En todo un misterio se ha convertido la desaparición de Wílmer Ortega Villalba cuando laboraba en una draga extractora de oro en el río Cauca, en la subregión del Bajo Cauca antioqueño. Su familia y amigos llevan ya cinco días en una angustiosa labor para encontrarlo.
“Ya vivo no lo esperamos, estamos es tratando de encontrar el cuerpo”, expresó su hermana, Milena Ortega.
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Las labores para dar con el paradero de este desaparecido han corrido por cuenta de la familia, vecinos y amigos del corregimiento Margento, jurisdicción del municipio de Caucasia, así como del cuerpo local de bomberos voluntarios, y se han extendido por los poblados ribereños aguas abajo del río Cauca, hacia Nechí, el paraje El 14 y San Jacinto (Sur de Bolívar).
Hasta ahora los allegados han echado mano de buzos empíricos que son baquianos de este territorio y se sumergen en los afluentes de la región, pero además han tratado de informarse en recorridos por las orillas, en espera de que alguien informe si vio algún cadáver flotando.
“Mi hermano es una persona solitaria, siempre fue de la casa. La familia es muy conocida y todo mundo por acá nos estima, pero más a él porque era muy servicial”, dice Milena sin percatarse del cambio de tiempos en su expresión, que refleja la dualidad de no saber en realidad si está vivo o muerto.
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Wílmer Ortega vive con su mamá y el viernes 9 de agosto fue el último día en que ella lo vio. Ese día se bañó y al salir de su casa al mediodía dijo que iba a trabajar. Vestía un bluyin y una camiseta amarilla clara. No tiene tatuajes o alguna señal particular en el cuerpo. Su estatura es más o menos de 1,65 metros.
El sábado en la mañana sus compañeros de faena se reportaron con la versión de que habían estado juntos buscando un repuesto en el centro poblado de Margento y aprovecharon para tomarse unos tragos. Luego, también según la versión, habrían partido en una canoa hacia la draga, donde lo habrían acostado y ellos se habrían puesto a trabajar en la reparación que les tocaba hacer.
Luego, según continúa el relato de cuatro a cinco compañeros de trabajo que estuvieron con él, en la noche se dirigieron hacia la parte de la estructura flotante en la que lo dejaron descansando, pero ya no estaba; su conjetura es que se cayó al río y se ahogó.
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“Estamos tratando de que en los corregimientos aguas abajo nos colaboren diciéndonos si ven algún cuerpo flotando”, expresa Milena angustiada.
A la vez, manifiesta su extrañeza porque normalmente los cadáveres en el río Cauca suelen flotar cuando pasan más de dos días y se hinchan, pero ya ha transcurrido más del doble de ese tiempo y nadie ha dado razón de haber visto nada.
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Wílmer Ortega, de 33 años, era soltero y no tenía hijos. De tres hermanos era el de la mitad. Se había dedicado a oficios varios como la albañilería “o lo que le saliera” -según su hermana- y desde hacía dos años laboraba en una draga de oro.
En abril la familia ya había vivido otra tragedia, pues el papá de Wílmer, Milena y otro hermano que conforman la parentela junto con la mamá, falleció. Él se dedicaba también a la minería y su deceso se produjo a los 72 años de edad como producto de los estragos de varias recaídas por tuberculosis, una enfermedad que acostumbra acompañar a quienes ejercen este oficio. Tenía solo el 5% de los pulmones servibles, de acuerdo con Milena.