Agencia Sinc
La percepción de algún tipo de amenaza, ya sea real o imaginaria, desencadena una reacción de miedo. Nuestro sistema nervioso está programado para sentir esta emoción, ya que se trata de un mecanismo de supervivencia que nos indica que debemos permanecer alerta y evitar situaciones comprometidas.
El problema surge cuando este fenómeno se desencadena en ausencia de peligros tangibles. Las personas que han sufrido episodios de estrés grave o potencialmente mortal pueden experimentar posteriormente intensos sentimientos de temor, incluso durante situaciones que carecen de una amenaza auténtica.
Le puede interesar: Astronautas en tierra colombianos buscan mejorar las condiciones de vida en el espacio
Esta generalización excesiva del miedo es psicológicamente perjudicial y puede provocar, entre otros, trastorno de estrés postraumático (TEPT), cuyos síntomas pueden incluir reviviscencias, pesadillas y angustia grave, así como pensamientos incontrolables sobre la situación.
Hasta ahora, los mecanismos inducidos por el estrés que consiguen que nuestro cerebro produzca sentimientos de pánico en ausencia de peligro han sido bastante desconocidos. Neurobiólogos de la Universidad de California en San Diego (EE UU) han identificado en roedores los cambios en la bioquímica cerebral y trazado los circuitos neuronales que provocan esa experiencia negativa.
“Nuestro trabajo aporta una nueva perspectiva sobre el origen del miedo generalizado, es decir, el que se produce tras un estrés agudo en ausencia posterior de una amenaza real, como ocurre en el TEPT”, explica Nick Spitzer, autor principal del estudio publicado en la revista Science.