x

Pico y Placa Medellín

viernes

0 y 6 

0 y 6

Pico y Placa Medellín

jueves

1 y 7 

1 y 7

Pico y Placa Medellín

miercoles

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

martes

2 y 8  

2 y 8

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

3 y 4  

3 y 4

language COL arrow_drop_down

¿Cómo se restaura un libro?

Restaurar o encuadernar un libro es un proceso de detalles y de historias. No es el contenido, es el objeto.

  • Restaurar o encuadernar un libro es un proceso de detalles y de historias. No es el contenido, es el objeto. FOTO Julio César Herrera
    Restaurar o encuadernar un libro es un proceso de detalles y de historias. No es el contenido, es el objeto. FOTO Julio César Herrera
¿Cómo se restaura un libro?
14 de febrero de 2016
bookmark

Fueron 15 días, si la memoria de Carlos Quijano se acuerda bien. No durmió pensando que sus primeros libros encuadernados, los de teoría de contabilidad de su hermana, se iban a despegar. No se despegaron, ni un solo día de los 15, ni tampoco después.

Carlos encuaderna y restaura libros, hace cuentas, desde hace 30 años. En los primeros cuatro, más o menos, lo abandonó cinco veces. Su papá quería que fuera profesional y él, en cambio, se había encantado de un oficio que necesitaba, sobre todo, de las manos.

El amor es de esas cosas que no se explican. Carlos se enamoró de la mecánica del libro después de dos clases cortas de un curso de encuadernación que le costó 90 pesos de entonces. Así de simple.

Devolverse en la memoria es, también, recorrer su taller, Encreativas se llama, que empieza en la sala de una casa que en lugar de sofás y sillas tiene mesas, libros, prensas grandes y pequeñas –esas que aplastan todo aquello que se ponga debajo–, una señora, Luz Maby Giraldo, que recorta cintas azules que serán separadores de libros, y una joven, Sandra Marcela Rúa, que cose un libro como si fuera una camisa. Más papeles, tijeras, guillotinas.

La cocina es una cocina, lo demás es una pieza con más libros, algunos en cajas, más prensas –todas antiguas, como le gustan a Carlos– y también una estampadora tradicional al calor, que tiene por debajo cajones con fuentes tipográficas. Si hay que ponerle el nombre a una carátula, se calienta, se arma letra por letra, se usan cintas, para que luego el calor y la presión dejen su marca, en forma de título.

En la otra habitación, hacia atrás, montoncitos de volúmenes sin tapa, al borde de una mesa, están aplastados por planchas viejas y pesadas. Un joven, Cristian David Vélez, les echa pegante en el lomo, con un pincel grueso. Están en proceso de encuadernación.

Un oficio

Carlos, además de encuadernar y restaurar, repara, aunque comenta que no hay mucho mercado para eso, porque se arreglan los pequeños daños, pero no se ve un gran cambio y entonces la persona puede pensar que no hicieron nada. Cuando encuaderna, por el contrario, todo se nota: se hacen las reparaciones y se usan materiales nuevos.

En una de las mesas de la sala hay una biblia roja y gorda. Al lado hay una tapa desgastada, con letras doradas despintadas y el color rojo menos rojo. Ya no hay hojas adentro. Ellos volvieron a escribir las letras –con la estampadora de calor–, y la tapa quedó igual, nueva. La encuadernaron. No le pintaron el dorado del final de las páginas, el señor no quería que se le fuera el peso de los años. Cuando encuadernan, muchas veces, la carátula es otra.

Otros libros, en cambio, necesitan restauración. Cada libro es un objeto individual cuando llega al taller y las necesidades, por tanto, son individuales.

Restaurar es volverlo a su estado original –o lo más cerca posible–, usando los materiales que tiene, sin cambiar sus características. La carátula del libro va a quedar igual. No importa si se le notan los años. Ni la edad ni la belleza son tan importantes como la mecánica y el material.

Todo empieza en una conversación con Carlos sobre el tiempo, el costo, los materiales y, por supuesto, el valor del libro. Si no se necesita la carátula puede encuadernarse, con una nueva pasta que lleve el nombre estampado, con unas tapas de diseño especial.

El valor depende de factores que pasan por el contenido, por los años, por el dueño del libro. Carlos señala que no todo lo viejo es valioso, pero si lo es, y las condiciones individuales se dan, se restaura.

