Las estadísticas publicadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el 2023 dicen que “mientras que el 70% de las mujeres presentan problemas de salud mental, en los hombres la probabilidad se reduce hasta un 30%”, es decir, hay una desigualdad significativa entre ambos géneros.
Esa es la primera razón por la que debería tratarse de forma diferencial para evitar sesgos.
La segunda es por que desde hace varios años muchísimas médicas (después algunos médicos también se sumaron) empezaron a explorar y a investigar muy seriamente la psiquiatría de las mujeres, encontrando como argumento para las cifras de la OMS, que la salud mental siempre había sido abordada y contada desde la perspectiva masculina y androcéntrica.
O sea, en ella “el parámetro era el hombre y todo lo que le pasaba al hombre se le infería a las mujeres, negando que somos diferentes no solo desde lo fisiológico, sino también desde lo psicosocial”, explica Silvia Gaviria Arbeláez, una destacada médica, psiquiatra y profesora titular de la Universidad CES que por más de dos décadas se ha dedicado a abordar y a comprender las complejidades que enfrentan las mujeres latinoamericanas en su salud mental.
El boom de este nuevo enfoque de género estalló en Reino Unido, Australia, Canadá y Estados Unidos en los años 80. En Argentina y Brasil, referentes latinos del tema, en los años 90, y en Colombia, a mediados del 2014, aunque personas como Silvia, estaban investigándolo desde mucho antes, suscitadas por un interés común que tenía que ver con la forma en la que los aspectos o los determinantes sociales no eran un factor diferencial en los tratamientos médicos y psiquiátricos que se les ofrecía a las mujeres de entonces.
“Cuando empecé a meterme en este tema me llamaba la atención que en los congresos de psiquiatría a los que asistía la temática que se refería a las mujeres no tenía muchas variables que demostraran las diferencias entre hombres y mujeres en la forma de enfermar, en la forma de sanar, o que hablaran de cómo los aspectos sociales afectaban a los hombres y las mujeres de forma diferente; o del por qué las narrativas de las mujeres en una consulta eran completamente alejadas de las de los hombres”, cuenta Silvia.
Pero, en medio de esos congresos, pese a que estos temas no estaban incluidos en las agendas generales, sí habían presentes muchos pares académicos, provenientes en especial de Europa y Estados Unidos, que estaban marcado pautas en la salud mental de las mujeres del mundo, lo cual la incentivo a ella a decir: “Bueno, si esto lo están haciendo los países desarrollados, nosotros tenemos que también investigar y mirar cuáles son las condiciones nuestras, porque en Latinoamérica tenemos unas situaciones distintas que impactan a la mujer de una forma diferente respecto a otros países”.
Así que una de las primeras cosas que Silvia identificó, y que está muy alineado con lo que se encuentra en la literatura científica, es que aquí, como en otros territorios, hay dos factores que delimitan las diferencias entre hombres y mujeres: el factor fisiológico y el factor violencia.
Fisiológico y los roles de género
El factor fisiológico tiene que ver con los cambios hormonales de las mujeres y con sus ventanas biológicas, que son periodos muy difíciles para ellas en los cuales tienen cambios severos a nivel hormonal, y cómo las hormonas tienen acción en el cerebro, afectan su salud mental, las hace más proclives a enfermar de depresión, de ansiedad, durante el periodo premenstrual, el embarazo, el postparto y la perimenopausia.
Y al mismo tiempo, durante esa vida reproductiva, las mujeres están enfrentando mayores desafíos debido al peso de los estereotipos que dicen que las mujeres son más intuitivas, más pasivas, más sumisas, más débiles y más inestables psicológicamente que los hombre; y de forma correlativa, debido al peso de los roles de género.
Esos roles, tal y como lo anuncia Judith Usall I Rodié, psiquiatra del Centro de Salud Mental de Cornellá y coordinadora del grupo de investigación Etiopatogenia y Tratamiento de los Trastornos Mentales Graves, les asume un papel de cuidadoras: “las tareas relacionadas con el hogar, como son las domésticas y el cuidado de las personas dependientes y que supone una carga física y mental, se consideran femeninas en todas las culturas y esas tareas no tienen ningún reconocimiento social”.
Las hace enfrentarse a discriminación o a acoso laboral al anunciar que serán madres, ya que muchas, después de terminársele la licencia de maternidad, son despedidas; a dobles y en ocasiones hasta triples jornadas de trabajo ya que como “los roles siguen claramente designados y se considera que es la madre quien debe hacerse cargo de los niños, este hecho obliga a las mujeres que son madres trabajadoras a hacer una doble jornada”, apunta Judith.
