Alas 6:00 a.m. una persona se levanta, desayuna, hace una hora de ejercicio, se baña, viste, peina o maquilla y sale de la casa. A las 8:00 a.m. ya está en el trabajo, donde permanece ocho horas y a eso de las 5:00 p.m. ya está libre para realizar otras actividades, como estar con su familia, salir con amigos, ir a cine, practicar algún deporte o realizar algún arte. A las 10:00 p.m. ya está en la cama, listo para dormir y cumplir con ocho horas de sueño reparador.
En esta utópica rutina el número ocho parece ser el ideal: ocho horas de descanso, ocho de trabajo y ocho de actividades menos demandantes. Esta división no es arbitraria, sino que, según Johnny Orejuela, coordinador de la Maestría en Psicología del Trabajo y las Organizaciones de la Universidad Eafit, obedece al ciclo circadiano. Este, según el Instituto Nacional de Cáncer de EE.UU., es un ciclo natural de cambios físicos, mentales y de comportamiento que experimenta el cuerpo en 24 horas, que se ve afectado por la luz y la oscuridad y que puede afectar al cuerpo y sus funciones, causando desde obesidad hasta trastornos psicológicos como depresión o bipolaridad.
Este número mágico, sin embargo, se ha roto. Las empresas aumentaron la demanda laboral y las personas pasaron de trabajar las 40 horas sugeridas a 55 o incluso más. De hecho, se estima que 9 % de la población mundial trabaja más horas de las recomendadas, según la Organización Mundial de la Salud, OMS.
Así, de acuerdo con el médico y cirujano de la Universidad de Antioquia y especialista en Salud Ocupacional del CES, Santiago Ospina, la rutina real de muchos trabajadores dista de la mencionada al inicio. En esta, la persona, por la falta de tiempo y el aumento de responsabilidades, desplaza otras actividades a las que debe dedicar tiempo y deja a un lado el ejercicio, los horarios de alimentación, el lavado de dientes, la higiene del sueño y hasta el masticar cada bocado de comida.
La OMS y la Organización Internacional del Trabajo alertaron por esta situación y estimaron que miles de personas mueren al año a causa de accidentes cerebrovasculares y enfermedades cardiacas causadas por extensas jornadas de trabajo. Aseguran que solo en 2016, 745.000 personas murieron por estas razones.
Las dos organizaciones destacaron dos formas en las que este exceso afecta la salud hasta el punto de llevar a la muerte: una es por el estrés psicológico que desencadena respuestas fisiológicas y enfermedades mentales y físicas, y la otra es por los comportamientos perjudiciales como fumar, beber o alimentarse mal.
La OMS y la OIT concluyen en que los más afectados fueron las personas entre 60 y 79 años que habían trabajado al menos 55 horas semanales cuando tenían entre 45 y 74 años, los hombres, que representaron 72 % de los casos, y las poblaciones que viven en el Pacífico occidental y el sudeste asiático.
El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, dijo en un comunicado que “ningún trabajo merece el riesgo de sufrir un derrame cerebral o una enfermedad cardíaca”, así que gobiernos, empleados y empleadores deben acordar límites y tomar acciones. Con esto concuerda Orejuela, quien agrega que siempre va primero la vida y que “tenemos que ser capaces de decir hasta qué punto el trabajo nos realiza para no agotar nuestra vida en él”.
Trabajar de más puede matar
En 2016, 398.000 personas fallecieron a causa de accidentes cerebrovasculares y 347.000 por enfermedades cardiacas por haber trabajado más de 55 horas a la semana, lo que representa un aumento de 19 % y 42 % respectivamente en los periodos anteriores a 2016 y hasta 2000, dice el estudio.
Este concluye que el exceso de trabajo aumenta el riesgo de accidentes cerebro cardiovasculares en 35 % y el de morir por cardiopatía isquémica (enfermedad que hace que las arterias coronarias se angosten y limiten la irrigación sanguínea hacia el corazón) en 17 %, en comparación con las personas que trabajan menos de 40 horas.
