Colombia estudia otra opción para que la vacuna del coronavirus llegue más rápido a sus ciudadanos: la de maquilar, es decir, tener un nodo de producción del biológico en el país.
Esta conclusión se desprende al revisar el documento del Consejo nacional de política económica y social (Conpes) 3999, el cual señaló que el país empezará a explorar sus capacidades para producir y, de esta manera, priorizar a su población en aras de lograr una inmunización más rápida en el territorio.
En el documento, que funciona como una “autoridad nacional de planeación” para distintos enfoques de políticas públicas, se puede leer que se realizará un “análisis de posibles estrategias de producción propia para una eventual fabricación y/o maquila de dosis en el territorio”.
Fanor Mondragón, investigador y docente de la Universidad de Antioquia, señaló que, si se establece la infraestructura para maquilar en el país, es “una buena idea, porque se tendría para utilización directa sin los trámites de importación y los turnos de espera que podrían tener si se compran en otros países”.
Además, indicó que esa posibilidad también podría traer “la transferencia de tecnología para que grupos colombianos conozcan detalles” de cómo se hizo la vacuna en este caso.
El ministro de Salud, Fernando Ruiz Gómez, en una audiencia pública en la Cámara de Representantes, dijo que se inició la tarea de diagnosticar las capacidades, tanto para identificar si se puede producirla o maquilarla.
Buscando alternativas
Incluso, la ministra de Ciencia, Mabel Torres, en las respuestas que le envió a la Comisión Sexta ante el debate de control político de la semana pasada, respondió que en cuanto a la tarea de adquirir una vacuna, desde el 1 de agosto pasado, a través de una reunión interministerial, se empezaron a buscar alternativas para incorporar las “posibilidades de investigación y estudios clínicos en relación a vacunas”.
Ahora, para saber si esa tarea de maquilar se puede hacer, el país primero deberá realizar un diagnóstico de sus capacidades, como lo reconoce el Gobierno en el Conpes.
El documento es claro en señalar que esta sería la tercera opción, pues, como ya lo contó EL COLOMBIANO hace dos semanas, en esta tarea que se puede calificar como diplomacia científica, aparecen otras dos: negociar con el laboratorio o hacer parte de mecanismos multilaterales.
La primera, ya se inició con Pfizer y Astrazeneca; la segunda también, pues el país hace parte de un mecanismo en el que participan varios países, junto a la Organización Panamericana para la Salud (OPS) con el fin de acceder a “un portafolio de vacunas seguras y eficaces a un precio negociado”, que es el que tiene que ver con el mecanismo Covax.
¿Error histórico?
Hace una semana se conoció que Argentina y México producirán en la región la vacuna (aún en fase III de pruebas) de Astrazeneca y la noticia cayó como un amargo recuerdo en algunos científicos colombianos, quienes recordaron que, en su momento, Colombia tuvo la capacidad de producirlas e, incluso, exportarlas.
El tema no es exagerado y, como lo relata el libro Vigilantes de la salud, publicado por el Instituto Nacional de Salud (INS) en 2017, gracias a la producción de estos biológicos en el país se logró la erradicación de la viruela en 1979. “La meta había sido conseguida sin necesidad de traer una sola dosis desde el exterior”.
Esta realidad hace pensar en la Colombia de finales de los 90, cuando aún tenía la capacidad e infraestructura para producirlas, cometió un error al dejar de hacerlo.
El científico y docente de la Universidad Nacional Moisés Wasserman señaló que el país se equivocó: “No tengo duda de que fue un error histórico desmontar la producción del INS”. Asimismo, recordó que en ese momento la decisión se tomó al hacer una evaluación costo-beneficio, que para él fue “mal hecha y sin ninguna visión de futuro”.
Johnattan García Ruiz, magíster en salud pública de Harvard, sostuvo que fue una muestra de que el Estado “decidió desentenderse de la salud pública” y ahora “la historia nos dice que Colombia no le quiso apostar a la salud pública y hoy estamos recogiendo esos frutos”.
La experiencia está
Carolina Gómez, exdirectora de Medicamentos del Ministerio de Salud y miembro del Centro de pensamiento de medicamentos de la U. Nacional, recordó que a pesar de que el INS no está produciendo vacunas, las capacidades del país no están del todo perdidas, pues “la gente que lo hacía aún existe, hay cierta infraestructura y el INS produce sueros antiofídicos... no es que Colombia esté en ceros, pero haber parado la producción sí fue una pérdida”
La pregunta que queda es si Colombia estaría en capacidad de producir hoy las vacunas si no hubiera tomado esa decisión hace dos décadas.
Los consultados señalan que es imposible saberlo, aunque, como lo planteó Wasserman, en ese momento se “requería una inversión por requisitos técnicos nuevos, pero sería infinitamente menor que lo que sería hoy reconstruir de cero”.