Que la creatividad es solo para las artes o las humanidades. Que es fruto de un don extraordinario. Que para nada es un motor fundamental de transformación en procesos productivos. Tres creencias que es necesario desmontar en un mundo que plantea nuevos desafíos al sistema educativo y a los jóvenes que se forman, inclusive, para puestos de trabajo que todavía no existen.
Desde la Unesco se ha hablado en los últimos tiempos de competencias transversales que son fundamentales para todos los universitarios, independiente de su carrera: pensamiento crítico, capacidad para resolver problemas, trabajo en equipo, comunicación y creatividad.
Y es que el entorno cambiante, como lo explica Óscar Hernández Becerra, jefe del Laboratorio de Creatividad Prospectiva en Colegiatura, demanda una forma creativa para pensar, pues las problemáticas que se enfrentan no requieren solo de acción y reacción, sino de un sinnúmero de procesos, para los cuales el entrenamiento creativo resulta vital.
La creatividad debe permear todos los niveles del sistema educativo. Sin embargo, es este mismo sistema el que, muchas veces, termina limitando esta habilidad en los estudiantes.
“Cuando esos niños y adolescentes llegan al ámbito superior, les cuesta abrir la mente, ser propositivos y generar ideas disruptivas. Cuando recibo los de primer semestre y les pregunto quién es creativo, muy pocos levantan la mano porque vienen con la idea de que es algo que tienen solo unos cuantos”, comenta Omar Muñoz-Sánchez, magíster en Creatividad Aplicada y director del Laboratorio de Neurociencias y Comportamiento del Consumidor de la Universidad Pontificia Bolivariana.
Todas las profesiones demandan creatividad. “El mundo productivo y de los negocios se ha dejado permear por metodologías creativas para reinventarse, para generar innovación, no solo económica sino también social. Todas las carreras deberían tener contenido para desarrollarla o para recordarnos que somos creativos y que siempre debemos cultivar esta capacidad”, complementa Hernández Becerra.
Lo que está demandando precisamente el contexto, afirma, son esos procesos de hibridación, de construcción de proyectos alrededor de equipos con diferentes roles donde los profesionales que provienen de carreras que le apuestan a la creatividad siempre le dará una visión fresca y diferente a las problemáticas que aborden.
Coincide con él Muñoz-Sánchez, pues la creatividad tiene que ver con establecer conexiones. “Qué le aporta la tecnología a la gastronomía, la filosofía a la mecánica. Es el pensamiento creativo quien, en la unión de esos conceptos, encuentra valor, nuevas perspectivas. El trabajo colaborativo está arrojando grandes innovaciones”.