organizar qué se podría hacer ante la situación apremiante de personas cuyas familias dependen de este lado de la cultura.
La Ipee ha realizado varias encuestas durante la cuarentena para entender la magnitud que puede tener este anuncio en el sector. Calcularon que hay más de 21.000 personas empleadas en esta industria, de los cuales 46,9% son empleados directos mientras el 53% lo son de manera indirecta. Al 31 de marzo, establecieron que en esta industria es común que la fuerza de trabajo se multiplique por cinco cada vez que hay un evento, lo cual quiere decir que por siete empleados directos que tenga una empresa realizadora de eventos, llegan 35 empleos que se vinculan de manera indirecta en el proceso.
“Demostramos que esta industria y su cadena humana no está vinculada a procesos sociales y acciones de proyectos nacionales de recursos sociales, es una industria que está paralizada al 100% y como no está facturando, endeudarse es una complicación muy grande”, manifiesta Yalesa Echeverría, quien lidera la iniciativa y lleva más de 25 años trabajando en el sector.
Quieren generar políticas públicas que los incluyan dentro del ecosistema económico del país, “porque no estamos dentro de las líneas económicas ni del Ministerio de Cultura ni del de Industria y Comercio”, dice Echeverría. Entre las medidas urgentes que le solicitan al gobierno están el declarar este sector como vulnerable ante la crisis, tener auxilios para el personal que trabaja de manera independiente y otorgar plazos para el pago del impuesto a la renta.
Alrededor de 5.400 personas están vinculadas a este proyecto, de los cuales el 25% son de Medellín. Cuentan que desde sus solicitudes particulares, el gobierno aún no ha respondido. Están esperando una mesa de trabajo que el ministerio les prometió para seguir expandiendo esta conversación.
Otra iniciativa que ha surgido para apoyar al personal técnico y de apoyo para la realización de eventos es La raza que no se ve, una campaña que está recaudando fondos a través de donaciones que se transformarán en mercados que beneficiarán a más de 800 familias de personal que trabaja en este tipo de labores culturales y que no tienen otro medio de sustento.
La idea es ayudarle a “toda esta gente que no se ve en el show sino que está detrás. La persona que está aseando el camerino, los que cargan y descargan equipos, son áreas mucho menos visibles, que viven del día a día y que no cuentan con un sueldo muy bueno”, cuenta Ernesto Bruja, quien lleva trabajando 11 años como production manager de Silvestre Dangond, y quien lidera la campaña.
A nivel nacional se están organizando varias iniciativas para crear fuertes redes de apoyo entre artistas y todo el equipo que hay detrás de la industria musical. Desde Bogotá se está gestando la Coalición de la Música Independiente, que busca generar alianzas y proyectos que surjan desde los mismos protagonistas del sector, para apalancarse e ir hacia el mismo lado.
Desde Medellín, artistas independientes han acudido a aplicar a las becas y estímulos de la Secretaría de Cultura. Como muchos de ellos no claridad frente a estos procesos, se han acercado a gremios como Unión Sector de la Música, que lleva más de 12 años de gestión entre artistas independientes.
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La esperanza de encender las pantallas
La amenaza de la pandemia ha impactado la industria del séptimo arte en diferentes frentes. Se cancelaron rodajes, los equipos artísticos y técnicos están parados al igual que los festivales de cine, los estrenos fueron aplazados y cerradas las salas del país (más de 1.200). Al igual que los Museos, las exhibidoras están preocupadas por el futuro de estos espacios, en especial desde que el Gobierno mencionó que no habría un restablecimiento a corto ni mediano plazo para actividades de entretenimiento.
“La exhibición de cine fue de los primeros sectores masivos en cerrar su operación y es bastante previsible que sea una los que más tarde regrese”, dice una carta de Asocine, asociación de 13 exhibidoras del país. Juan Carlos Mayungo, director administrativo y financiero de Cinemas Procinal, explica que aún no saben qué va a pasar con ellos al igual que los 8.000 empleos que generan. “Estamos viendo cómo el Gobierno nos puede ayudar, aunque aún no es muy clara la regulación. El Presidente anunció una cuarentena inteligente, no sabemos cómo será en nuestro caso”.
Entre los puntos que pide Asocine al Gobierno para salvar al sector menciona algunas líneas de crédito en condiciones que no sean comerciales y subsidios para el pago de la nómina de los cerca de 8.000 empleos directos que se han visto afectados. También se menciona posponer los gastos de este periodo de inactividad por un tiempo mayor a cinco años, como impuestos nacionales y territoriales.
Han surgido modalidades alternativas para seguir activos. La iniciativa Ruta 90 de Cine Colombia, desde la semana pasada, lleva pantallas móviles para proyectar en los conjuntos residenciales de Bogotá; Cinemas Procinal comparte en redes sociales cada semana una cinta para que las personas puedan verla desde su casa. Hay esfuerzos por seguir, falta concertar entre el sector y Gobierno los mecanismos para aliviar el golpe.