¿Qué ocurre cuando los padres no saben gestionar las emociones propias ni validar las de sus hijos? Según la reconocida psicóloga clínica estadounidense Lindsay C. Gibson, autora del libro Hijos adultos de padres emocionalmente inmaduros, la raíz de muchas heridas emocionales en adultos está en una crianza marcada por la inmadurez emocional de los padres.
En su conversación con The New York Times, Gibson definió a estos padres como personas que “se niegan a validar los sentimientos e intuiciones de sus hijos”, que son reactivas, egocéntricas y con escasa empatía.
Asegura que esta inmadurez tiene consecuencias negativas de largo plazo: los niños aprenden a invalidar sus propias emociones y, ya adultos, enfrentan conflictos laborales, personales o de salud mental sin conectar de inmediato estos malestares con su crianza.
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“El egocentrismo es el mayor rasgo”, explicó Gibson. “Siempre todo gira en torno a ellos. Otra es la falta de empatía. Los padres no lo entienden. Dicen: “¿Por qué te molesta tanto esto?”. O: “No es para tanto’”.
La psicóloga sostiene que hay un espectro de madurez emocional y que todos pueden mostrar rasgos inmaduros bajo estrés o cansancio. Sin embargo, lo que distingue a los padres emocionalmente inmaduros es la ausencia de autorreflexión: no se hacen cargo de sus actos ni buscan reparar el daño.
Uno de los aportes del libro —que recientemente se viralizó en redes como TikTok gracias a terapeutas que lo recomiendan— es que ofrece un marco no patologizante. Es decir, en lugar de diagnósticos como “narcisismo” o “trastorno límite de la personalidad”, Gibson propone hablar de comportamientos, lo que permite a los pacientes reconocer patrones sin sentirse culpables o desleales.
La experta cuenta el caso de una mujer que desarrolló síntomas físicos por el estrés que le causaba el contacto con progenitores egocéntricos. En terapia, muchos pacientes ni siquiera se habían planteado la opción de establecer distancia emocional o física, según relata la psicóloga.
Gibson enfatiza que esto ocurre porque existe una expectativa cultural de que los padres siempre quieren lo mejor para sus hijos. Su libro ha ganado popularidad porque desafía esa visión: “la experiencia real de la gente es que estos estereotipos y estas ideas no coinciden con su experiencia emocional”.
Además, consideró que el distanciamiento es la “mejor opción” cuando las personas “comienzan a tener problemas físicos o emocionales directamente asociados al contacto con sus padres”