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Las 12 zonas del Valle de Aburrá en las que se concentra el vandalismo

En cinco meses de protestas, los grupos infiltrados han protagonizado 92 disturbios en Medellín.

  • La UPJ de la Personería de Medellín, junto al Parque de los Deseos, ha sido incinerada y saqueada varias veces. FOTO Manuel Saldarriaga
    La UPJ de la Personería de Medellín, junto al Parque de los Deseos, ha sido incinerada y saqueada varias veces. FOTO Manuel
    Saldarriaga
Hay 12 zonas en las que ataca el vandalismo
10 de octubre de 2021
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Cuando tronaron las papasbomba, Gilma* se asomó a su ventana, en el barrio La Palma de Medellín. “¿Pero cómo así? ¿Acaso esos muchachos no hacen daños solo en el Centro?”, exclamó con asombro, sobretodo cuando la estación del metroplús empezó a arder.

El pasado 28 de septiembre, cuando se conmemoraron cinco meses de las protestas sociales en Colombia, los grupos dedicados a los disturbios incursionaron por primera vez en la av. 80 con la calle 30, lo que produjo zozobra en quienes no están acostumbrados a esos tropeles.

A raíz de lo sucedido, EL COLOMBIANO indagó cuáles son los lugares elegidos por los vándalos para atacar, y las razones detrás de estas decisiones, porque al parecer ningún destrozo es al azar.

“Esos grupos tienen una lógica cargada de simbolismo, expresan su descontento atacando los lugares que representan el poder político y económico, como La Alpujarra y la zona bancaria del Centro”, explicó Néstor Restrepo, coordinador de la Maestría en Comunicación Política de Eafit.

Según información del Puesto de Mando Unificado (PMU), y extraída de las redes sociales de los colectivos marchantes, los desmanes se han concentrado en 12 sectores del Valle de Aburrá (ver mapa).

Ocho de ellos están en Medellín: el Parque de la Luz; alrededores de La Alpujarra, sobre todo en la calle San Juan y Carabobo; la avenida Oriental, entre San Juan y La Playa; y la Glorieta de la Minorista.

La lista continúa con el barrio Moravia; el Parque de los Deseos; el corredor de Carabobo Norte, que incluye sitios emblemáticos como la U.deA., el Jardín Botánico, Parque Explora, Ruta N, la Unidad Permanente de Justicia (UPJ) de la Personería y el Parque Norte; y, más recientemente, la av. 80 con calle 30, en el barrio La Palma.

En Bello los casos se han repetido en la glorieta de la estación Niquía del metro y el peaje de Niquía; en Itagüí, junto al Parque de las Chimeneas; y en Caldas, en el sector La Playita.

Blancos estratégicos

Desde el estallido social del 28 de abril, el PMU ha documentado 331 protestas, que incluyen 148 concentraciones, 144 marchas y 37 movilizaciones. De ellas, 92 provocaron disturbios (con corte a sept. 15).

Las autoridades han registrado 126 acciones vandálicas a instalaciones, 32 fueron contra bancos, 14 en cajeros electrónicos, 23 en centros comerciales, 39 a bienes de la Policía y 43 a entidades públicas, en las que se cuentan las sedes de Plaza Mayor, la EDU, Parque Explora, Ruta N, la UPJ de la Personería, entre otras.

“Ya uno sabe que cuando anuncian marchas, se perdieron las ventas de ese día y hay que cerrar temprano”, opinó Gustavo*, comerciante del C.C. Aventura, en Carabobo Norte.

Contra el mobiliario urbano van 1.308 afectaciones, especialmente las de movilidad (454); 43 paradas de bus, 12 teléfonos públicos y nueve vías y andenes, a los que les arrancan los adoquines para arremeter contra el Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad).

El listado sigue con averías a 55 cámaras de vigilancia, 13 ataques al Metroplús, seis vehículos oficiales vandalizados, dos ambulancias, 55 carros particulares y 86 motos.

“Es tal la desconexión entre el Estado y los ciudadanos, que estos ni siquiera identifican los lugares que velan por sus derechos en su cotidianidad, como la sede de la Personería y el Metroplús”, contó Restrepo.

En los enfrentamientos derivados de todos estos hechos han resultado lesionados 310 particulares y 105 policías.

El más reciente fue el del 28 de septiembre, que intranquilizó a Gilma y sus vecinos, y terminó con la quema parcial de una entrada de la estación La Palma del Metroplús, y bloqueos a la movilidad en la avenida 80 y la calle 30.

“Los negocios tuvieron que cerrar las puertas desde el parque de Belén hasta la 80, y la gente que volvía del trabajo a sus casas no pudo pasar por el trancón”, recordó la señora.

Ese día hubo dos agentes del Esmad y dos protestantes heridos, dos civiles y un gestor social de la Alcaldía golpeados por manifestantes. En la iglesia de San Ignacio, en el centro de Medellín, un puñado de manifestantes pintó grafitis en la fachada y trató de forzar las puertas para entrar.

Los taponamientos de vías son los que suelen desatar los choques contra el Esmad, y los grupos vandálicos acostumbran a propiciarlos en vías arterias, como La Oriental, San Juan, la Regional, la Autopista Sur y avenida Guayabal.

Intereses segmentados

En las marchas participan cuatro tipos de protestantes: 1). Los que organizan el evento, que se manifiestan de forma pacífica contra un hecho puntual, como la reforma tributaria al inicio del Paro; 2). Los manifestantes de apoyo, que no tienen que ver con el motivo convocante de la marcha, pero incrementan los números de la masa protestando por otras causas, como los colectivos feministas, el magisterio, sindicatos judiciales y demás expresiones; 3). Grupos anarquistas, la mayoría conformados por estudiantes. 4). Redes de terrorismo urbano, con entrenamiento y coordinación regional, y patrocinados por facciones insurgentes.

Frente a esa multiplicidad de actores, los objetivos de las protestas y el vandalismo son disímiles, a pesar de que se trate de una misma masa.

En cuanto al fenómeno del vandalismo, al margen de las expresiones pacíficas y legítimas, “no estamos hablando de grupos unificados, sino segmentados, cuyos intereses pueden variar dependiendo de los grupos que salgan”, indicó Carlos Builes, docente de Ciencias Políticas de la U.deA.

Agregó que “en general se trata de inculcar el terror en la ciudadanía, por dos razones: una forma de adquirir reconocimiento, porque detrás de todo está el problema de abandono e indiferencia hacia esas personas; y segundo, es una forma de venganza social, atacando lugares simbólicos, estratégicos, muy visitados o que tienen que ver con los centros de poder”.

El secretario de Seguridad de Medellín, José Acevedo, al referirse a los violentos, aseveró: “Lo que ellos quieren es generar caos en la ciudad. Si están protestando para que el Estado acompañe ciertas peticiones con más recursos, no tiene sentido que dañen la infraestructura pública, a sabiendas de que eso va generar más gastos para el Estado, y que el arreglo saldrá de la plata de todos, es un contrasentido total”.

Para contrarrestar al vandalismo, Acevedo recordó que la ciudad cuenta con el PMU, que reúne a 11 entidades ligadas a la seguridad y la atención a las protestas. “El factor primordial de éxito es el acompañamiento del Ministerio Público, con la Defensoría, Personería y Procuraduría, y la ONU nos viene acompañando últimamente también. Las decisiones que se toman frente a la actuación de la Fuerza Pública son colegiadas, en contexto con lo que ocurre en el momento. Esto ha evitado que hayan muertes, a diferencia de otra ciudades”, dijo

*Identidades cambiadas.

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