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Mientras se agudiza la parálisis de los proyectos eólicos en La Guajira, al presidente Petro se le ocurre proponer un tren bala.
El anuncio de la multinacional portuguesa EDP Renewables de abandonar el país, dejando en el aire los dos más grandes proyectos eólicos que tenía previsto construir en La Guajira, es una confirmación de que en el Gobierno del Cambio la transición energética no pasará de ser más que un cuento, una narrativa, o en este caso, lo que antes llamábamos pura propaganda.
Después de los grandes esfuerzos que hicieron los dos últimos gobiernos, los de Santos y Duque para que Colombia saliera del gran rezago en la producción y uso de energías más limpias, en esta administración, la de Gustavo Petro –la que paradójicamente ha hecho más bulla con el tema–, por el contrario el viento parece estar soplando en contra y los anuncios del presidente Petro de acelerar la transición energética no pasan de ser solo palabras.
Aparte de satanizar el petróleo y el carbón y de compararlos con la cocaína, en más de dos años de su Gobierno no hay avances, no hay una hoja de ruta y, por el contrario, hay un gran retroceso. En el gobierno Duque, Colombia quedó en el tercer lugar en América Latina en el ranking de energías renovables y hoy está en el sexto lugar, después de Brasil, Uruguay, Costa Rica, Chile y Paraguay. En el Índice de Transición Energética del Foro Económico Mundial perdió 10 casillas, al pasar de la posición 29 a la 39.
Bajo la batuta de los exministros María Fernanda Suárez y Diego Mesa, se pusieron en marcha leyes, como la 2099 de 2021, para impulsar las energías renovables no convencionales, así como incentivos tributarios y se hicieron subastas para atraer la inversión en el sector.
Pero en este Gobierno comenzaron a cambiar las reglas de juego y no se apoyó a las compañías para solucionar los eternos problemas relacionados con las demoras en el otorgamiento de las licencias ambientales, las innumerables consultas previas –en el caso de la firma portuguesa las consultas pasaron de 56 a 125 comunidades–, a lo que se sumaron mayores costos de importación y de financiamiento, entre otros muchos factores.
Un directivo de EDP Renewables reconoció que en ningún otro país habían tenido tantos líos como los que se han presentado en Colombia. Por eso, a la multinacional no le quedó otra alternativa. Esta es una lamentable noticia para el país, que tiene un gran impacto en el sector y que se suma a las decisiones que han tomado otras grandes compañías, que tiraron la toalla a pesar de haber realizado millonarias inversiones para construir parques eólicos en La Guajira, uno de los departamentos más pobres y que estaba llamado a ser el hub o centro de las energías renovables no convencionales de Colombia por la potencia de sus vientos y su gran radiación solar.
Pero eso ya no será posible. Por lo menos, no en este Gobierno. Para entender lo que implica la salida de EDP Renewables hay que señalar que es el cuarto productor mundial de energía eólica, con presencia en 28 países entre los que se encuentran China, Estados Unidos, Japón y la mayoría de las naciones europeas.
En Colombia había aterrizado hace cinco años, en 2019, para construir los dos mayores parques eólicos, con una capacidad cercana a los 500 megavatios, que podrían abastecer el suministro de energía de tres millones de personas. Se trataba de los parques Alfa, de 212 megavatios, y Beta, de 280, ubicados en inmediaciones de los municipios de Maicao y Uribia, cuya explotación comercial estaba prevista para el 2022. Las inmensas turbinas y aspas de los gigantes movidos por viento llegaron al país hace dos años en 14 buques y reposaban en bodegas de La Guajira.
En ese momento, el presidente Petro publicó orgulloso un trino con una foto donde un carro se vería pequeñito frente a estas inmensas moles y dijo que le había puesto a la industria minera y metalúrgica hacer turbinas similares con tecnología nacional.
Lo ocurrido resulta aún más deplorable si se tiene en cuenta que con ese proyecto se podrían mejorar las tarifas de energía de los usuarios de los departamentos del Caribe. Pero, tras el anuncio de EDP, en lugar de anunciar medidas para impulsar el sector, al presidente Petro lo que se le ocurrió fue la idea de construir un tren bala en La Guajira. Parece estar listo para sacarse la foto y publicar el trino sacando pecho por logros de otros gobiernos, como si fueran suyos, pero a la hora de los problemas, que es para lo que de verdad se necesita a los presidentes, se hace el desentendido.
Lo cierto es que la firma portuguesa se cansó de esperar mejores vientos. Como se cansaron la italiana Enel, que suspendió la construcción de sus parques eólicos, Windpeshi, Tumawind y Chemeski o Celsia, que anunció que no hará los proyectos previstos en Uribia y Maicao y se irá al Perú a hacerlos.
La exministra María Fernanda Suárez lamentó la decisión de EDP y señaló que Colombia tenía todo para ser ganadora en la transición energética. Pero en el Gobierno del Cambio se perdió esta oportunidad dorada.
¿Cómo vamos a diversificar nuestra matriz energética y depender menos de las hidroeléctricas o de las plantas térmicas movidas con gas y carbón si el Gobierno está viendo cómo se están quedando enterradas millonarias inversiones para las energías renovables?