Las sumerge en la presión social del reloj biológico porque se considera que todas las mujeres quieren o están destinadas a ser madres, como si fuera algo obligatorio. Y las convierte en un objeto sexual “asumiendo que deben cuidarse a sí misma para ser sexualmente atractiva para los hombres o que deben esconderse para no ser una tentación. Todavía se valora la juventud y la delgadez con un coste muy importante para muchas”, añade Judith. A lo que se le puede sumar que Ita, la red integrada por recursos especializados en el tratamiento de diferentes trastornos mentales, argumenta que los trastornos de la conducta alimentaria los sufren en mayor medida las mujeres (90%) en comparación con los hombres (10%).
Todo esto, aclara Silvia, afecta y empeora el estado de la salud mental de las mujeres, aumentando su riesgo de sufrir depresión y ansiedad, y generándoles muchísimo estrés.
Sin contar con que cerca de 2.400 millones de mujeres de toda la Tierra en edad laboral aún enfrentan desigualdades económicas en comparación con los hombres, como reseñan las estadísticas del Banco Mundial.
En ese punto hay un dato local, las veedurías Medellín cómo vamos y Antioquia cómo vamos publicaron un informe a cerca de las brechas de género que hay en la ciudad y en el departamento: los datos dan cuenta de una situación crítica: el 37% de las mujeres en Antioquia no cuenta con un ingreso propio. Y del 63% que lo tiene, apenas el 28% devenga un salario mínimo o más.
La violencia machista
El otro factor al que se refería Silvia, es al de la violencia basada en el género a la que se ven enfrentadas las mujeres durante toda su vida, desde la infancia hasta la edad adulta, siendo que durante la infancia el tipo más grave es el abuso sexual que según el promedio de los distintos estudios hechos al respecto, tiene una afectación del 20 % en niñas y del 10 % en niños, y puede desencadenar patologías mentales como el trastorno límite de la personalidad.
Mientras que en la edad adulta, “se ven enfrentadas a múltiples formas de violencia dentro del hogar, ocasionada por lo general por su pareja, y fuera del hogar, en el ámbito laboral y en el ámbito social”, dice Silvia y lo confirman las estadísticas más recientes del Instituto Nacional de Medicina Legal sobre la violencia en contra de las mujeres que afirman que en el período comprendido entre enero y septiembre de 2023, se registraron 36.626 eventos de violencia intrafamiliar contra mujeres, de los cuales 27.327 fueron por violencia de pareja, así como la práctica de 16.015 exámenes médicos legales, por presunto delito sexual.
Sobre lo que Judith apunta: “investigaciones recientes revelan que las mujeres que sufren violencia física o sexual tienen más riesgo de sufrir uno o más trastornos mentales, pues más del 50% de las mujeres que han sufrido violencia sufren un trastorno de estrés postraumático que, frecuentemente, convive con otros trastornos como depresión, fobia o abuso de sustancias”.
En la actualidad, los diagnósticos más comunes entre las colombianas son trastorno de ansiedad, depresión y trastornos por consumo de sustancias, ¿y qué se puede hacer para disminuirlos? Está claro que la biología no se puede cambiar, pero los determinantes sociales sí, entonces todo se trata de seguir en pie de lucha por el acceso a la educación para las mujeres, el acceso a los servicios de salud mental, la equidad en el mercado laboral y el trato equitativo e igualitario en cualquier escenario: DENTRO y FUERA del hogar.
Así empezó el movimiento feminista en Colombia
Cuando se habla del feminismo en Colombia, muchas personas creen ese movimiento llegó aquí con una mujer francesa que se sumó al tejido de esa lucha y que le ayudó a muchas a tener consciencia sobre lo que significaba, sin embargo, no hay nada más alejado que eso, como lo sostiene Mar Candela, periodista para el desarrollo humano, comunicadora para las resistencias, fundadora del movimiento Feminismo Artesanal y la primera mujer que hizo el llamado a la marcha de las putas en Colombia, pues “antes de ella, hubo otras mujeres que hicieron cosas muy importantes y que fueron secundarizadas e inferiorizadas, y por ende no se les ha dado el lugar y el mérito que les corresponde”.
Pues según comenta, la lucha por la igualdad de género ha estado presente desde hace varios siglos en el panorama internacional, pero en Colombia solo desde el siglo XX, con el tema de los derechos políticos y la educación, “pues ya sabemos todo lo que sucedía: no nos dejaban estudiar, trabajar, no nos dejaban ser, solo querían que fuéramos madres y agentes de la sociedad. De hecho, el concordato en 1887 mantuvo la exclusión de las mujeres en Colombia hasta 1993. O sea, las mujeres empezaron a ser incluidas en la educación formalmente y en el trabajo hasta el 93, aunque es claro que muchas mujeres privilegiadas lograron educarse antes de esa fecha, cosa que no lograban las mujeres no privilegiadas que vivían en una lucha antigua por hacerlo”.