Orejuela explica que esto se debe a una serie de factores que, unidos, desencadenan ciertas condiciones. Así, “cuando el trabajo se intensifica, tengo menos tiempo para repararme y recuperarme. No solo aumenta el tiempo de la jornada, sino que además el sistema se precariza y terminamos absorbiendo labores y haciendo lo que dos o tres personas hacen y, además, tenemos tecnoestrés, donde la tecnología no permite distanciarnos. Súmele relaciones tóxicas laborales que aumentan el estrés emocional, contratos que duran solo meses, incertidumbre y preocupación y el nivel de presión e inseguridad que la competencia trae”.
El empleado termina sintiéndose insuficiente y, por miedo a ser despedido, trabaja más, lo que Orejuela denomina “servidumbre voluntaria”. Llega, incluso, a evitar contar si se enferma. Sin embargo, no es que el trabajador sea incapaz, sino que es culpa de la mala organización de la empresa.
El estudio resaltó que otro detonante de estas muertes son los comportamientos perjudiciales, como fumar, beber alcohol, consumir drogas, alimentarse mal o no dormir bien. Orejuela explica que los trabajadores, para soportar las condiciones de una tarea hiperexigente e intensificada, encuentran en estas adicciones formas de dopaje: “Tal como en el deporte, lo hacen para obtener mejor rendimiento, para alcanzar unas metas y expectativas que son inhumanas y niveles de productividad casi imposibles. El ideal está tan alto que el desempeño en el trabajo se ha convertido en un espectáculo que, de no ser alcanzado, traería culpa y depresión”.
Ospina agrega que estas sustancias son también una forma de aliviarse: “Toman bebidas energizantes para soportar el trabajo, fuman un cigarrillo para disminuir el estrés, un vino cada noche para conciliar el sueño o se emborrachan un fin de semana para olvidar el peso de las jornadas”. Esto logra el efecto contrario: “Se agudizan esas emociones iniciales y les da un bajón de ánimo que, al final, puede terminar en ansiedad, depresión y hasta intentos suicidas”.
Que los hombres sean más afectados que las mujeres tampoco es fortuito. El médico Ospina explica que las mujeres, mientras están en edad reproductiva (desde la primera menstruación hasta los 45 o 55 años cuando llega la menopausia), tienen una protección hormonal que disminuye casi en 100 % las posibilidades de un infarto o accidente cardiovascular, con algunas excepciones de casos congénitos o antecedentes familiares.
Otra razón podría ser la cultural. Por siglos las mujeres han sido relegadas a los trabajos caseros, mientras que los hombres acostumbraban a salir y tener otras labores. Ahora las oportunidades de trabajo se están igualando y, dice Ospina, es probable que en unas décadas, cuando se repita el estudio, los hombres y las mujeres tengan resultados similares en cuanto al riesgo de fallecer por estas causas.
¿Todo está en la mente?
No se puede separar la afectación física de la psicológica. Están ligadas. El estrés, por ejemplo, aunque es subjetivo, afecta el equilibrio homeostático biológico (entre todos los sistemas que el cuerpo necesita para funcionar).
“Puede subir los niveles de cortisol, afectando los neurotransmisores y llegando a alterar el sistema cardiovascular o el digestivo. Está comprobado que quienes se estresan tienen más problemas del corazón o colon irritable. Puede también generar desarreglo neurobiológico, liberando más noradrenalina que afecta la higiene del sueño y entre más estrés, menos duermo”, dice Orejuela.
Estos desequilibrios pueden desencadenar trastornos como el de ansiedad o la depresión o síndromes como el burnout o desgaste profesional (agotamiento mental, emocional y físico) o el de Karoshi (morir en el lugar de trabajo). Las personas pierden la capacidad de recuperar su sistema después del desgaste.
Ospina añade que el sueño es pieza clave: “Estás tan cansado que solo quieres dormir, somnoliento, y tu capacidad de estar alerta y tu sistema cognitivo se ve afectado. Duermes poco, te levantas varias veces en la noche y haces microsueños que no son reparadores, así que al otro día no tendrás energía y estarás temperamental”.
