Muñecos Vudú y libros de magia negra son los elementos que han recopilado las autoridades y que han servido de pruebas en el operativo de búsqueda del pequeño Maximiliano Tabares Cano, a quien le perdieron el rastro hace un mes en el municipio de Remedios (Nordeste de Antioquia).
El avance de la investigación ha dado con la captura de seis personas –entre ellas la madre, la abuela y el padrastro del menor de seis años–. Todos son señalados de pertenecer a Los Carneros, secta que tendría el objetivo de encontrar oro en el municipio y que, para lograrlo, habrían sacrificado al niño.
EL COLOMBIANO consultó a Gregorio Henriquez (GH), antropólogo de la Universidad de Antioquia y quien sirvió como asesor de la Fiscalía en los temas de sectas destructivas, para entender el perfil criminal de las sectas, sus ritos y el rumbo que podría tomar la investigación del caso Maximiliano a partir de ahora.
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¿Cuál es el perfil de los miembros de estas sectas?
GH: El término real es sectas destructivas: son aquellas que manipulan al individuo y someten a sus integrantes al grado de que las personas pueden infringir daño hacia los demás y hacia ellos mismos. Hay una manipulación mental y emocional. Siempre hay un líder y este genera un control absoluto sobre los seguidores que son más débiles.
¿Cómo son los líderes?
GH: Son personas muy astutas y creativas, porque las hay en las formas que ellos someten a sus seguidores. Los llevan hacia lo más destructivo: el individuo termina por entregar su voluntad al líder y al grupo.
Los miembros de las sectas pueden llegar al punto de entregar sus propiedades y dinero. También están aquellas que son configuradas por pedófilos que buscan que los menores sean entregados a ellos: disfrazan el abuso con un manto de ritual o simbología.
Entonces así opera el satanismo...
GH: Tenemos que ser muy cuidadosos: hay una diferencia entre satanismo y satánico. El satanismo es una corriente filosófica que viene del siglo XIX y XVIII, nosotros podríamos tener un empleado o vecino del barrio que practiquen el satanismo, ellos generan unos rituales que buscan un culto al ego desbordado. Ellos proclaman a satanás como una figura literaria y no como un ser real.
Los satánicos, por su parte, asumen toda la iconografía negra y oscura. Buscan un reconocimiento en actos vandálicos: son los que entran en las noches a los cementerios, pintan cruces invertidas y usan el 666 como número de la bestia.
Practicarlo no genera ninguna consecuencia con la ley, mientras no se pase al sacrificio de animales o de menores.