Si no fuera por la luz y por la limitación del ojo humano, podríamos ver, en cualquier noche despejada, todo lo que hay en el universo, más allá del sistema solar: estrellas, galaxias, uno que otro cometa y varios asteroides, todos los planetas, agujeros negros, nebulosas, cúmulos esterales, centauros, objetos transneptunianos, planetas enanos, podríamos ver una estrella morir. Podríamos ver, incluso, las dos lunas de Marte y hasta las 79 de Júpiter y las 82 de Saturno. Pero el ojo no es tan poderoso como un telescopio, ni siquiera como el más simple de los binoculares, entonces gran parte del universo se nos esconde porque solo percibimos un rango de luz específico.
De hecho, lo único que vemos sin ninguna ayuda en las noches sin nubes y alejados de las luces artificiales de la ciudad son algunas estrellas, cometas, meteoros, los planetas más cercanos a la Tierra (Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno) y cuatro de las billones de galaxias que existen: Andrómeda, la del Triángulo y la gran y la pequeña nube de Magallanes. La buena noticia es que hay muchas herramientas tecnológicas que permiten seguir conociendo el universo, el cielo, que ha sido la guía de los hombres y las mujeres desde los inicios de la historia.
Pero, ¿cómo diferenciar una estrella de un planeta?, ¿o un meteoro de un meteorito? Le presentamos esta guía, de la mano de la doctora Luz Ángela García, investigadora de la Universidad ECCI; Pablo Cuartas Restrepo, profesor de Ciencias Planetarias del pregrado de Astronomía de la Universidad de Antioquia; y Mauricio Arango, divulgador del Planetario de Medellín, para entender un poco más el cielo, para que cuando vea una estrella fugaz entienda que en realidad no es una estrella; para que cuando encuentre un trozo de piedra caído del cielo no le vuelva a decir asteroide y para que reconozca qué fue esa luz que vio: si fue un cometa, un avión o un meteoro. El mapa le indica cómo reconocer diferentes objetos y el texto profundiza en algunos de ellos.
Cometas, asteroides, meteoros y meteoritos:
Los cometas y los asteroides son fenómenos astronómicos porque son cuerpos que orbitan en el espacio. Los cometas están compuestos por roca en menor parte y, sobre todo, por hielos, agua, y otros como amoníaco y metano. Orbitan, vagan, por todo el Sistema Solar, pueden venir desde tan lejos como Neptuno, el Cinturón de Kuiper o desde la frontera entre el Sistema Solar con la nube de Oort. Fueron casi todos expulsados de este Sistema por su interacción gravitacional con los planetas gigantes y, de vez en cuando, se acercan al Sol. Cuando lo hacen, el hielo que los compone se sublima, se calienta, se convierte en gas, y por eso los cometas se diferencian a simple vista de los asteroides porque se les forman colas de gas, de ese material sublimado y arrastrado por el Viento Solar. Los cometas sí se pueden ver desde la Tierra gracias a esas colas.
Los asteroides se diferencian de los cometas por su composición, tamaño y su ubicación alrededor del Sol. Están en órbitas cercanas al Sol, nunca más allá de Júpiter sino cerca a los planetas interiores, y la mayoría en el cinturón principal de asteroides que está entre Marte y Júpiter. Son restos de la formación de los planetas del Sistema Solar, por lo que están hechos de la misma roca de la que está hecha la Tierra, de silicatos y metales. Como no reflejan casi luz por su material y son pequeños y sin colas, no se ven desde la Tierra a simple vista.
Los meteoros y meteoritos son fenómenos atmosféricos porque se dan dentro de la Tierra, en su atmósfera, y ambos pueden ser restos o pedazos de asteroide o de cometa. Los meteoros son esos restos que entran, que se calientan y se subliman por la fricción al entrar a grandes velocidades en contacto con el gas atmosférico. Popularmente se les ha llamado “estrella fugaz” porque pueden generar luz, brillo, en esa entrada al planeta y cuando son mucho más brillantes se les conoce como bólidos.
La mayoría de los meteoros se queman por completo, pero otros, tal vez muy grandes, no se deshacen del todo y alcanzan a chocar contra la superficie de la Tierra o caen al mar. Esa roca resultante que llegó al suelo, que usted o alguien se encontró en algún lugar del mundo, es lo que se conoce como meteorito.
La Luna y el Sol
Las lunas son satélites naturales de los planetas. La Tierra tiene una, Marte dos que son asteroides atrapados por la gravedad, Júpiter 79, Saturno 82, Urano 27 y Neptuno 14, pero hay otros objetos, como los planetas enanos, que también tienen.
El Sol, por su parte, es una estrella (Ver siguiente apartado). Casi todos los fenómenos asociados a la Luna dependen de su relación con el Sol, menos uno, y ambos cuerpos se pueden ver desde la Tierra, aunque la Luna no posea luz propia sino que es de hecho uno de los objetos más opacos de todo el Sistema Solar que refleja la luz del Sol.
Las fases de la Luna, que se observan cada 28 días que es el tiempo que le toma darle la vuelta a la Tierra, están relacionadas con su posición frente al Sol: se ve desde acá cómo diferentes partes de su superficie son iluminados por la luz solar a medida que se va moviendo. La Luna llena es cuando el sol está de frente y esa luz completa se refleja contra la Tierra, está menguando cuando esa posición va cambiando y no se refleja una parte de la luz y la Luna nueva es cuando desde la posición de la Tierra no se alcanza a ver ninguna parte de la Luna iluminada por el Sol, entonces esta “desaparece”. Cada siete días este satélite cae sobre alguna de las fases. El Sol siempre ilumina a la Luna de igual forma, lo que cambia es la posición de la Tierra.
