Se fue el “profesor canoso”, el que usó la ética como un rótulo sellado con tintan indeleble en todas sus acciones: como catedrático universitario, congresista, padre... como ser humano.
Y ese es precisamente el legado de Carlos Gaviria al país: la ética como el motor de todas las acciones en la cotidianidad. Así lo aprendió en sus tardes de lecturas del filósofo Ludwig Wittgenstein, y así lo expresó Clara López, presidenta del Polo Democrático, partido que alguna vez condujo el exmagistrado Gaviria.
“Los echamos de menos en esta crisis tan terrible que está viviendo nuestro país”, expresó López, y agregó que Gaviria practicaba el respeto, la tolerancia y las buenas costumbres como un estilo de vida.
Es tan difícil no reconocer el legado dejado por Gaviria, su intelecto plasmado en sus conceptos y ponencias, que hasta el expresidente Álvaro Uribe, con quien tuvo discusiones y posiciones enfrentadas, reconoció en la muerte del exmagistrado, una pérdida para el país. “Su partida deja un vacío en el foro. Para confrontarlo se requería estudiar. Confieso que las profundas discrepancias nunca me llevaron a restar la admiración y el afecto”, expresó Uribe Vélez.
Los restos mortales de Gaviria serán llevados el lunes al Congreso para recibir un homenaje póstumo y luego serán trasladados a Medellín, mientras sus seguidores esperan que con su muerte no desaparezcan sus ideas porque, hasta para sus contradictores, siempre mantuvo una postura democrática basada en la ética