En la escena del cómic colombiano, el trabajo de Álvaro Vélez –Truchafrita– es uno de los más sobresalientes. Inició en la narración gráfica cuando el grueso del mundo editorial miraba este formato con la condescendencia que se le dispensa a las artes menores.
Sin embargo, sus fanzines, libros y conferencias han puesto en el mapa las posibilidades estéticas y comerciales de las historietas. Truchafrita divide su tiempo en los asuntos de la docencia, en la atención del público de Surco Records –tienda dedicada a la venta de discos– y en consolidar una obra. La Iglesia de los Cuernos es su más reciente título: una novela gráfica con toques ensayísticos sobre la figura del mal. EL COLOMBIANO conversó con él sobre este trabajo y las transformaciones del circuito nacional del cómic.
¿Cuáles han sido las principales transformaciones del cómic colombiano de sus primeros trabajos a la actualidad?
“Estoy dibujando historietas desde mediados de la década de 1990. Desde ese tiempo para acá, o sea desde hace un poco más de 25 años, han cambiado varias cosas. La internet permite que el trabajo de muchos dibujantes, hombres y mujeres, se conozca más y mejor. Hace quince o veinte años era muy difícil tener acceso a la obra de algún dibujante que me interesara. Internet, con sus motores de búsqueda y sus redes sociales, ha permitido que muchos dibujantes muestren sus obras y puedan compartirlas a un público más amplio, desde noveles hasta algunos con buena trayectoria en el oficio o, incluso, algunos ya consagrados. La tecnología de reproducción impresa ha mejorado para bien, ahora es más fácil autopublicarse imprimiendo ejemplares en litografía de lo que podía haber sido hace veinte años. Mucho más fácil, un poco más barato y casi que cualquiera que tenga conocimientos sobre programas, de software, de diseño y edición puede emprender una aventura impresa en historieta.
Ahora hay un poco más de interés por las historietas en las instituciones educativas y culturales, se le presta un poco más de atención en eventos culturales, artísticos y académicos. Ya cuentan un poco más con nosotros los dibujantes, como creadores y hacedores de arte y cultura. Ya hay, aunque aún incipiente, espacios para las historietas en librerías, bibliotecas, publicaciones oficiales, en espacios de la web hechos en el país. Incluso han aparecido, en la última década, editoriales independientes especializadas en la edición y publicación; además, se empiezan a formar los primeros críticos, en plataformas digitales, con una obra constante de reseñas y artículos que acercan a un posible público lector con las historietas. El ambiente ha cambiado positivamente, falta un montón, pero se puede esbozar una sonrisa por lo sucedido hasta ahora”.
¿Cuáles fueron los narradores gráficos que le ayudaron a encontrar su trazo y su manera de narrar?
“Desde niño, como es casi normal para mi generación, me interesaron las historietas como lector. A temprana edad, durante la década de 1980, leía historietas publicadas por Editora Cinco y Editorial Novaro, historietas con personajes de Disney, historietas de superhéroes, de los cartoons de mediados del siglo XX (Bugs Bunny, Super Ratón, Las Urracas Parlanchinas, Porky Pig, etc). Luego, durante la adolescencia y la primera juventud, me interesaron los trabajos de ciencia ficción y fantasía del dibujante francés Moebius, de Philippe Druillet y de todo lo que giraba alrededor de la revista francesa Metal Hurlant; al igual que me interesaba también por su “gemela” norteamericana Heavy Metal. Poco a poco me fui introduciendo en un tipo de historieta que ha influenciado más mi trabajo, que es la de la corriente underground norteamericana, con figuras tan potentes para mí como el dibujante Robert Crumb, Gibert Shelton, Spain, etc. De ahí al llamado cómic de la transición española con Nazario, Marti, Max y un largo etcétera. Desde los 25 o 30 años me empezaron a interesar mucho lo que en esa época se conocía como cómic independiente norteamericano, con Chris Ware, Daniel Clowes, Peter Bagge, Chester Brown, Charles Burns, Joe Matt, Seth... Y ahora me interesan muchas cosas, como desde el noruego Jason hasta las canadienses Jullian y Mariko Tamaki. Creo que es muy difícil para mí responder sobre influencias concretas porque todo lo que he leído, en historieta desde mi infancia hasta ahora, es digno de mencionarlo como influencias para mi trabajo, pero ahí he mencionado algo de lo que me ha influenciado e impulsado, en cada etapa de mi vida, a dibujar y seguir dibujando historietas”