Dice que comer bien y a tiempo es también importante pues el hambre está en el mismo punto del cerebro donde está la rabia, así que si te saltas la comida te enojas más.
Sin contar la pandemia
El análisis de la OMS y la OIT consideró un periodo previo a la declaración de la pandemia por coronavirus, por lo que los resultados no incluyen el agotamiento laboral que puede traer consigo esta situación extraña. Sin embargo, señalaron que sí puede haber más presión sobre los empleados, sobre todo para aquellos que trabajan desde casa, por lo que los resultados podrían ser más preocupantes.
El director de la OMS Adhanom Ghebreyesus manifestó en el mismo comunicado que “el teletrabajo se ha convertido en la norma en muchas industrias, a menudo desdibujando los límites entre el hogar y el trabajo. Además, muchas empresas se han visto obligadas a reducir o cerrar sus operaciones para ahorrar dinero, y las personas que todavía están en nómina terminan trabajando más horas”.
Ospina cree que la pandemia desajusta la realidad de todo el mundo, que invalida la intimidad, que obliga a estar en las mismas cuatro paredes todo el día viendo a las mismas personas y que termina aumentando las jornadas que supuestamente son de ocho horas.
A eso se le suma que no todos los empleados tienen un espacio apto para trabajar, con buena iluminación, sin ruido, con silla ergonómica que permita una pantalla a 30 centímetros de distancia y los codos a 90 grados en línea con la mesa, sino que hay quienes conviven con niños o vecinos ruidosos, quienes no tienen conexión a Internet o quienes trabajan en un sofá, la cama o cualquier silla.
Por eso, recomienda a las empresas que cuando los picos de contagios bajan, los trabajadores vayan mínimo dos veces a la semana a la sede, pues eso implica que recuperen horarios de comida y de sueño, que se bañen, se vistan y elijan la ropa favorita, que se maquillen y perfumen y que se sientan funcionales, recuperando una rutina que es fácil perderla (12 días) y difícil de construir (más de 60 días).
Recomendaciones de expertos: ¿Cómo trabajar y no morir en el intento?
Salud integral
Los seres humanos tienen límites y es normal que, cuando no se cuidan, se enfermen. La salud es integral, por lo que los expertos recomiendan acudir con frecuencia a consultas de psicología, medicina general y nutrición. Toda persona, sin importar edad o condición social, debería asistir al menos una vez al año a los tres tipos de consultas.
Desde las organizaciones
Las empresas, que toman decisiones, deben hacerlo de forma responsable y los jefes deben tener liderazgo empático, evitando, por ejemplo, enviar mensajes a WhatsApp en horarios no laborales. Se debe evitar el abuso de autoridad, la burocracia y los horarios extenuantes y procurar que se respeten los horarios y las pausas activas incluso en teletrabajo.
Separar las emociones
Aunque algunas empresas venden la idea de que la relación empleado-empleador es como la familia, los expertos destacan que puede ser un discurso manipulador, por lo que se deben separar las emociones. La empresa tiene relación contractual y racional, “y uno no puede morir por la empresa cuando la empresa no muere por uno. Estas no son fábrica de felicidad”, dice Orejuela.
Cambio de esquema
Se están realizando estudios que cambian el esquema de ocho horas por solo seis. Esta teoría indica que se multiplica la productividad a pesar de trabajar menos tiempo porque las personas tienen más oportunidades de realizar otras actividades que los mantienen sanos, llenos de energía, motivados y recuperados.
Estilo de vida saludable
Aunque pueda sonar repetitivo, alimentarse bien (masticando correctamente), hacer ejercicio diario por al menos cinco días a la semana (350 minutos semanales o 150 mínimo), respetar los horarios de comida y sueño, hacer yoga o meditar, proyectar metas y obtener hábitos son clave para mantenerse sano y evitar complicaciones de salud.
40
horas de trabajo semanales son las recomendadas para mantenerse sano.