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Un niño, y su monólogo pidiendo ayuda, son parte de la imagen de la campaña “Con mi cuerpo nadie se mete”. Se trata de poner barreras de protección claras a los menores de edad, para lograr que crezcan en un entorno a salvo de situaciones que puedan convertirse en vulneraciones de su integridad humana y sexual.
Hay aquí un tema de profunda significación e impacto en el desarrollo futuro de sus condiciones de salud emocional y física como individuos. De ahí el título de este editorial, respecto de la exigencia y el pedido de que crezcan como seres protegidos y sujetos conscientes de sus derechos a no ser violentados, física o sicológicamente, en sus entornos familiares, educativos y sociales.
Ellos son el futuro y por eso no se quieren en Medellín, Antioquia o el país, más historias de abuso o maltrato facilitadas y generadas por el descuido familiar, el desconocimiento (ignorancia) e indefensión de los niños. O por la imposición de actores involucrados en su desarrollo que, al verlos solos y sin voz, marcan e incluso destruyen y acaban sus historias de vida.
Promover una acción, una intervención a tiempo de las figuras familiares y de las autoridades sociales e institucionales, con información, buen trato y mecanismos de seguridad, se convierte no solo en el mejor plan de protección sino en la acción cierta y duradera de una sociedad en la que no habrá historias tristes relacionadas con los menores.
Que los niños crezcan seguros y con una sonrisa. Que los papás, los abuelos, los profesores y los vecinos les enseñen y les permitan cuidar sus cuerpos. Que haya un sentido compartido y general de la sociedad respecto del gran activo y de la importancia superior que tienen los niños. Que se les garanticen mecanismos de alerta y de seguimiento, en su desarrollo emocional y social, ya sea con sus familiares y sus entornos barriales y educativos, será el signo inequívoco de una Medellín, una Antioquia y una Colombia convencidas de que el futuro es para ellos, es con ellos y son ellos.
En condiciones comunitarias que no son ideales, en situaciones educativas vulnerables y en entornos familiares en los que faltan educación y solidez en valores y comprensión, hay que trazar rutas de prevención (alarmas y cuidados) y también de judicialización y castigo para los acudientes irresponsables y los abusadores de menores, en las etapas de su proceso formativo.
“Con mi cuerpo nadie se mete” convoca a la sociedad local y regional en todos sus niveles. Las autoridades de infancia que son transversales al proceso de desarrollo y protección de los niños. Es una campaña que invita a escuchar a los menores en los diferentes estadios de sus necesidades y pedidos de acompañamiento, con el fin de que no se vean afectados por actores (incluso muy cercanos en el ámbito familiar) que puedan alterar su salud emocional y física.
Medellín hace un llamado a su gente, la del territorio propio y la de sus vecindades, para alentar y fortalecer una cultura con familias, profesionales, maestros y conciudadanos, en la esfera pública y privada, capaces de construir condiciones y herramientas de salud, protección y justicia para sus niños: los suyos, los de ellos... y los nuestros.