El vapeo es uno de los neologismos más utilizados en el último tiempo. Se refiere a la práctica de encender un cigarrillo electrónico para que, al hacerlo, el líquido que contiene dentro (ya sea nicotina, aceites o destilados de marihuana) se convierta en un vapor que es inhalado por el usuario.
Los líquidos que vienen dentro de esos cigarrillos pueden llegar precargados, por lo que luego de una cantidad de usos se desechan, o pueden rellenarse con cartuchos, sin embargo, son ellos los que precisamente abren el debate sobre lo saludable que puede llegar a ser o no esta práctica.
Y es que cualquiera de ellos necesita dos componentes químicos para cumplir correctamente con su función: el propilenglicol, que es un alcohol que ayuda a que se vaporice mejor el líquido; y la glicerina vegetal que sirve para que ese vapor sea más denso. Lo grave es que cuando esas sustancias llegan a los pulmones “producen irritación en los bronquios y en los alveolos, aumentan el moco y paralizan los cilicios, que son unos pelitos que tiene el pulmón para filtrar el aire”, explica Guillermo Castaño, médico experto en adicciones y profesor titular de la Universidad CES.
Ahora, si a estos dos componentes se les suma la nicotina, se empieza a hablar de un tema de adicción y de efectos adversos a un corto plazo como el insomnio, la inapetencia, el mareo, y el aumento del tránsito intestinal, y a un largo plazo, de posibles problemas cancerígenos o cardiovasculares, tal como lo reveló el informe de la World Heart Federation “Cigarrillos electrónicos: una nueva amenaza para la salud cardiovascular”, que confirma que el vapeo afecta al corazón, “casi duplicando el riesgo de infarto de miocardio en comparación con los no fumadores”.
Si en cambio contienen THC o cannabis, según Héctor Pérez Madrid, médico toxicólogo y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, pueden ocurrir episodios de ansiedad, paranoia, psicosis e hipotensión ortostática, o casos graves de daño pulmonar que no están asociados directamente a esas sustancias sino al aditivo con el que se acompañan, por ejemplo, si el aditivo es vitamina E, puede generar neumonía lipoidea.
Además, como esta parece ser una industria enfocada a los jóvenes, para hacerlos más llamativos, a los líquidos les son incluidos colorantes y saborizantes que, como lo afirma Castaño, “aunque han sido probados para el consumo humano oral, no lo han sido para el consumo vaporizado, por lo que, al inhalarlos, en muchas oportunidades terminan produciendo afecciones respiratorias superiores”.
En este punto, ¿es mejor vapear que fumar? Si bien es cierto que vapear ofrece una mayor susceptibilidad a las infecciones respiratorias, también es cierto que en comparación con el acto de fumar cigarrillo resulta mucho menos peligroso dejando claro que el mensaje más evidente que se puede dar desde el punto de vista médico y de la salud pública, es que “ninguna de las dos alternativas es buena para la salud”. No obstante, si se tratara de elegir entre una y otra, esto es lo que explican los especialistas:
“En alguna medida es cierto que vapear es menos dañino para la salud, pero ese menos no significa que no sea dañino, que también produzca enfermedades pulmonares y demás”, argumenta Castaño mientras Pérez se une a su respuesta: “Sí, podemos decir que vapear es menos dañino que fumar. El cigarrillo contiene muchas sustancias carcinogénicas como tolueno, formaldehido, benceno y nitrosaminas, y al requerir combustión deposita muchas de esas partículas en las vías respiratorias, mientras que los vapeadores contienen poca cantidad (si es que la tienen) de esas sustancias”.
Otro factor a tener en cuenta, como lo reiteran ambos profesores, es el tema de las etiquetas ya que, según cuentan, muchos de los líquidos que se utilizan contienen otras sustancias problemáticas (como metales pesados) que pasan desapercibidas porque no son declaradas por los fabricantes, una situación que no solo ocurre en Colombia, pues la falta de control de las autoridades sanitarias para las empresas fabricantes de estos productos es un evidente problema de orden mundial.
Por ello, la recomendación puntual del toxicólogo es que las personas que decidan consumir vapeadores no los compren por internet o en mercados no regulados, “mejor comprar los que ya tienen autorización para comercialización en el país (como el VUSE de la British American Tobacco), que al menos tiene el respaldo de una entidad a la cual se le pueda reclamar en caso de efectos deletéreos a largo plazo”.