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“El silencio de Petro ante los acontecimientos en Venezuela no parece ser un descuido, sino más bien una muestra de complicidad”.
Durante el año y medio que lleva como jefe de Estado, el presidente Gustavo Petro no ha mostrado ni el más leve recato a la hora de expresar opiniones sobre asuntos internos de otros países: se les ha metido al rancho a las naciones vecinas sin contemplaciones.
Sin embargo, Petro no se ha comportado igual con respecto a la suspensión de la candidata María Corina Machado y a las maniobras de la dictadura de Maduro para obstruir elecciones libres en Venezuela en 2024. Por el contrario, ha mantenido un silencio que difícilmente se puede interpretar como un acto de prudencia.
Recapitulemos. Petro se metió en Perú, cuando Pedro Castillo intentó dar un golpe de estado. Y en ese caso, a pesar de que organismos como Human Rights Watch y la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenaron a Castillo; el presidente Petro lo defendió diciendo que tenía derecho a “ser elegido” y argumentó que como presidente había sido “arrinconado desde el primer día” por ser “profesor de la Sierra”.
Gustavo Petro también se metió en Chile, en septiembre de 2022, cuando el pueblo chileno, con más del 60% de los votos, rechazó el plebiscito que debía aprobar la nueva Constitución. Petro atacó a esa mayoría chilena alegando que significaba la resurrección de Pinochet.
En el caso de Argentina, cuando se solicitó la prisión de Cristina Kirchner, Petro suscribió una carta de apoyo a la entonces vicepresidenta, interpretando la situación como una “persecución judicial injustificable”.
Por no hablar de las batallas verbales que ha sostenido con Javier Milei, presidente de Argentina, y Bukele, presidente de El Salvador. Y el episodio reciente en Guatemala, donde protagonizó un connato de alboroto diciendo que querían torpedear la posesión de Bernardo Arévalo.
A pesar de todo ese ruidoso activismo, de haber demostrado estar siempre listo para la protesta, ahora Petro se ha quedado completamente mudo frente a los evidentes ataques contra la democracia en Venezuela. El Tribunal de Justicia, integrado por magistrados oficialistas, inhabilitó a María Corina Machado para ocupar cargos públicos durante 15 años, y por ende no podría participar en las elecciones en las que buscaría derrotar a Nicolás Maduro, para las cuales el régimen no ha puesto aún fecha este año.
El abuso de poder por parte del régimen de Maduro es tan evidente y tan grosero que el resto de la región sí ha rechazado de manera enfática lo que está ocurriendo en Venezuela. Luis Almagro, secretario general de la OEA, escribió que se trataba de “claros objetivos de persecución política”, mandatarios de todos los matices hicieron lo propio: desde Francia y la Unión Europea, hasta Argentina, Uruguay, Ecuador, Chile, Panamá, República Dominicana, Guatemala, Paraguay y Costa Rica, han expresado su rechazo al trato contra María Corina.
Lo que deja aún peor parado al presidente Petro es que precisamente la candidata está siendo víctima de lo que él mismo ha criticado: que un tribunal le coarte sus derechos políticos. En este caso, el Tribunal de Justicia la acusa de cinco supuestos delitos, todos relacionados con el episodio Juan Guaidó, que como presidente de la Asamblea, quiso dar una suerte de golpe de Estado a Maduro.
Pero tal vez el verdadero “delito” de María Corina, que ganó con más del 90% de los votos las primarias de la oposición, se ha convertido en una contendora difícil de derrotar para un cada vez más debilitado Nicolás Maduro.
No es la primera vez que el gobierno de Petro, cuando se trata de Venezuela, entra en contradicción con los principios que supuestamente profesa. El año pasado vimos cómo luego de una reunión con Maduro en Caracas, Petro anunció que Ecopetrol podría asociarse con la estatal de petróleos del vecino país, PDVSA, para la exploración de campos de gas y petróleo en territorio venezolano. Como si, a diferencia de la extracción de crudo colombiano, la explotación de petróleo venezolano no agravara la “crisis climática”.
¿Qué es lo que ata de manera tan profunda a Petro con Venezuela? ¿Por qué lo acolita en tan reprochables acciones? Petro visitó cuatro veces al vecino país en apenas tres meses ¿Qué tanto tiene que hacer allá? ¿Acaso a Petro le están enseñando algo en el vecino país?
El silencio de Petro ante los acontecimientos en Venezuela no parece ser un descuido, sino más bien una muestra de complicidad.