Desde 2006, cuando se desocupó la última bóveda con restos humanos para su traslado al Universal, el Cementerio San Lorenzo solo ha sufrido olvido y desdén, pues por 14 años, las administraciones municipales allí solo han realizado jornadas de aseo y ornato, pero ninguna intervención de fondo.
Mientras tanto, este bien de interés cultural la ciudad, construido en 1828 en el mismo sitio donde estuvo el primer cementerio indígena de Medellín, ha sufrido deterioro y una pésima apropiación por parte de las comunidades.
Aunque está incluido en el Plan Parcial de San Lorenzo, que pretende construir cerca de 7.000 viviendas en los sectores aledaños de los barrios San Diego, Las Palmas y Niquitao, con espacios arborizados y un parque de interacción étnica y cultural en el interior del camposanto, esta intervención no ha sido posible.
Según Mónica Pabón, gerente del Centro, desde 2006 el Ministerio de Cultura asignó recursos para lo que sería una restauración, pero esta no se llevó a efecto. Admite que el sitio ha estado olvidado.
Diego Montoya, presidente de la JAC -Junta de Acción Comunal- del barrio Las Palmas, donde está ubicado, recuerda que dos gobiernos atrás se pretendía construir, en un espacio verde en la parte oriental del cementerio, una UVA -Unidad de Vida Articulada-, pero fue un sueño frustrado.
“El proyecto tenía hasta una maqueta y los recursos, nosotros como comunidad participamos en los diseños, pero de repente el tema se fue olvidando, la administración pasada tampoco hizo nada y el lugar sigue prácticamente abandonado”, relata este ciudadano, que lleva 50 años habitando el sector y a quien le tocó enterrar a varios familiares en sus bóvedas.
Desgaste e inseguridad
La semana anterior, de la mano de la Gerencia del Centro, se realizó allí una jornada de ornato y aseo como iniciativa por la conservación y mantenimiento y para hacer presencia en este sitio patrimonial perteneciente a la comuna 10, La Candelaria.
El hecho avivó la ilusión de los habitantes del sector para que el lugar por fin sea intervenido y puesto al servicio de la comunidad, pues hoy está “al servicio” de consumidores de droga y habitantes de calle.
Tanto es así, que en nuestra visita al lugar para hacer esta información y las fotografías, prácticamente fuimos agredidos por algunas de estas personas que ya se sienten dueñas del espacio. Casi que ni dan el permiso para hacer las fotos. En el cementerio permanece un vigilante, pero solo puede controlar que no se violenten las cerraduras de ingreso y hacer unos controles mínimos. El consumo de drogas y la invasión de los espacios rebasa su capacidad de acción. Estas situaciones han hecho que la comunidad se aleje del lugar y no lo sienta como suyo.
“Por acá la mayoría de habitantes son personas mayores que han estado toda la vida, pero por esta situación no se atreven ni a pasar por el sitio”, señala Alejandro Méndez Valencia, edil de la comuna 10.
Para él y otros vecinos, el abandono es visible. Pese a esto, el cementerio conserva su imponencia. Los portales de ingreso, en ladrillo macizo (similar al de la iglesia La Veracruz, en el Centro), dejan ver su estilo colonial. En el interior tiene galerías con bóvedas en arco y rectangulares, estas últimas con decorados en los bordes y donde eran sepultadas las familias adineradas antes de que se construyera el San Pedro, en 1842, que fue llamado el cementerio de los ricos, y entonces el San Lorenzo quedó como el de los pobres.
Tanto a las entradas como en la galería oriental, sobresalen imponentes columnas romanas que también se usaron para separar las bóvedas. Es el camposanto con más historia de Medellín.
Y a pesar de lo carcomidos y raídos de los muros y los ladrillos de las bóvedas, de estas sigue emanando la vida. Esta la da un yarumo que emergió de una de las bóvedas y como pudo levantó vuelo hacia el cielo. En otras han crecido matas y algunas, en vez de vida, tienen vasos desechables, latas o prendas de vestir.
Revivir la historia
La visita de la alcaldía, de todos modos, avivó la esperanza de los habitantes de que por fin se emprenda algo de la recuperación.
La gerente del Centro dice que en la mesa de su oficina hay varias propuestas que tanto la comunidad como algunas empresas han presentado para que el sitio reviva con proyectos concretos que permitan que los ciudadanos se lo apropien y el resto de la ciudad lo reconozca como patrimonio histórico y cultural.
“Para esta administración y para la Gerencia del Centro este cementerio es importante y nuestra idea es valorizarlo, visibilizarlo, apropiarlo y en lo posible realizar algunas intervenciones en mantenimiento e infraestructura”, adelantó la funcionaria, aunque descartó una restauración por dos razones: porque no hay el presupuesto que esta requeriría y porque el proceso tarda mucho tiempo y demanda estudios y el permiso del Ministerio de Cultura, asuntos que son de largo aliento.
La idea es dejar algo iniciado y así lo espera el presidente de la JAC, Diego Montoya: “al menos esta alcaldía lo tiene en su centro de interés y nos hemos estado reuniendo para estudiar alternativas. Este lugar tan especial tenemos que apropiárnoslo nosotros, la comunidad, no los que no saben hacer un uso cívico de los espacios patrimoniales”.
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bóvedas y osarios tiene este parque cementerio, que fue desocupado en 2006.