En una simbólica ceremonia, los magistrados de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), notificaron a las aguas del río Cauca su acreditación como víctima del conflicto armado, en un evento al que asistieron comunidades indígenas y étnicas de la región. Con este acto sin precedentes nació un nuevo concepto en la justicia: ‘notificación con pertinencia natural’.
Aunque el anuncio de acreditación del Cauca se conoció desde el año pasado, solo hasta el fin de semana se pudo llevar a cabo la notificación oficial debido a las condiciones violentas en la zona y alteraciones al orden público. El evento se llevó a cabo en el corregimiento La Balsa, municipio de Buenos Aires (Cauca).
Para acreditar al río como víctima, la Sala de Reconocimiento de Verdad, consideró que esas aguas fueron usadas como fosa común. Que entre los años 2000 y 2004 se desplegó una conducta sistemática permitida por la fuerza pública, y realizada por grupos paramilitares, que consistió en asesinar personas y arrojarlas al Cauca con la intención de que nunca pudieran ser encontradas por sus seres queridos.
“Los ríos tienen una importancia esencial para las comunidades. En él reciben el bautismo, es sinónimo de sanación, purificación y limpieza. Lo que queremos en la JEP es acoger a todos los actores, incluyendo a la naturaleza, y reconocer que también tiene derechos”, precisó el magistrado auxiliar Carlos Guillermo Castro.
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Para la JEP, este acto simbólico es el inicio de una etapa de reconciliación entre el río y la comunidad. “El río nos enseña con su corriente, con su cauce, que no hay que dar marcha atrás, que el camino es hacia adelante. El día que lleguemos a reconocer de manera mayoritaria que la naturaleza tiene derechos, en ese momento, la humanidad será distinta. El día en que la humanidad entienda que las montañas nos hablan, los ríos lloran, los bosques nos susurran, ese día, la humanidad podrá ir dejando la guerra”, agregó el magistrado Castro.
En el evento de notificación, estuvieron presentes los mismos habitantes de la región que durante años sufrieron los vejámenes de la guerra cuando el río, con más de 900 kilómetros de extensión, desde su nacimiento hasta la desembocadura, dejó de ser fuente de limpieza, purificación para los más de 180 municipios que viven a lo largo de su ribera. La conexión se perdió en el momento que el río Cauca pasó de ser fuente de vida a un instrumento para desaparecer a las víctimas.
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“El río Cauca representa la sangre en nuestras venas (...). Aquí bautizamos a nuestros familiares, aquí viven nuestros pescadores. El río Cauca nos ha quitado seres queridos, pero también nos ha brindado dicha y tranquilidad. Para nosotros es un gran triunfo que la naturaleza sea considerada como víctima, porque lleva a otros elementos que nos ayudan a salvaguardar nuestro territorio”, destacó Deyanira Peña Carabalí, representante del Consejo Comunitario Cuenca del Río Cauca.