x

Pico y Placa Medellín

viernes

0 y 6 

0 y 6

Pico y Placa Medellín

jueves

1 y 7 

1 y 7

Pico y Placa Medellín

miercoles

5 y 9 

5 y 9

Pico y Placa Medellín

martes

2 y 8  

2 y 8

Pico y Placa Medellín

domingo

no

no

Pico y Placa Medellín

sabado

no

no

Pico y Placa Medellín

lunes

3 y 4  

3 y 4

language COL arrow_drop_down

Su ropa, su tono de voz y hasta la plata: ¿por qué no avanza la paridad de género?

A propósito del Día de la Mujer, EL COLOMBIANO habló con cinco dirigentes que detallaron sus experiencias y dificultades para participar efectivamente en política.

  • De izquierda a derecha: Laura Sarabia; María Fernanda Cabal; María José Pizarro; Katherine Miranda, y Paloma Valencia. FOTO: EL COLOMBIANO/ARCHIVO PARTICULAR
    De izquierda a derecha: Laura Sarabia; María Fernanda Cabal; María José Pizarro; Katherine Miranda, y Paloma Valencia. FOTO: EL COLOMBIANO/ARCHIVO PARTICULAR
08 de marzo de 2024
bookmark

Más de un siglo –exactamente 131 años– le tomaría al mundo alcanzar la paridad de género, según cálculos del Foro Económico Mundial. Colombia no está exenta de la problemática y, si bien cada vez más hay avances en pro de garantizar la participación de la mujer en condiciones de igualdad y equidad, persisten las brechas y los pasos no dejan de ser lentos.

También le puede interesar: ¿Quiere saber qué tan machista es? Mídase respondiendo las preguntas del machistómetro

Justamente, la política es quizá uno de esos escenarios donde se hacen más visibles las disparidades y las trabas que siguen enfrentando aquellas que le apuestan a cambiar al país. Basta decir que, aunque el 51,4 % del censo electoral corresponde a mujeres (más de 20 millones), en el Congreso solo el 28,8 % de sus integrantes son mujeres y en las pasadas elecciones regionales, apenas una persona de cada cuatro elegidas (un tímido 24,9 %) fue una mujer.

De por medio hay machismo, estereotipos, presiones, amenazas y –cómo no– violencia. Para la muestra, un botón: en los comicios de 2023 hubo 74 hechos de violencia contra liderazgos de mujeres: un escandaloso incremento del 186% frente a 2019, cuando hubo 26 agresiones, según la Misión de Observación Electoral.

De allí que sea poco lo que haya que celebrar este 8 de marzo, cuando a nivel mundial se conmemora el Día Internacional de la Mujer, una fecha que sirve para prender las alarmas y recordar porqué la efectiva participación política de la mujer es el mejor síntoma de una democracia sana.


Lea también: Hablemos de salud mental y de género en el 8M

“Muchas mujeres tienen que trabajar para sobrevivir y mientras incursionan en política les es muy difícil. Básicamente, las dificultades económicas son las que llevan a mujeres valientes, valiosas y buenas a que no incursionen en la política”, advierte la senadora María Fernanda Cabal, del Centro Democrático, quien explica también que apostarle a un cargo de elección popular también les implica “menos tiempo para sus hijos y la familia. Para mí no fue fácil”.

En ello coincide, aun cuando son ideológicamente opuestas, la senadora María José Pizarro (Pacto Histórico), quien asegura que en la sociedad actual las mujeres mayoritariamente deben asumir las labores del cuidado, por lo que “los sacrificios personales y familiares se convierten en un costo enorme, de los que casi nunca se habla”.

De allí que, agrega, tengan que echar mano de su red cercana, como “mamás, abuelas o amigas, para lograr un cuidado colectivo. Los tiempos del Congreso y del ejercicio político no coinciden con los de la crianza”.

En el caso de mujeres como Laura Sarabia –que dicho sea de paso fue mamá en plena campaña electoral del presidente Gustavo Petro– se suma otra barrera: ser joven. En mayo de 2023, en una entrevista con este diario, la hoy directora del Departamento Administrativo de la Presidencia (Dapre) confesaba su pesar por estar lejos de su bebé: “¿Qué tal mi hijo no sepa quién es su mamá? No comparto ni tengo tantos espacios como una mamá normal”.

