En el mundo hay más de 5 millones de personas que fueron concebidas en un laboratorio: eso es casi el doble de habitantes de Medellín. La unión de un óvulo con un espermatozoide, bajo el lente de un microscopio, y que luego se pone en el útero de las mujeres, es un procedimiento común con más de 30 años de historia. Se conoce como fecundación in vitro.
Lo novedoso de esta práctica es la inclusión de células madre en el proceso, cuenta María Lucía Gutiérrez, docente de la Pontificia Universidad Javeriana. “Según el último Congreso de la Sociedad Internacional de Células Madre, recientemente fue posible lograr con ellas sustratos parecidos al útero”, lo que permitió sobrepasar los límites de observación del cigoto (el óvulo fecundado) en laboratorio. “Eso nos lleva a pensar que podría ‘crearse’ un ser humano dentro de un laboratorio” sin la necesidad de pasar el óvulo fecundado al útero de una mujer, como ocurre actualmente.
Como en este nuevo avance, las células madre han sido claves en la historia reciente de la ciencia para el estudio de la biología celular, que estudia el comportamiento de las cerca de 30 billones de células que dan estructura y funcionalidad al cuerpo. Así mismo, han sido utilizadas para probar la seguridad y la eficacia de medicamentos, e incluso, como tratamientos enfocados en medicina regenerativa, haciendo uso de su capacidad de regenerar células sanas para reemplazar células afectadas o dañadas.
Qué hay en ellas
Las células eucariotas, que son las de animales y vegetales (las de bacterias se llaman procariotas), lucen, a nivel microscópico, muy similares: redondeadas y muy cercanas unas de otras. Sin embargo, según el lugar del cuerpo en el que se encuentren, tendrán diferencias tanto morfológicas (pueden ser ovoides, fusiformes, estrelladas, etc) como en relación a sus funciones, por ejemplo, las que están en el paladar protegen contra daños mecánicos y microorganismos, y las del intestino son buenas absorbiendo nutrientes.
Al hablar de células madre se hace referencia a un tipo de célula que puede “dar vida” (dividiéndose) a cualquiera de las demás, con una función especial, según el ambiente en el que se encuentren. “Decimos que tienen una división simétrica porque, por un lado se divide y puede producir una célula igualita a ella (también madre), y por otro producir una célula distinta”, explica Gutiérrez.
Entre otros datos está que logran, por definición, muchas divisiones celulares. La piel, por ejemplo, se renueva cada 28 días y hay células madre que siempre están produciendo progenitoras para que los tejidos puedan mantenerse en óptimas condiciones. Sin esa renovación sería insostenible el proceso.
En términos prácticos, explica Héctor Ortega Arellano, PhD en Ciencias Básicas Biomédicas y líder científico del banco de células bioXcellerator, las células madre son “la materia prima” de los tejidos que constituyen el cuerpo puesto que “es a partir de ellas que se generan las demás células especializadas para cumplir diferentes funciones específicas en el organismo”.
Más que curar
Durante algún tiempo se tuvo la única certeza de que las células madre solo podían autorrenovarse y diferenciarse en células especializadas (produciendo células sanas) cuando ocurría una lesión. No obstante, narra Ortega, actualmente se conoce que apenas del 2 al 5 % de las células madre realizan esa función.
“En la literatura científica se ha reportado que aproximadamente de un 95 a un 98 % de las células madre actúan como pequeñas biofábricas / farmacias liberando moléculas y factores de crecimiento de forma continúa”, lo que quiere decir que cuando hay una lesión en los tejidos, las células madre alojadas en este lugar actúan secretando moléculas (citocinas y factores de crecimiento) con propiedades que favorecen los procesos de regeneración tisular (sustitución por tejidos nuevos) y modulación de la inflamación.
Desde finales de la década de los 60, Thomas Hunt Morgan utilizó células madre tomadas de médula ósea, usadas hoy en el ámbito clínico (cuando se habla de trasplante de médula ósea) para reponer las células que son lastimadas o eliminadas por la radioterapia en pacientes con cáncer. “No es algo nuevo, lo que está siendo evaluado ahora, por ejemplo, es que si se me daña el riñón, en lugar de tener que recibir uno de un donante, se pueda reparar el daño a través de células madre”, cuenta Gutiérrez.
Actualmente, el entendimiento de los mecanismos celulares ha incrementado la evidencia científica (sobre todo a nivel internacional) que respalda el uso de células madre para tratar patologías como enfermedades osteo-articulares, úlceras en la piel, calvicie, enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson, y procesos inflamatorios crónicos como aterosclerosis, artritis reumatoide, lupus eritematoso y esclerosis sistémica, patologías que, señala Ortega, están incluidas en las recomendaciones científicas sobre clasificación de medicamentos de terapia avanzada de La Agencia Europea de Medicamentos.
Los avances y una mayor especialización estaría orientada a futuro hacia la combinación de terapias avanzadas: terapia celular (implantación de nuevas células en un tejido), terapia génica (sustitución de genes defectuosos por genes sanos) e ingeniería de tejidos (combinación de células y moléculas biológicamente activas para crear tejidos funcionales), lo que permitiría la realización de tratamientos dirigidos y personalizados hacia pacientes con condiciones de salud específicas. “Las células madre son un pilar fundamental no solo para el futuro sino también para el presente, representan uno de los mayores avances en salud permitiendo mejorar la calidad de vida de muchas personas”, concluye Ortega.