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Gracias a la tecnocracia

La actual “cacería de brujas” dirigida hacia la tecnocracia, lejos de ser beneficiosa, podría tener consecuencias irreparables en la gestión de ciertas entidades estatales que hasta ahora han sido ejemplares.

08 de marzo de 2024
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  • Gracias a la tecnocracia

Bajo la presidencia de Carlos Lleras Restrepo, quien gobernó Colombia entre 1966 y 1970, se estableció en ciertas instancias del Gobierno Nacional una práctica que, con altibajos, ha persistido hasta hoy: la tecnocracia.

Este término ha sido muy criticado en los últimos días, especialmente por el presidente Gustavo Petro y sus seguidores más fieles, quienes lo han demonizado como si fuera la causa de todos los problemas que aquejan al país.

Sin embargo, a pesar de la mala fama que se le está creando, la tecnocracia, entendida como delegación a expertos técnicos en lugar de políticos electos para manejar ciertas entidades como el Departamento Nacional de Planeación, el Ministerio de Hacienda o el Ministerio de Minas y Energía, con una visión a largo plazo, ha sido uno de los pilares de la institucionalidad colombiana en comparación con otros países de América Latina. La actual “cacería de brujas” dirigida hacia la tecnocracia, lejos de ser beneficiosa, podría tener consecuencias irreparables en la gestión de ciertas entidades estatales que hasta ahora han sido ejemplares.

En Colombia, es común centrarnos en las problemáticas que nos afectan, con razón, ya que aún hay muchas por resolver. Sin embargo, al mirar hacia atrás en el tiempo, también podemos apreciar que muchas cosas han mejorado gradualmente, gracias en parte a las capacidades que la tecnocracia, en su equilibrio con el establecimiento político, ha aportado al Estado colombiano en los últimos 50 años.

Por ejemplo, aunque a menudo pasemos por alto debido a nuestra falta de experiencia con lo contrario, la estabilidad macroeconómica que hemos disfrutado los colombianos resalta por donde se le mire. Excluyendo el año de contracción debido a la pandemia, desde 1960, el Producto Interno Bruto (PIB) de Colombia solo ha tenido crecimiento negativo durante un único año: 1999, en medio de la crisis de la UPAC. En el mismo periodo de tiempo, Ecuador decreció en 5 años distintos, Chile en 7, Perú, Brasil y México en 8, Venezuela en 13 y Argentina, el polo opuesto, en 23 ocasiones. Según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI), en los últimos 20 años el PIB de Colombia aumentó 159%, una cifra por encima de la de Chile (138%), Estados Unidos (104%) o Brasil (100%).

Lo de Colombia ha sido un crecimiento y aumento de bienestar constante, en ausencia de algo por lo que son lamentablemente conocidos el resto de los países del continente: las hiperinflaciones. Mientras América Latina se hacía conocida internacionalmente por sus inflaciones del 1.000% y sus frecuentes crisis de deuda, el manejo técnico e independiente del Ministerio de Hacienda y el Banco de la República han protegido la credibilidad de nuestra moneda y de Colombia ante los mercados internacionales, preservando, al mismo tiempo, los ahorros de los colombianos.

De igual modo, en las últimas décadas, el país ha experimentado un avance significativo en prácticamente todos los indicadores sociales. En un periodo de treinta años, la incidencia de la pobreza multidimensional se ha reducido a un tercio de lo que era, mientras que el ingreso por habitante ha experimentado más que un doblaje en términos reales. Desde 1960 hasta hoy, la cobertura de la educación superior creció del 4% a más del 50%. Paralelamente, desde 1980, los años promedio de educación básica han aumentado en más del 40%. Durante el mismo lapso, como ya lo hemos dicho en otros editoriales, la cobertura de salud aumentó de menos del 30% a más del 99% de la población, con un gasto de bolsillo en salud que representa apenas la mitad del promedio observado en otros países de América Latina y es incluso inferior al promedio de los países miembros de la Ocde.

La creación de Ecopetrol como una sociedad por acciones en el 2003 y de la Agencia Nacional de Hidrocarburos, una idea de tecnócratas, habilitó el crecimiento del sector petrolero en el país y la consolidación de una de las petroleras gubernamentales más importantes del mundo, siendo el Estado colombiano el accionista mayoritario y permitiendo un mayor gasto social debido a sus transferencias al gobierno.

Después de los apagones que sufrió el país a principios de los años 90, la institucionalidad “tecnócrata” establecida en el sector, combinando capital público y privado, ha permitido superar fenómenos de El Niño y miles de atentados contra la infraestructura eléctrica sin tener que recurrir a un racionamiento de energía. Al mismo tiempo, la cobertura de electricidad ha aumentado entre el 96% y el 98%, cuando en los noventa era del 80%, con índices de calidad que mejoran continuamente.

Reconocemos que nuestro país no es perfecto y que la tecnocracia no está libre de críticas. No obstante, en momentos en los que está recibiendo numerosas críticas, es importante destacar sus éxitos. En lugar de debilitar las capacidades técnicas del Estado colombiano, lo que realmente necesitamos es reforzarlas..

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