Por Helena Cortés Gómez
Para algunos las ofensas van de la mano con el empobrecimiento lingüístico. No obstante esto obvia una realidad más amplia. Hay muchas otras formas del lenguaje que pueden dañar, incluido el elogio, que dependiendo las circunstancias, logra perjudicar.
La campaña Bellos insultos del Parque Explora, centro interactivo para la apropiación y la divulgación de la ciencia y la tecnología, puso a hablar a la gente sobre el acervo para ofender a otros con nombres de animales.
En palabras de su directora de comunicaciones, Ana Ochoa, con esta buscan fomentar “una noción ampliada de dignidad, que incluya a los animales, los olvidados de siempre, los maltratados, los que sirven acaso para insultar, pero que nos revelan la belleza de la vida en su signo más rotundo: la diversidad”.
Sus detalladas ilustraciones han sido compartidas de manera masiva en redes sociales. Uno de los internautas admiró que la propuesta de Explora cuestionara el uso que se le está dando al lenguaje.
Sobre esta interpretación, Luz Stella Castañeda, reconocida sociolingüista, coautora del Diccionario de parlache y profesora de la Universidad de Antioquia cuenta que “el lenguaje expresa el bagaje cultural de una sociedad”, y agrega que más que criticar el uso que hoy se le da, la propuesta del museo genera una pregunta más interesante: ¿qué hay detrás?
“Es el acento y la intención lo que denota el insulto”, agrega. Para Castañeda, ofender con palabras que connotan racismo indican que aquella persona, de hecho, tiene un pensamiento racista y que discrimina a los otros por la etnia.
El adjetivo es una parte de la oración gramatical que compromete, expone Pancracio Celdrán Gomariz en su texto El gran libro de los insultos (La esfera de los libros, 2008). Ello es así porque dice lo que se piensa, quiere, cree, espera, ama, odia de los demás. Este es producto de un examen personal del mundo y la sentencia que da el hombre toma forma de elogio u oprobio.
Por esto Castañeda repunta: “los improperios no deterioran o mejoran el lenguaje; en la sociedad tienen múltiples usos”. Y se permite una última reflexión: “no se debe cambiar el lenguaje sino la actitud. Hay que trabajar más en el respeto por el otro”.