En ese sentido también es importante insistir, persistir y no desistir, dice Mar, en resaltar a las mujeres que dieron las peleas nativas, y en recordar que esto no es una cosa que llegó a Colombia de afuera, por extranjeros o extranjeras, como lo sugieren muchos desde la derecha, que es que “el feminismo en Colombia es un tema colonial”, cuando, por solo mencionar un ejemplo, María Rojas Tejada, una mujer que después de graduarse como educadora fuera del país porque aquí era imposible hacerlo, se vino a Colombia a luchar para que “todas” las mujeres fuéramos educadas. De eso no se habla en ninguna parte.
Como tampoco se habla de que 1981, Bogotá le abrió las puertas a más de 200 feministas latinoamericanas que vinieron a reunirse en el Primer encuentro feminista de Latinoamérica y el Caribe para conocerse, intercambiar ideas y hacer proyectos a futuro, un momento histórico en el que se consolidó el movimiento feminista no solo en este sino también en otros países como Argentina, Brasil y México que durante tanto tiempo lucharon en silencio por la liberación de la mujer.
“Todas las luchas tienen que ser interdisciplinares, intersociales e interculturales, y hay que reconocer que el feminismo nunca hubiera llegado al lugar que llegó sin el respaldo de hombres que se desacomodaron de sus privilegios testiculares y decidieron apoyar a las mujeres en los partidos políticos, y claro que no lo hicieron de hermanitas de la caridad, cuando el liberalismo apoyó a las mujeres lo hizo para ganar votos, pero necesitamos de ellos, como los necesitamos ahora, para que desde sus posiciones de poner empiecen a darnos la oportunidad de tener una era donde las mujeres tengamos más espacios laborales, culturales, sociales y políticos”, concluye Mar.
Los logros de una revolución
El Día Internacional de la Mujer que empezó a conmemorarse por la ONU en 1975 y dos años más tarde fue proclamado por su Asamblea, surgió en medio de las manifestaciones de las mujeres que, especialmente en Europa, reclamaban a comienzos del siglo XX el derecho al voto, mejores condiciones de trabajo y la igualdad entre los sexos, escribieron las Naciones Unidas.
Después de eso, poco a poco, mujeres de todo el mundo empezaron a reunirse y a marchar cada ocho de marzo, que es la fecha en la que se conmemora, como una excusa para recordar todas las razones por las que se ha luchado y por las que hay que seguirlo haciéndolo.
Estos son los principales logros de las luchas feminista alrededor del mundo:
Primero, el movimiento pintó de verde y violeta el mundo entero, siendo reconocidos como el color insignia de la lucha por el derecho a un aborto legal y seguro y la lucha de las mujeres por la igualdad y contra la discriminación, respectivamente. Segundo, aunque las mujeres siguen siendo minoría en los premios que se dan en distintas ramas, hoy muchas de ellas han ganado el Premio Nobel de Química, Física y Literatura.
Tercero, hoy las mujeres pueden pitar un partido o jugar en las ligas internacionales. Cuarto, se han sancionado leyes como la 1429 de 2010, o la 823 de 2003, que establecen medidas para fortalecer y promover la igualdad de la mujer en el acceso laboral y en educación.
Quinto, hoy las mujeres están ocupando altos cargos en el gremio científico, económico y político, pese a que siguen siendo minoría. Sexto, Colombia cuenta con el marco normativo más avanzado de Latinoamérica para la garantía del derecho al aborto hasta la semana 24.
Séptimo, el país continúa avanzando en el cierre de las brechas de género ya que incrementó la participación de las mujeres en las juntas directivas del país, pasando del 25% en 2019 al 34% en 2023, asimismo aumentó “la mayor participación de mujeres en cargos de primer nivel, pasando del 34% en 2019 al 42% en 2023”, informó la ANDI.
8M: ¡todas a las calles!
¿Por qué las mujeres seguimos marchando? “Porque a pesar de los avances tenemos que seguir hablando de que en Colombia existen desigualdades y discriminación de género. Las cifras de los feminicidios hablan solas, las cifras de violaciones y abusos, hablan solas, y yo desde Feminismo Artesanal lo que digo y lo que planteo es que tenemos que mantenernos como guardianas de los derechos ganados, guardianas de la libertad que hoy tenemos, para que no nos lleven al pasado, porque algunas personas quisiera eso, llevarnos al pasado, y de hecho están trabajando para quitarnos el derecho al aborto, para quitarnos la oportunidad y la posibilidad de construir familias diversas, y eso no lo podemos perder y no lo podemos permitir, no podemos dejar que nos quiten la libertad sexual, la libertad intelectual, la libertad de credo, que son las banderas del feminismo para las mujeres, obviamente, pero también para toda la ciudadanía. Para eso seguimos marchando, para que no nos devuelvan al pasado”, responde Mar Candela.