Sin embargo, pasado un año –tras las rencillas con el embajador ante la FAO, Armando Benedetti, la mano derecha del presidente habla de lo que ha sido la violencia política y reseña el respaldo que ha tenido de Petro.

“Me he enfrentado a escenarios de violencia política, que no solo están plenamente normalizados, sino que aún tienen un amplio respaldo en algunos sectores. A ello hay que sumarle la condición de ser una mujer joven, característica que aún genera resistencias que en algunos casos se traducen en descalificaciones públicas”, sostiene.

Un difícil tránsito

Hasta agosto de 1954 las mujeres lograron el derecho al voto en Colombia. Tuvieron que pasar cuatro años para que fuera elegida la primera congresista: Esmeralda Arboleda. Sin embargo, fue necesario casi medio siglo para lograr mayores avances. Lo anterior, tras la promulgación en el 2000 de la Ley de Cuotas, que obligó a que el 30 % de los cargos de poder sean ocupados por mujeres.

Luego, en 2011, se volvió obligatorio que en las listas de los partidos políticos para elecciones hubiese un 30 % de participación femenina. Con todo, el país aún está lejos de alcanzar la mentada equidad de género. En 2023, según el Índice Global de la Brecha de Género, Colombia mantiene una brecha del 75,1 %, lo que la ubica en el puesto 42 entre 142 países.

“Culturalmente, el país aún es muy machista, no acepta ni respeta a las mujeres que tienen poder, aún algunos creen que nuestro rol debe ser exclusivamente en el ámbito del hogar, pero se equivocan: hoy las mujeres estamos en la política, sector privado, academia, en la industria, en el arte, en roles que antes eran solo masculinos”, destaca la representante Katherine Miranda, de Alianza Verde.

La congresista reclama que, a diferencia de los hombres, las mujeres en política están propensas a sufrir juicios, “como comentarios sobre nuestro físico o apariencia; comentarios hacia nuestras familias, especialmente sobre nuestros hijos, y poner en duda capacidades solo por ser mujer. Persisten comentarios como ‘calladita te veas más bonita’ o ‘bruta’”.

A su turno, la senadora Paloma Valencia (Centro Democrático) alega que las mujeres deben “trabajar 10 veces más” para que reconozcan su trabajo igual al de un hombre, con el agravante de que “hablar con carácter es porque está brava. Si uno discute los temas, dice que es peleón y hay un tema de estigmatización, pues si uno está bonita es porque es boba o si está desarreglada es descuidada”.

Si bien Pizarro resalta los avances legislativos y normativos, critica que aún haya partidos que tengan en cuenta a una mujer en una lista o candidatura “como relleno, por cumplir el requisito de la ley de cuotas y no porque efectivamente quieran apoyarlas en su candidatura y lograr su elección. Esto lo rompimos en el Pacto con listas cerradas y cremallera”.

Le puede interesar: ¿Quiere saber qué tan machista es? Mídase respondiendo las preguntas del machistómetro

A ello se suman problemas de financiación para las candidaturas de mujeres. “Tienen que hacer dobles y triples esfuerzos para hacer parte de una contienda u organización. También implica que las mujeres tengamos que adaptarnos a las formas de los hombres para hacer política, como cambiar nuestra forma de hablar, subir la voz o incluso gritar para que nos respeten el uso de la palabra”, agrega Pizarro.

La representante Miranda coincide y explica que obtener dinero para una campaña femenina implica desafíos mayores. “Es más difícil que nos financien, más si somos mamás, muchos piensan que no tenemos tiempo, que no contamos con la preparación suficiente y por tanto no es fácil conseguir financiación a la campaña”, dijo.

Ante ello, la senadora Valencia propone que las mujeres cuenten con incentivos económicos y exenciones tributarias para que haya más financiación. A ello se suman mecanismos para que sus hijos “estén cada vez más presentes en el discurrir político de las mujeres”.

Si bien cada cual ha vivido la violencia y diferentes agresiones que atentan contra sus liderazgos, las cinco dirigentes consultadas por este diario coinciden en rechazar los niveles a los que se ha llegado por cuenta de las redes sociales.

“La violencia política de género es más fuerte con las redes, acoso, insultos y amenazas. Esto también se convierte en una fuerte barrera”, puntualiza Katherine Miranda.

El empleo que buscas
está a un clic
Las más leídas

Te recomendamos

Utilidad para la vida

Regístrate al newsletter

PROCESANDO TU SOLICITUD