”Buscaré gobernar con la ciencia y con los movimientos sociales. No puede haber una política progresista sin la ciencia. La razón y la pasión deben ir de la mano en una transformación real de la política y la sociedad”. En estos términos, vociferados al hervor de la campaña de 2022, el entonces candidato Gustavo Petro se refería al papel preponderante que tendría la ciencia en su mandato. Sin embargo, hoy –pasado más de 1 año del “gobierno del cambio”–, sus palabras están en entredicho.
¿La razón? El recorte que sufrió, con beneplácito del Pacto Histórico, el Ministerio de Ciencias, Tecnología e Innovación en el recién aprobado presupuesto general de la Nación para 2024, que asciende a $502,6 billones. De ese billonario monto –en el que Educación, Salud o Defensa y Policía son los más aventajados–, al sector que lidera la ministra Yesenia Olaya le correspondieron apenas $397.875 millones. Es decir, un ínfimo 0,08 %. (Ver infografía al final)
Al margen de los apretados recursos, lo que más preocupa –entre académicos, sectores científicos y, por supuesto, la clase política–, es la “trasquilada” que sufrió el presupuesto del MinCiencias: de manejar casi medio billón de pesos en este 2023 ($484.960 millones), el otro año año dispondrá de recursos por el orden de $397.875 millones, es decir, una reducción del 18% que podría incluso llegar al 25% según la inflación.
En una carta elevada al mandatario a principios de mes, la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, no solo le enrostró a Petro sus visitas en campaña a la comunidad académica y científica, sino que le recordó cuando decía que en su mandato haría de Colombia “una sociedad del conocimiento”. Por ello, le pedía inversión y mayores recursos para hacer realidad sus ambiciosas promesas de campaña.
“El presupuesto asignado de MinCiencias no corresponde con sus propuestas. A la fecha, equivale a invertir 1,48 dólares por habitante/año, y la inversión total para investigación (incluyendo regalías y aportes de otros sectores), solo llega a máximo 27 dólares por habitante/año. Mientras, en Corea del Sur o España la inversión en ciencia y tecnología es de 2.050 y 530 dólares habitante/año, respectivamente. Con estos minúsculos presupuestos jamás podremos asumir con firmeza los retos que tenemos los colombianos, que son también los retos del Gobierno”, alertaron.
En esa línea, organismos como el Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep) o el Gremio Doctoral Colombiano se unieron al llamado de la Academia. Sin embargo, hubo oídos sordos.
En medio de la discusión en el Congreso, la representante Jennifer Pedraza (Dignidad) –respaldada por otros 24 congresistas–, presentó una proposición para aumentar hasta en $150.000 millones el presupuesto del Ministerio. Sin embargo, la propuesta fue negada en Cámara y en Senado también naufragó por apenas 2 votos. Entre quienes se opusieron está la plana mayor del petrismo: María José Pizarro, Inti Asprilla, Piedad Córdoba, Martha Isabel Peralta, Isabel Cristina Zuleta, Pedro Flórez, Aida Avella y Alex Flórez.
“En campaña prometieron 0,5% del PIB para este sector. Prometer para llegar, y una vez arriba... olvidar lo prometido”, alegó Pedraza. “Esto es increíble. Cuando el partido de gobierno era oposición marchó al lado de estudiantes y profesores exigiendo mayores recursos para ciencia y educación. Hoy, como gobierno, niega los recursos”, reclamó la exdirectora del Fomento para la Investigación del antiguo Colciencias (hoy el Ministerio).
¿Qué responde el Gobierno?
Ante la controversia por el recorte, la ministra Olaya defendió que el presupuesto total del sector asciende a $5,8 billones, pues hay otros recursos que no se enmarcan solo en el presupuesto, sino que provienen de otras fuentes. Por ello, destacó que hay $2,5 billones de beneficios tributarios y $2,9 billones de recursos del Sistema General de Regalías. “El Ministerio ha puesto en marcha una serie de acciones concretas para cambiar la dinámica en la programación y ejecución de recursos, destacando el desarrollo de convocatorias para conformar bancos de elegibles y el apoyo de grandes programas”.
Moisés Wasserman, exrector de la Universidad Nacional, reclamó que es el “peor presupuesto de Ciencia y Tecnología en la historia. El cuento de los recursos de regalías y de rebaja de impuestos a la industria es un pobre sofisma de distracción. Los ministros debían avergonzarse de engañar así al país, a sabiendas”. En ello coincidió el académico Iván Montenegro, quien aseguró que “lo de regalías son recursos contingentes que por la transición energética disminuirán” y que los beneficios tributarios “deben dirigirse en mayor medida a las pequeñas y medianas empresas”.
Ante el recorte de los recursos, desde ya académicos y la comunidad científica alertan por más dificultades para lograr educación de calidad, promover la investigación y avanzar en la transformación de la sociedad alrededor del conocimiento. Paradójicamente, así queda en entredicho también otra de las grandes promesas de campaña del presidente: la lucha contra el cambio climático.
Bien resumió el divulgador científico Juan Diego Soler: “¿Cómo se resuelve la desigualdad o los daños ambientales producidos por la emergencia climática sin una comunidad científica saludable?”.