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Estados Unidos se quedó pues solo en esta convocatoria, ya que ni sus principales aliados ni sus rivales se animaron a ir.
Esta semana se está desarrollando en Nueva York una de las citas más importantes de la diplomacia internacional: la Asamblea General de Naciones Unidas. Pero la ausencia de cuatro de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad ha hecho cuestionar la relevancia global de esta reunión que, se dice, ha ido perdiendo fuelle en los últimos años.
Y es que las profundas divisiones que se han generado entre diferentes países han hecho que cada vez sea más difícil reunir a los líderes de los estados miembros, cosa que quedó patente esta vez con la ausencia de los presidentes de China, Rusia, Reino Unido y Francia. Que Estados Unidos, representado por Joe Biden, haya sido el único de los cinco en asistir dice mucho del momento de debilidad por el que pasa esta institución. Sobre todo si tenemos en cuenta que el Consejo de Seguridad fue diseñado en sus orígenes para ser una fuerza poderosa que ayudara a mantener la paz y la estabilidad, pero con el paso del tiempo, ese papel se ha ido desdibujando.
Estados Unidos se quedó pues solo en esta convocatoria, ya que ni sus principales aliados ni sus rivales se animaron a ir. Una lástima para países menos poderosos precisamente porque el énfasis de este año es el “sur global”, ese grupo de naciones que ha tenido que afrontar situaciones muy complicadas mientras los ojos del mundo se centraban en el conflicto de Ucrania. Pensando en eso, Naciones Unidas propuso como temas de discusión el cambio climático, el alivio de la deuda externa y las distintas formas como se puede ayudar a los países en desarrollo a alcanzar las metas deseadas en tópicos tan importantes como el desarrollo, la prosperidad, la salud, la educación y la igualdad de género.
Precisamente de algunos de estos asuntos habló el presidente Gustavo Petro ayer, aunque decidió darle mayor énfasis en su discurso al problema de la migración, cuyas causas él centra en el tema del cambio climático. También aprovechó para hacer una fuerte crítica al capitalismo y solicitar que se hagan dos conferencias de paz: una para Palestina y otra para Ucrania. Aunque anecdótico, el hecho de que varios de los representantes se levantaran de sus puestos en el preciso momento en el que Petro iba a dirigirse a la Asamblea – porque justo anunciaron una pausa en ese instante – no sólo fue incómodo para el presidente, sino que deja la sensación del poco interés que despierta en muchas naciones lo que un país como Colombia tiene para aportar.
En todo caso, hay 140 líderes reunidos, todos con comitivas más o menos grandes, siendo una de las que más ha llamado la atención la del presidente en funciones del gobierno español Pedro Sánchez, quien solicitó acreditación para 107 personas, algo que fuentes diplomáticas no tardaron en calificar de “monumental”.
Pero tal vez de entre todos los asistentes, la presencia más destacada ha sido la del presidente de Ucrania Volodimir Zelensky, quien denunció ante los líderes internacionales que la Rusia de Vladimir Putin “está empujando al mundo a una guerra final”. Es la primera vez que asiste en persona – el año pasado lo hizo por videoconferencia - y su objetivo es convencer a líderes “tibios” de América Latina, Asia, África y Medio Oriente que lo apoyen. Quiere hablar con ellos de un plan de paz y para ello ha desplegado lo que en el oficio llaman una “ofensiva diplomática del encanto”: su agenda está llena de reuniones bilaterales en las que busca el cara a cara, como por ejemplo con el presidente Lula de Brasil o con el Primer Ministro israelí Bejamín Netanyahu.
¿Qué resultados darán los esfuerzos de este año? Está por verse. Que Vladimir Putin de Rusia y Xi Jinping de China no hayan asistido por segundo año consecutivo ya es significativo. Pero la estocada más fuerte, la que debilita profundamente el papel de esta Asamblea, es la ausencia del presidente Emmanuel Macron de Francia, la del primer ministro británico Roshi Sunak y la de Narendra Modi de la India. Cada uno expuso sus motivos, pero ninguno convenció.
La verdad es que las poderosas tensiones que se han desarrollado entre países están sobrepasando las habilidades y capacidades diplomáticas de esta organización. La Asamblea de la ONU nació para ser un escenario de discusión en el que cada nación pudiera exponer sus preocupaciones, debatir y encontrar soluciones conjuntas. Pero tal cual están las cosas, se está quedando rezagada.