Los eclipses son una obstrucción de la luz que depende de la posición entre la Luna, el Sol y la Tierra. Uno solar es cuando a la Tierra no le llega la luz de esta estrella porque la Luna se atraviesa justo por delante y en medio de ambos. El lunar, en cambio, es cuando es la Luna la eclipsada y se le ve roja porque la Tierra se “ubicó” en el medio entre la Luna y el Sol.
La marea gravitacional es el único fenómeno de la Luna independiente del Sol y consiste en que la Luna, por tener masa, ejerce interacción gravitacional sobre la Tierra, una fuerza de gravedad, que se manifiesta con deformaciones de la superficie. Un claro ejemplo es el aumento del nivel del mar que se da dos veces al día.
El Sol, por su parte, no tiene fases, pero sí ocurre que cada 11 años este aumenta su actividad magnética, ocasionando más manchas solares, fulguraciones, eyecciones de masa coronal, tormentas solares, entre otros.
Estrellas, galaxias y nebulosas
Las estrellas son gigantescas bolas de gas ardiendo llamado plasma, que viven en promedio 10.000 millones de años y que son tan grandes, millones de veces el tamaño de la Tierra, que no se puede comparar con nada a escala humana. Emiten luz producida por la fusión nuclear del hidrógeno en helio y de elementos más pesados en su núcleo, como si fueran centrales nucleares produciendo todo el tiempo energía. Generalmente, estas estructuras son de tipo esférico debido a la gravedad y tienen una temperatura característica que es la que define su color y permite estimar su tiempo de vida porque, eventualmente, mueren.
Pueden nacer pequeñas y frías (llamadas estrellas rojas); gigantes, potentes y calientes (las azules o blancas); o de medianas potencias, como el Sol (amarillo o naranja). Cuando van a morir, se vuelven más grandes, potentes, y generan más energía, hasta que se consumen y se gastan todo el hidrógeno. Las que nacen más masivas mueren más rápido (en la mitad del tiempo de nuestro Sol) y se convierten en estrellas de neutrones o agujeros negros estelares; y si nacen frías, débiles, con poca masa, viven más tiempo. Una gigante azul, por ejemplo, es joven pero potente, que morirá rápido, en 2.00 millones de años, pero una enana roja, chiquita, con poca masa, fría, puede vivir 20.000 millones de años. Una supernova es una etapa intermedia, de las últimas, cuando la estrella explota, libera mucho material y se forman las altas energías que crean los demás elementos que vemos en la tabla periódica. Su muerte podría verse desde la Tierra, ya la humanidad lo ha hecho en su historia: es como si toda la luz de la estrella alumbrara, por un momento, todo el planeta. El Sol no morirá así porque no nació gigante y masivo sino con temperatura y masa media. La muerte no será tan violenta y con un evento energético tan grande sino que se convertirá en una enana blanca.
De todo este proceso de vida y muerte es que surgen los cadáveres de las estrellas, los agujeros negros, estrellas de neutrones, magnetares, supernovas, enanas blancas. Y para diferenciar, desde la Tierra, a las estrellas, se debe tener en cuenta su masa, edad, metalicidad, si hay movimiento aparente en el cielo, teniendo en cuenta que solo se ven en la noche aquellas cuyo brillo es menor al del Sol.
Una galaxia es un sistema de estrellas y de materia interestelar; como una colección de millones de billones de estrellas que se han formado e interactúan gravitacionalmente. Todas las estrellas pertenecen a una galaxia y los planetas, las lunas, las rocas espaciales, son todos remanentes de las estrellas, polvito de esa formación. Nuestra galaxia es la vía láctea. La mayoría tienen agujeros negros supermasivos en su centro y eso las lleva a que orbiten en un plano, por lo que las estrellas, en el interior, rotan alrededor de ese centro. Algunas galaxias se ven rojizas, porque casi no están formando estrellas nuevas, y otras se ven azules, con gran actividad de formación de estrellas llenas de hidrógeno.
Un clúster es una estructura que consiste en cientos de miles de galaxias que forman una agrupación y que tienen 1.000 millones de millones de soles. Son las estructuras más grandes y extensas que hemos observado en el universo y contienen los grupos de galaxias. Como ejemplos están el de Virgo o el de Hércules.
Otros cuerpos y objetos que se ven desde la Tierra
Desde la Tierra también se ven algunos satélites artificiales llevados al espacio por el humano, se ve la Estación Internacional Espacial, algunos objetos voladores no identificados (que no quiere decir que sean extraterrestres o evidencia de vida de otros planetas), nebulosas, que son nubes de gas y de polvo que brillan porque están excitadas por la luz de las estrellas; y se pueden ver las galaxias más allá de la vía láctea. Las constelaciones, por su parte, son figuras imaginarias creadas por la humanidad a partir de la posición de las estrellas, pero que no existen como tal. La astronomía moderna, aún así, ha dividido el cielo en 88 regiones y esas regiones tienen los nombres tradicionales de las constelaciones. Esas constelaciones se deforman con el tiempo y si alguien viviera 100.000 o 200.000 años notaría que esas figuras, como la Osa y Orión, cambiarían porque las estrellas se movieron.