Qué restaurar depende del costo. De cien mil en adelante. Muy relativo. La más costosa que ha hecho fue de 1.800.000 pesos. La más vieja, de un texto del año 1.600, que valió 1.200.000.

Lo primero, entonces, es el diagnóstico. Si hay que limpiar las hojas una por una, si se puede en bloque, si solo hay que limpiar el cuerpo, si hay que lavarlas –porque con químicos se puede–. Ellos restauran papel, pero si las condiciones llegan a ser extremas, el libro muy delicado, podría necesitarse un restaurador de papel.

El oficio es de detalles. El estilo de Carlos es que todo se hace a mano, si bien en el mundo ya hay máquinas que hagan ciertos pasos.

Le gusta lo manual, ese sentido artesanal y las viejas tradiciones. A veces se devuelve en el tiempo a revisar costuras, procesos. El ribete, que en los libros de pasta dura –él solo trabaja pasta dura– se ve al terminar la curva, una línea cosida, y que en realidad es un tapa polvo –su término técnico es cabezada–, se cose en su taller, no se compra hecho. La curva del libro, que no es, precisa él, por belleza sino por eficiencia mecánica, se logra a punta de martillo.

Entonces se limpia, se desarma la obra en todas sus partes –no desbaratar, porque si se desbarata no se vuelve a armar–, se decide si se puede retirar la carátula del libro original, para cambiar las tapas o la tela, se cose, se pinta, se tapan los huecos de las hojas, que ellos, más elegante, llaman faltantes.

Si se desarma todo, y es restauración, la exactitud importa. Como la tela es la misma no se puede crecer el libro ni un milímetro –las hojas todas juntas pueden crecerse por el pegante y el aire, y para eso de hecho se aplasta con las planchas–, porque si no no vuelve a caber en la medida original, crasso error.

Los errores pasan, por supuesto. Por eso a veces, y sobre todo quienes apenas empiezan, se pasan días sin dormir, pensando si no se desbarató –ya no desarmó– el trabajo que hicieron. Las pesadillas cambian según el sujeto, y quedan de anécdotas. En este oficio, los detalles minúsculos importan.

Al final, si de restauración se trata, el ejemplar debe estar, si no como nuevo, como un viejo en buen estado.

Anécdotas

Sandra ocupa una silla de la sala. La mirada está detenida en un libro de hojas amarillas al que ya le tapó los huecos con muselina, y ahora une los cuadernillos con hilo y aguja.

A su izquierda hay una fila de libros que ya cosió. Están listos para el resto del proceso, pegar el cuerpo a las tapas, a la carátula. A su derecha todavía la esperan tres. Se ha demorado, cuenta. No necesita explicaciones. Algunas de las páginas estaban tan rotas y sueltas, que para poder que el cuadernillo tuviese lomo tuvo que poner pedazos completos de muselina.

Aprendió en el taller. Le enseñó la otra mujer, Luz Maby, su tía, que a su vez aprendió de Carlos. El oficio la encantó porque llegan libros en muy malas condiciones, y ellos los devuelven restaurados o reparados o encuadernados. Bellos, al fin y al cabo. Puro amor, y las manos mágicas que tiene, se ríe.

Carlos fue autodidacta. Algunos cursos, leer muchísimo, armar y desarmar. Luego estudió diseño industrial, para aplicarlo al libro. Porque ese amor a primera vista de esa primera clase, sigue ahí. También encontró una socia en 1990, Cielo Yepes, y todo se armó como un rompecabezas.

Todavía ensaya. Por estos días tiene una libreta, aún sin tapa, a la que le hizo una costura especial que le deja unos nervios horizontales al lomo (parecen unos gorditos), y que se verán cuando pegue la tapa, no al estilo de ahora, que hay un hueco entre la tapa y el cuerpo. y que si se quieren los nervios se hacen falsos, sino directos al cuerpo. Menos funcional, más de otra época, más artesanal.

Porque después de pasar la puerta blanca de ese taller, el mundo empieza a llamarse libro. El objeto es, sobre todo, lo más importante.

Infográfico
El empleo que buscas
está a un clic

Nuestros portales

Club intelecto

Club intelecto
Las más leídas

Te recomendamos

Utilidad para la vida

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD