Como cualquier ser u organismo vivo que habita este planeta, la Tierra misma tendrá su último suspiro. Nació, creció y morirá. No lo hará sola, la acompañará, entre otros, el Sol.
De por sí, ya ha sido un reto para los investigadores entender cómo se crearon el universo, las estrellas, los planetas y descifrar cómo apareció el primer rastro de vida que, después de miles de años de evolución, resultó en los seres humanos.
Más difícil podría ser definir cómo ocurrirá algo que no ha pasado ni pasará en al menos 3.000 millones de años: el final.
Sin embargo, sí hay teorías. Estas no solo explican cómo podría morir este y los planetas vecinos, sino que, además, estiman también cómo desaparecerán los organismos más complejos, como humanos y demás animales.
Así, habrá un momento en el que el mundo dejará de ser habitable incluso para los microorganismos más simples y, de acuerdo con Pablo Cuartas Restrepo, profesor de Ciencias Planetarias de Astronomía de la Universidad de Antioquia, esto ocurrirá relativamente pronto para las cuentas de la astronomía –que son difíciles de percibir para los seres humanos –, “en tiempos geológicos 3.000 millones de años no son nada comparados con lo que ha vivido la Tierra. Cuando el Sol envejezca, aumentará la luminosidad y, a la vez, la cantidad de energía que produce. Eso pasa con todas las estrellas”.
Al ser cada día más luminoso, llegará un momento en que se convertirá en una gigante roja (consume el hidrógeno del núcleo, lo convierte en helio y comienza a quemar hidrógeno), se hinchará y terminará por devorar a Mercurio, Venus y la Tierra.
Mientras esto ocurre, según Cuartas, “llegará tanta radiación que los océanos se van a evaporar y el planeta dejará de ser habitable”. Al tiempo, el Sol se irá enfriando y, cuando por fin muera, esa estrella pasará a ser llamada una enana blanca.
Un estudio publicado en la revista Nature, que captó en 2015 la destrucción de otro sistema por un telescopio de la Nasa, da una idea de cómo será para este sistema solar. Cuando el hidrógeno se le acabe al Sol, este quemará otros elementos más pesados, como el carbono, oxígeno y helio, y se expandirá masivamente hasta consumir a los planetas más cercanos y, finalmente, se convertirá en una enana blanca que será solo del tamaño del núcleo de la Tierra.
Si este planeta sobrevive a esa expansión, igual podría terminar destruido en pedazos mientras esa nueva enana blanca la atraiga con la gravedad.
Puede sonar fatalista y que no haya hacia dónde escapar. Pero, si lo hace sentir mejor, la Tierra no es la única: este planeta es solo uno de muchos y el Sol es una de cientos de millones de estrellas de una galaxia de las miles del universo observable. Ya esto ha ocurrido en otros sistemas, todas nacen y mueren pero, al menos, no ocurrirá hasta dentro de muchos años porque este Sol está en la mitad de su vida.
Además, los expertos estiman que a ninguna especie actual le tocará vivenciar esto porque, o morirán mucho antes o lograrán habitar otras zonas del universo (ver Para saber más).
Los animales se irán primero
La Tierra es habitable porque se encuentra a la distancia justa, ni muy cerca ni muy lejos, del Sol, para que la temperatura no esté, al tiempo, ni muy fría ni muy caliente. “Es la necesaria, con la atmósfera tenemos agua, llega la energía justa del Sol, tenemos un campo magnético que nos protege de rayos solares y vientos cósmicos y eso, sumado a todas las condiciones, es ideal para la vida”, continúa Cuartas, “si hubiera más energía los océanos se evaporarían y no tendríamos agua física en la superficie y si llegara menos, se congelaría todo”.
Cualquier cambio podría ser mortal para muchas especies, puede que no para todas, y ya ha ocurrido en el pasado. La Tierra se ha congelado varias veces y la vida continuó, aunque algunas se extinguieron: “En los últimos 500 millones de años ha habido cinco grandes extinciones masivas en donde hasta el 90 % o 95 % de especies desaparecieron, pero otras siguieron”.
Entonces, son muchas las posibilidades que podrían acabar con los humanos y con la mayoría o todos los seres complejos que se conocen hoy, desde los mamíferos hasta reptiles, aves, insectos y demás. En estos casos, los únicos que sobrevivirían siempre son las bacterias, extremófilos y los microorganismos más simples, a quienes poco les importan los cambios de temperatura.
Mauricio Corredor Rodríguez, doctor en Genética y profesor del Instituto de Biología en la Universidad de Antioquia, explica que puede haber eventualidades, antes de que el Sol se trague a la Tierra, que podrían acabar con estas formas de vida compleja. El calentamiento global, dice, es una de ellas, y este puede ocurrir de forma natural o provocada, perjudicando a gran cantidad de especies aunque no a todas.
Cuartas concuerda: “Si hay un cambio climático global suficientemente desastroso, nos quedaremos sin recursos. Eso le pasó a los neandertales, se murieron de hambre porque el planeta se congeló. Nosotros podríamos no adaptarnos o, en cambio, encontrar las herramientas para hacerlo o, incluso, para habitar otros planetas”.
Oscar Mesa, profesor titular de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Colombia, explica que el cambio climático no acabará con la vida humana o la animal en sí, sino que hará perturbaciones fuertes que afectarán a unos más que a otros y que terminarán en desplazamientos y otras limitaciones y que serán las tormentas o las olas de calor las que sí podrán matar a miles.
Dice, además, que la deforestación y la sobreexplotación de recursos sí son más dañinas y llevan a la extinción, pero que la Tierra es resiliente, se puede recuperar y eso permite que nuevas especies se desarrollen.
Otra posible extinción masiva (aunque puede que no completa) podría ser a causa de un asteroide que nos impacte: “Eso pasó con los dinosaurios y el 75 % de las especies de ese entonces, que no sobrevivieron a los efectos climáticos”, añade Cuartas.
Corredor dice que, aunque es poco probable, ya hay registro de que haya ocurrido dos veces y podría volver a pasar. Una, la ya mencionada, fue hace 65 millones de años y la otra, hace 250 millones, terminó con el 90 % de las especies.
Este último cuenta que otra forma son las supernovas (explosiones estelares) que emiten radiaciones de muones (radiación natural generada por rayos cósmicos) que han generado grandes extinciones, una hace 400 o 450 millones de años terminando con el 85 % de la vida de ese entonces y otra posiblemente 100 millones de años después.
La explosión de un supervolcán, como el de Yellowstone en Estados Unidos, podría también ser mortal al ocasionar cambios medioambientales por muchos años y en gran cantidad del territorio mundial.
De hecho, Modesto Portilla Gamboa, geólogo y profesor de Vulcanología de la Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, explica que también hay registro de grandes eventos de extinción a causa de los procesos volcánicos que cambian las condiciones atmosféricas y que hacen que muchas especies no pueden vivir en las condiciones ambientales a las que están acostumbradas. “Es un proceso natural y, si no hubiera ocurrido, no estaríamos nosotros aquí hoy. Conlleva cambios drásticos cuando hay suficiente cantidad de emisión de gases”.
Aún así, dice el profesor John Jairo Sánchez Aguilar del Departamento de Geociencias y Medio Ambiente de la Universidad Nacional dice que hay evidencia de al menos dos veces en la historia geológica del planeta donde hubo un fenómeno llamado catástrofe atmosférica con radiación cósmica en los cuales los volcanes sirvieron como mecanismo de recuperación. “A través de ellos el planeta regeneró su atmósfera y proveyeron los gases necesarios”.
Otras teorías hablan de guerras nucleares e invasiones extraterrestres pero, lo cierto es que, pase lo que pase, la vida bacteriana podría sobrevivir a todos estos escenarios antes mencionados. Esta solo acabará cuando la Tierra sea estéril o cuando desaparezca por completo.
Las dueñas del mundo
Se dice que los humanos son la especie más evolucionada. Sin embargo, son sensibles a todos los escenarios mencionados anteriormente y, sin la tecnología, no podrán sobrevivir a ellos.
Las bacterias, en cambio, son las verdaderas dueñas no solo del planeta sino de cada humano. De hecho, dice Cuartas, hay más bacterias en cada ser humano que personas en la Tierra.
A ellas no les importa si hace frío o calor. Ya les ha tocado sobrevivir en ambientes congelados varias veces y son muy resistentes a las altas temperaturas. “Los cambios climáticos afectan sobre todo a animales y a la biodiversidad”, continúa, “pero la vida simple seguirá estando y solo desaparecerá cuando el Sol evapore toda el agua líquida de la superficie y cuando por fin muera con la Tierra”.
Corredor cuenta que para estos organismos y para muchas plantas calentar el planeta resulta hasta benéfico no solo por la reproducción, sino también por las cantidades de CO2 que les permitirá producir más oxígeno.
Podrían sobrevivir al calentamiento global, a los volcanes, a meteoritos que impacten con la superficie y a otras condiciones extremas. A lo que sí no podrán sobrevivir es a la muerte del Sol.
“Cuando este deje de brillar como lo ha hecho, será el fin de todo lo que conocemos. La vida en la Tierra depende de la luz y, de todas formas, no se podrá hacer nada porque no va a haber planeta. Se quemará todo lo que es orgánico y solo quedará lo metálico y ese será el final definitivo”.
La única forma en la que los humanos podrían sobrevivir a esto, suponiendo que superaron todas las posibles causales de extinción, sería si se mudaran a otras zonas del universo, ¿será posible?
Pasos para habitar otros planetas
Los seres humanos ya están desarrollando esfuerzos para lograr habitar otros planetas o zonas del universo.
Recientemente, por ejemplo, con la misión Perseverance de la Nasa a Marte se busca continuar analizando las condiciones de este planeta vecino para, posteriormente, ver si su suelo puede utilizarse para sembrar plantas y alimentos, se están ideando árboles artificiales que produzcan oxígeno y buscando nuevas formas de combustible para los viajes tripulados.
La misión Artemisa de la misma agencia espacial que busca llevar a la primera mujer y al próximo hombre a la Luna espera, también, convertir a este satélite natural en una primera parada para viajes más lejanos. Así, con el tiempo, esta especie podría encontrar formas de vivir más allá de la Tierra.