La decisión más difícil no es renunciar a un trasplante de corazón. Hay escenarios que pueden agobiar más, si se piensan mucho, como la idea de depender de una máquina que hace que el corazón bombee y circule la sangre como lo haría naturalmente el órgano de una persona saludable.
Como si fuera una película de Cronenberg, en la que se crean nuevos órganos, ya en Colombia hay 27 personas implantadas con el Heartmate, un dispositivo de asistencia ventricular izquierda creado por la compañía estadounidense Abbott, el cual une el ventrículo izquierdo y la aorta, que es la arteria principal del corazón, para llevar la sangre oxigenada a todo el cuerpo con el apoyo de un sistema externo que controla el dispositivo y que carga siempre el paciente.
Este lo usan las personas que padecen enfermedades cardiovasculares con falla cardiaca. Es su última opción, incluso después de contemplar el trasplante de corazón. En 2017 fue el primer implante en Colombia realizado por la Fundación Cardiovascular de Colombia en Bucaramanga. Ya otros lo hacen como la Fundación Cardioinfantil y la Clínica Shaio en Bogotá.
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El corazón de Diego
El 24 de septiembre de 2019 la vida le cambió al arquitecto de 35 años, Diego Castañeda, al abrir los ojos después de una operación de aproximadamente 15 horas en la Clínica Shaio en Bogotá: lo primero que vio fue un cable que atravesaba su piel y se conectaba directamente con el corazón.
Le dolían los músculos y apenas empezaba su nueva vida. Duró 40 días en recuperación y 15 días en los que le tocó bañarse solo con pañitos húmedos con ayuda de enfermeras. Mientras tanto, el hospital le daba tiempo de acostumbrarse a su nuevo órgano artificial que está cerca de la cadera.
Ya recuperado en los últimos días de octubre, al salir del hospital, le entregaron lo que necesitaba para vivir desde ahora. Fueron cuatro pilas rectangulares que duran 17 horas, un cargador de baterías de gran tamaño, un cable de aproximadamente 6 metros para conectarse a diario al dormir y un maletín para guardar el dispositivo externo que desde ahora hacía parte de su corazón. Dice que al salir de la clínica se sintió en una mudanza.
Recuerda que lo que lo animó a tomar la decisión de vivir con un corazón artificial fue el miedo a una diálisis, porque sus riñones se estaban comprometiendo cada vez más. “Me daba miedo sobrevivir con un corazón artificial pero pensé que al final todos dependemos de máquinas: del celular, de los computadores. No sería algo distinto”.
El diagnóstico
En el 2013 Diego salía a jugar fútbol con los amigos, viajaba, y aunque su contextura era robusta, hacía deporte. Pero ese año llegaron los síntomas. No podía respirar bien y su cuerpo se hinchó por lo que consultó en algunas clínicas, en las que le dijeron que “no era nada grave”, hasta que llegó a la Shaio donde le diagnosticaron una miocarditis viral, “posiblemente por no haberme cuidado una gripa o alguna fiebre”.
Inició un tratamiento con medicamentos para el corazón hasta que en 2017 recayó y su corazón empeoró. Lo clasificaron con un paciente con falla cardiaca. “Luego, en 2018 me dio un derrame pleural, o sea que un pulmón se me llenó de líquido y me hicieron una extracción para que pudiera respirar bien. Desde ahí me dijeron que necesitaba un trasplante de corazón”, recuerda Diego.
Pero para el trasplante de corazón se requiere de paciencia, hasta que llegue el indicado. Que si es compatible en edad, peso o si es el de un hombre o una mujer. Todo influye, porque el corazón de una mujer tiende a ser más pequeño. Pero Diego no tenía tiempo, tenía dificultades para orinar y le dijeron que debían hacerle diálisis mientras esperaba otro corazón.
Entonces Diego, preso del miedo a ese procedimiento, decidió vivir con un corazón artificial, el Heartmate 3 que es último en su tecnología. Ahora está bien de salud y aunque no pueda sumergerse en piscinas o el mar, tenga que evitar la lluvia, duerma conectado a la corriente y su vida dependa de baterías como los celulares, es una persona saludable, tanto que dice que ya no se sometería a un trasplante de corazón si no es necesario, y por ahora no lo es.
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Una preocupación mundial
La falla cardiaca impacta a más de 23 millones de personas y en Colombia hubo cerca de 52 mil muertes por enfermedades isquémicas del corazón en 2021, según Abbott. Lo refuerza el doctor Darío Echeverri, director de Cardiología de la Cardioinfantil en Bogotá, al afirmar que la primera causa de muerte en el mundo son las enfermedades cardiovasculares, luego el cáncer y las enfermedades respiratorias.
Al día mueren 140 personas en el mundo por esta causa y se desarrollan principalmente por malos hábitos como el tabaquismo, sedentarismo y el alcoholismo.
María Alejandra Rodríguez, jefe del departamento de insuficiencia cardíaca y trasplantes de la Cardioinfantil, dice que de 100 pacientes con insuficiencia cardiaca, el 70% se muere en el primer año del diagnóstico que tiende a demorarse más de lo que debería y que compromete más la salud del paciente.
Para ser paciente de Heartmate, que es la última opción de las personas con fallas cardiacas, debe solo fallarle el ventrículo izquierdo del corazón, si le falla también el derecho no es apto. Por eso la importancia de un diagnóstico rápido, para que más personas puedan tratarse a tiempo.
Si la persona es apta, la EPS corre con todos los gastos y con el papeleo para que el afecatdo tenga acceso.
Pero, ¿qué pasa con las personas que están alejadas de las grandes clínicas y tienen insuficiencia cardiaca?
La doctora María Juliana propone redes de salud entre clínicas, incluso en zonas rurales donde hay menos posibilidades de que lleguen estas tecnologías. También debe haber un acompañamiento de teleconsultas y un apoyo constante de las clínicas de las grandes ciudades como lo son las de Bogotá y Medellín.
“Después de la pandemia hubo un aumento de tecnologías para combatir las enfermedades cardiovasculares y actualmente no se concibe una clínica que ofrezca seguridad y eficiencia si no hay innovaciones. Es necesario que todas las personas tengan derecho a este tipo de dispositivos si lo requieren”, explica la doctora.