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Los días finales del gobierno de Quintero, así haya renunciado, son un monumento a la desidia. La imagen que lo simboliza es la de Quintero dedicando su tiempo a un vehículo Tesla en Miami, mientras que en Medellín se presenta un fallo general de servicios que la Alcaldía debe prestar”.
Los días finales del gobierno del alcalde Daniel Quintero han sido un monumento a la decadencia. Decimos “de su gobierno” porque si bien es cierto que Quintero renunció a la Alcaldía desde octubre, dejó al frente de ella a su secretario de Hacienda, uno de sus hombres de confianza en los cuatro años de mandato.
La imagen que simboliza esa decadencia no podía ser más potente: Quintero revisando en detalle un vehículo Tesla en Miami, mientras en Medellín estaban disparadas todas las alarmas por un fallo sistemático de los servicios básicos que debe prestar la Alcaldía. En este caso su alcaldía.
El viernes primero de diciembre, el rector de un colegio se comunicó con este diario angustiado: “No tenemos internet en los colegios. Así no podemos matricular a los estudiantes nuevos ni a los antiguos. No podemos dar certificados de estudio. No podemos hacer evaluación de desempeño de docentes. No podemos realizar ajustes de desertores. No podemos registrar las promociones de año ni las pérdidas de año escolar. No podemos hacer nada”.
Ese mismo día, los bomberos de Medellín se vieron en una encrucijada para sacar los vehículos con los que atienden emergencias porque tenían los Soat vencidos. Las directivas del DAGRD, las encargadas de pagar este seguro obligatorio, les aseguraron que sí habían pagado pero que era un error del corredor de seguros que no había cargado el pago en el RUNT. En audios internos se escucha como los amenazaron con sanciones en caso de no sacar los vehículos ese día.
El sábado 2, los que sintieron hasta qué punto ha llegado el desgobierno fueron los del Mercado de San Alejo: ese día no les llegaron los toldos que, desde hace 51 años, pone la Alcaldía religiosamente el primer sábado de cada mes para que ellos puedan vender sus artesanías o sus emprendimientos. La decepción fue mayúscula para los 360 comerciantes que esperan todo el año este sábado de diciembre que suele ser el que más utilidades les deja.
El martes 5 de diciembre –tal vez a la misma hora que a Daniel Quintero se le hacía agua la boca repasando el Tesla hasta por debajo de la carrocería– se dio el episodio más preocupante: decenas de médicos y empleados del Hospital General se volcaban a las calles de Medellín porque ya no aguantan las irregularidades en este centro insigne de la salud en Antioquia. En el Hospital General cerraron 15 camas de pediatría, 7 de ellas de cuidados intensivos; a los pediatras no les pagan desde octubre, y no hay insumos para hacer pruebas de sangre, cruciales para atender urgencias.
También estalló otra crisis en Metrosalud: se suspendieron los servicios de 30 anestesiólogos y pediatras en las unidades intermedias de barrios como Manrique y Belén, por los retrasos en los pagos a profesionales.
¿Y dónde está Quintero? ¿Por qué no pone la cara? Vale recordar que se ha denunciado ante la Fiscalía General como el Hospital habría sido “entregado” o presuntamente “vendido” por parte de su alcaldía a unos contratistas privados para su usufructo.
Pero sigamos con lo ocurrido en la semana. El jueves 7 de diciembre, la Alcaldía de Medellín se volvió a superar en su capacidad de improvisación: a última hora, anunció que el Festival Altavoz, el evento por excelencia del rock en Medellín, ya no se iba a hacer como ha sido en sus 19 años de existencia, en el estadio Cincuentenario, sino en el Hangar Park. Sí, esa carpa gigante que la alcaldía de Quintero le permitió montar a uno de sus contratistas consentidos en el parque Juan Pablo II, los mismos que pagan 29 millones al mes a la Alcaldía, pero pueden cobrar por alquilarlo, hasta $100 millones al día. ¿Cuánto les pagó la secretaría de Cultura para poner el Festival Altavoz allí?
Y para cerrar con broche de oro esta sobresaliente semana de la Alcaldía de Medellín, EL COLOMBIANO publicó que durante la administración de Daniel Quintero al parecer no tenían la costumbre de pagar los servicios públicos de la Alpujarra, ni tampoco los subsidios de agua, energía y gas de la población vulnerable. La misma que él tanto utiliza para hacerse propaganda. La Alcaldía le debe a EPM por esos conceptos 142.000 millones de pesos.
Eso pasaba en Medellín mientras que en los videos y fotografías que rodaron por redes sociales el martes, se ve a Daniel Quintero revisando con admiración el mencionado Tesla, un carro de alta gama, creado por Elon Musk, que puede costar hasta 600 millones de pesos o más sin contar el valor de la importación. Quintero estaba revisando unos papeles y viendo con cuidado los detalles del vehículo, según contó una de las personas que tomó las fotos. No hay prueba alguna de que lo estuviera comprando. Ni más faltaba ¿o es que de dónde podría sacar tanto dinero?