Rapear de comida puede sonar superficial, pero en el caso de El Kalvo es todo lo contrario. En su último disco, Los Tres Golpes, la comida es alimento y metáfora, es política, porque lo que comemos dice mucho de cómo vivimos, del lugar que ocupamos en la sociedad.
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El disco es un deleite, y trajo a El Kalvo de vuelta a Medellín, esta vez acompañando por la banda La Resabiada. La presentación será este sábado en La Pascasia. En el evento también se presentarán MISMOPERRO y ERROR999.
Aprovechando el paso de El Kalvo por la ciudad, EL COLOMBIANO habló con él.
¿Cómo surge Los Tres Golpes?
De diferentes historias, momentos, de encontrarnos con amigos, de experimentar diferentes ritmos, diferentes sabores, es un banquete auditivo de tres momentos, porque él describe la comida de cualquier ciudadano de a pie, desayuno, almuerzo y comida. Es un trabajo de dos años.
¿Por qué dedicarle un disco a la comida?
Para mí ese tema ha sido muy importante. Yo estuve echando cabeza y revisando mis trabajos anteriores y siempre hay un elemento culinario, una referencia a la comida que siempre se me sale porque me gusta mucho comer y cocinar, entonces creo que era inevitable. Esta vez sí lo llevé a su máxima expresión, lo exploré mucho más a propósito.
¿Aprendió a cocinar por gusto o por necesidad?
Un poquito de las dos. Yo soy hijo de mamá soltera, y pasaba mucho tiempo solo porque ella trabajaba mucho, llegaba muy cansada y no tenía como el tiempo para dedicarse a hacer algo muy elaborado, entonces siempre me decía que si quería comer algo más rico o especial que lo cocinara yo. Entonces empecé a cocinar relativamente chico, como a los 10, 11 años. Mi abuelita me enseñó casi todo lo básico.
En el disco la comida es un reflejo de lo que somos, del lugar que ocupamos en la sociedad...
Nuestra relación con la comida es una también política. Uno come lo disponible, lo que puede, cocina con lo que tiene. Muchas de las comidas típicas que nosotros comemos nacieron de la recursividad, como el tamal, el envuelto de hoja, eran sobras envueltas en una masa y consolidadas para guardarlas a lo largo del día.
Ahí también hay un concepto que es clave para mí, que es la ordinaria elegancia, también es clave para mí. Esa sofisticación del ritual culinario, el meñique parado para comernos un delicioso pedazo de chunchullo, es de una solemnidad muy hermosa que vale la pena detenerse a saborear.
Hablar de comida puede parecer superficial, pero en el disco pasa lo contrario. Usted se aleja del discurso que se espera del rap, de la violencia y la marginalidad, pero sigue siendo un rap muy político y contextual.
Para mí la exploración siempre ha sido por buscar otros caminos y otras imágenes más allá que el recurrente paisaje violento, callejero, criminal. Hay mucho de eso y ya sabemos un poco cómo se ve, cómo sabe, cómo huele, pero hay muchas otras situaciones que todavía están un poco más inexploradas y eso me interesa bastante. En el disco hay de todo un poco. La idea es ponerse en los zapatos de diferentes personajes también, tratar de pintar diferentes escenas y también quitarse un poco la responsabilidad de tener un discurso línea.
Es un poco lo que dice en la canción Elías, ahí hay un poco de todo lo que vio en el barrio...
Sí, cuando yo nací, mi abuelo tenía una miscelánea, que antes también había sido una lavandería, cantina, una agencia donde vendían leche... por esa casa pasó mucha gente muy distinta, y eso a mí me llamaba mucho la atención.
En eso está inspirada la escenografía de la obra, es un homenaje a la miscelánea.
Hábleme de esa escenografía, el disco viene acompañado de un Kit de Ocio para el trabajador contemporáneo...
Eso fue un cabezazo que nos echamos con el Saga Uno, que es un diseñador e ilustrador muy talentoso, que ha trabajado en el arte de varios discos, de la historia de la música del hip hop en Colombia y ahorita últimamente también del mundo.
La idea era hacer un disco útil, que se pudiera usar en el diario vivir y con el que pudiéramos detener a las personas por un tiempo, desacelerarlas. Cada elemento está para ensalzar algo del disco, entonces está la coca para el almuerzo, el rascador, un parqués de tela, el cancionero. Hicimos un diorama de la tienda de Elías con un restaurante que se llama Los Tres Golpes y Saga diseñó 15, entonces cada uno puede armar su propia portada.
Todo eso ilustrado con maestría y estudiando mucho la gráfica popular del comercio colombiano y del cartelismo caleño.
¿Qué tanto se parece el proceso de hacer música y hacer comida?
Muchísimo. La construcción de una buena receta es como la construcción de una buena frase. Ambas tiene que tener su sustento, su desarrollo y su golpe final de sabor. También debe ser una cantidad suficiente, debe ser rico, no puede ser desabrido, tiene que tener crocancia... para mí es lo mismo.
Va a salir de gira con este disco, ¿a dónde va?
La próxima parada es Pereira, luego hacemos Bogotá, en el Teatro Libre de Chapinero y luego Bucaramanga, allá cerramos.
¿Cómo ve el presente del rap nacional?
Una chimba, está muy movido, mucha gente moviéndose por todo el país, muchos grupos muy buenos, en todas partes encuentro gente genial haciendo cosas brillantes, escenas que van construyéndose, que a través de los años las ve uno fortalecerse. Cada vez hay artistas más grandes y que se arriesgan más, construyen eventos más potentes y con eso se va descentralizando la oferta artística. Cada ciudad tiene sus representantes y está empezando a crecer una escena local en las ciudades medianas y pequeñas que permite más movilidad y poder generar un circuito para que los artistas se sigan moviendo. Al final los conciertos, los shows, los festivales son lo que mueven el motor económico de la música. Entonces es importante que haya un circuito.