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Petro le dio dos batacazos al país en materia de energía: Ecopetrol reportó la peor utilidad en más de 3 años, y sus representantes en la junta de ISA nombraron a Jorge Andrés Carrillo como presidente.
El presidente Gustavo Petro no deja de sorprendernos con el “cambio”. En menos de 48 horas le dio dos batacazos a Colombia en materia de energía: primero, Ecopetrol reportó la peor utilidad en más de tres años, y después, los representantes de Ecopetrol en la junta de ISA nombraron a Jorge Andrés Carrillo como nuevo presidente de ISA.
La designación de Carrillo cayó como un baldado de agua fría en Antioquia, donde fuimos testigos de cómo en su calidad de gerente de EPM exprimió y maltrató todo lo que pudo a esa empresa que ha sido la joya de la corona para los antioqueños.
La lista de desatinos de Carrillo, por no decir destrozos, es larga. Entregó el manejo de Afinia en malas manos lo cual le ha costado cientos de miles de millones de pesos a EPM; luego de varios intentos fallidos, y faltos de transparencia, le entregó el contrato de la segunda fase de Hidroituango a la empresa china que menos experiencia tenía y más cobraba; el contrato que firmó con Canacol para comprar gas también brilló por su falta de trasparencia, al punto de que luego de otorgado lo tuvo que reversar; barrió con toda la dirigencia que durante décadas mantuvo el ADN técnico de la compañía y entregó EPM con un déficit de caja de 5 billones de pesos. Cada uno de esos escándalos no es de miles de millones sino de billones.
Por otro lado, en cuanto a los resultados de Ecopetrol el reporte trimestral dejó en evidencia cómo se han acumulado dos años consecutivos de caídas en sus utilidades trimestrales con respecto al mismo periodo del año anterior. Cifras que han opacado el hecho de que la compañía ha mostrado buenos resultados operativos, pues está produciendo más hidrocarburos y refinados que en el segundo trimestre del año pasado.
Existen serias razones para estar preocupados por Ecopetrol, y la mayoría de ellas están relacionadas con su actual dueño. A pesar de que Ecopetrol pertenece a todos los colombianos, y a miles de accionistas individuales, en la práctica es el presidente Gustavo Petro quien está ejerciendo el control, ignorando las prácticas de gobierno corporativo cruciales para manejar empresas de esta envergadura. La obstinación ideológica del presidente lo ha llevado a tomar varias decisiones que han perjudicado los intereses de la empresa.
Gran parte de la caída en las utilidades de la compañía, por ejemplo, se debe a un aumento en la tasa efectiva de tributación, que alcanzó el 42,4%, en gran medida debido a la sobretasa incluida en la última reforma tributaria. En otras palabras, de cada 100 pesos de ganancias de Ecopetrol, más de 42 se los lleva el Estado, dinero que, de todas formas, podría recibir posteriormente por dividendos.
Y lo más paradójico es que el crecimiento de la producción de Ecopetrol, que supera los 750 mil barriles diarios, se debe al incremento de producción petrolera en el Permian, región de Texas, Estados Unidos, en donde la petrolera colombiana utiliza técnicas de fracking. Este primer semestre, la producción bruta de Ecopetrol en el Permian creció 66%, convirtiéndose en la única responsable de las mejoras operacionales de la compañía. Sin esta zona, que depende del fracking, la producción de Ecopetrol en lo que va del año habría disminuido. ¿Quién sabe cuánto más habrían caído sus utilidades?
Cuán contradictorio puede ser el presidente Petro que mientras por un lado insiste en satanizar el fracking en Colombia, por otro lado presume del aumento de la producción de Ecopetrol que se da gracias al fracking.
Para agravar las cosas y en contravía de los intereses de la compañía y del país, el presidente Petro decidió vetar una oportunidad de crecimiento para Ecopetrol en el Permian. Se trataba de adquirir el 30% de los activos de Crownrock, propiedad de Occidental Petroleum, lo cual habría impactado positivamente la producción y la utilidad neta futura de la compañía. Sin embargo, rompiendo cualquier protocolo de buen gobierno corporativo y con el objetivo de insistir en su capricho ideológico de que Colombia abandone la exploración de hidrocarburos, Petro se opuso a la decisión y presionó a los miembros de junta directiva a que votaran en contra.
La combinación del deseo del presidente de manejar a Ecopetrol a su antojo, como si fuera su finca, y de nombrar un presidente en ISA sin importarle las denuncias de corrupción, representa una amenaza existencial para la sostenibilidad futura de la compañía y del país. La verdadera caída de Ecopetrol no radica en sus utilidades, sino en los estándares de su gestión.