Fueron cuatro los intentos fallidos, hasta que por fin la misión no tripulada de la Nasa Artemis I despegó con éxito en la madrugada de este ayer desde el Centro Espacial Kennedy de Cabo Cañaveral (Florida, Estados Unidos), abriendo el camino para los viajes a la Luna después del ciclo de misiones Apolo.
En un primer momento el despegue estuvo en vilo: los ingenieros encargados de monitorear el evento detectaron una fuga de hidrogeno líquido. Sin embargo fueron capaces de solucionarlo. De esa forma el imponente cohete SLS –de 98 metros de altura– pudo surcar el cielo rumbo al satélite natural. Lo hizo con un retraso de 43 minutos de la hora anunciada.
Finalmente el cohete SLS (siglas en inglés de Sistema de Lanzamiento Espacial), con una altura superior a un edificio de 30 plantas (98 metros), se elevó con toda su fuerza a la 1:47 a.m., hora colombiana, abriéndose paso en la oscuridad de la noche junto con la nave espacial Orion acoplada.
La Nasa confirmó luego que la nave iba en rumbo correcto hacia la Luna y publicó las primeras imágenes tomadas por la cápsula de la Tierra que se alejaba lentamente detrás de ella.
“Lo que han hecho hoy inspirará a las generaciones venideras, ¡gracias!”, dijo Charlie Blackwell-Thompson, la primera mujer directora de lanzamiento de la Nasa, al felicitar a sus compañeros de equipo.
La expectativa producida por el lanzamiento de Artemis obedece al hecho de que con este primer paso se inicia de nuevo la carrera espacial, que fue tan importante fue en los años sesenta y setenta del siglo XX.
¿Qué sigue?
Cincuenta años después de la última misión Apolo, este vuelo de prueba no tripulado, que sobrevolará la Luna sin aterrizar en su superficie, busca confirmar si el vehículo es seguro para llevar a una futura tripulación.
El lanzamiento marca el gran comienzo del programa Artemis —la hermana gemela de Apolo—, que quiere enviar a la primera mujer y a la primera persona negra a la Luna.
El objetivo es establecer allí una presencia humana duradera, como preparación para un viaje a Marte.
La misión Artemis I está prevista para durar 25 días y le esperan todavía varias etapas delicadas
Inmediatamente después del despegue, los equipos del centro de control de Houston (Texas) relevaron a los técnicos. Al cabo de dos minutos, los dos propulsores blancos cayeron al océano Atlántico.
Tras ocho minutos, el piso principal se separó a su vez. A continuación, aproximadamente una hora y media después del despegue, un último impulso pondrá a la cápsula Orión rumbo a la Luna, a la que llegará en pocos días.
Allí, se situará en una órbita lejana durante aproximadamente una semana, aventurándose hasta 64.000 kilómetros detrás de la Luna, un récord para una cápsula habitable.
Por último, Orión iniciará su regreso a la Tierra, probando su escudo térmico, el más grande jamás construido. Al cruzar la atmósfera tendrá que soportar temperaturas la mitad de calientes que la superficie del Sol.
El aterrizaje en el océano Pacífico está previsto para el 11 de diciembre.
Nueva era
Después del cohete Saturno V de las misiones Apolo y tras los transbordadores espaciales, el SLS inaugura una nueva era de exploración humana, esta vez del espacio profundo.
En 2024, Artemis 2 llevará a los astronautas a la Luna, pero sin aterrizar. Ese honor estará reservado para la tripulación de Artemis 3, probablemente en 2025.
La Nasa planea entonces una misión anual para construir una estación espacial en órbita alrededor de la Luna y una base en su polo sur.
El objetivo es probar allí nuevos equipamientos como trajes, vehículos, una minicentral eléctrica o probar el uso de agua helada in situ. Todo ello con vistas a establecer una presencia humana duradera.
Este experimento tiene el objetivo de preparar un vuelo tripulado a Marte, quizás a finales de la década de 2030. Este viaje, de una escala completamente diferente, tardaría al menos dos años en completarse