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Este minicaos aéreo es una muestra de lo que le puede pasar al país si sigue por el camino de perder su autosuficiencia petrolera por la terquedad de Petro de no firmar nuevos contratos de exploración de petróleo y gas.
Los colombianos nos enteramos el fin de semana de una noticia que nos dejó en vilo. Las principales aerolíneas del país comenzaron a cancelar vuelos porque no estaba garantizado el suministro de combustible para aviones. Nunca habíamos escuchado una noticia de esta naturaleza en el país.
Latam, por ejemplo, anunció la cancelación de 36 vuelos para el martes y Avianca alcanzó a anunciar la cancelación de 69 vuelos. La situación llegó a ser tan crítica que la Asociación Latinoamericana y del Caribe del Transporte Aéreo (Alta) formuló un llamado de urgencia a las autoridades para que trataran esta contingencia como un tema de Estado para evitar mayores impactos en los usuarios.
La situación llevó a que los ministros de Minas y Energía, de Transporte, y el presidente de Ecopetrol dieran una rueda de prensa para tratar de explicar por qué llegamos a esta situación y las medidas de emergencia que se iban a tomar.
Sucedió algo curioso. Mientras el presidente Gustavo Petro decía algo en su cuenta de X, el presidente de Ecopetrol, Ricardo Roa, decía otra ligeramente contraria en la rueda de prensa.
Petro escribía, ayer a las 8 de la mañana: “El insuceso de Reficar fue superado hace semanas sin problemas. La oferta de combustibles es plena”; mientras que Roa reconocía que la contingencia había provocado un déficit, que estaban cubriendo solo el 95% del contrato y para llegar al 100% tuvieron que apretar el acelerador para producir a partir del mediodía de ayer 5.000 barriles más de Jet A1 (combustible que usan los aviones), y que entre el 31 de agosto y el 2 de septiembre van a importar 100.000 barriles adicionales de JetA1 para “cubrir los inventarios agotados por la contingencia de la refinería” y la mayor demanda.
Quedan preguntas abiertas ¿Si hoy la refinería produce 13.000 barriles al día cómo va a pasar a producir 5.000 más? ¿El suministro se recompone de manera automática o algunos vuelos van a sufrir algunos días?
Si bien ayer en la tarde ya se dio un parte de tranquilidad, en el sentido de que ya estaba garantizado el combustible, puede ser útil hacer una reflexión sobre lo ocurrido.
El problema no era tan grande, porque se pudo solucionar a tiempo, o al menos ese es el anuncio del Gobierno, pero tampoco era tan leve como lo quiso hacer ver el Presidente.
En primer lugar, la carta de Terpel, que se filtró a la opinión pública, fechada el 16 de agosto indicaba que los niveles de producción de Ecopetrol estaban en el 95% frente a lo que prometió entregar y que en los próximos 10 días –es decir, a partir de ayer 26 de agosto–, no se contaría con la totalidad del producto necesario. Ese 5%, por más que pueda parecer una cifra menor, significa muchos vuelos cancelados.
En segundo lugar, ese déficit se produjo por una falla eléctrica en la refinería de Cartagena que produce dicho hidrocarburo. ¿Cuál es la causa de la falla técnica en la refinería de Cartagena? ¿Cómo se está manejando la refinería y Ecopetrol? ¿por qué no hay suficientes inventarios de combustible JET A1 para surtir las operaciones aéreas? ¿Por qué el gobierno no tomó oportunamente medidas de contención?
Más allá de que a última hora se haya solucionado –ojalá y así sea– no se puede perder de vista que se trata de nuevo de una improvisación del Gobierno que solo es atendida cuando les estalla en la cara. Desde hace 10 días Terpel había escrito esa carta y apenas, cuando se cumplieron los 10 días, Ecopetrol actuó.
Este minicaos en el sector aéreo es solo una muestra de lo que le puede pasar al país si sigue transitando por el peligroso camino de perder su autosuficiencia petrolera por la terquedad del presidente de no firmar nuevos contratos de exploración de petróleo y gas. ¿Si esto ocurrió por un apagón en Reficar, que le podrá pasar al país cuando quede abocado a un posible desabastecimiento de gas?
Cada vez son más los ejemplos que ponen al descubierto la improvisación del gobierno de Gustavo Petro. Hoy fue la falta de combustible para los aviones. La semana anterior fue la página de la Dian que no permitía pagar los impuestos. Llevamos un año saltando matones para producir los pasaportes. La Contraloría acaba de anunciar que al Gobierno le tocará pagar 1 billón de pesos por haber congelado los peajes. Nos cogió la noche para pagar la cuota de los Juegos Panamericanos y hasta tuvimos un día en que a todos los funcionarios del Estado les depositaron dos y tres veces más su salario. Por mencionar solo unos casos.
En el fondo queda una gran preocupación sobre qué tan competentes son quienes están administrando los recursos del Estado. Las expresiones de desprecio hacia la tecnocracia no han sido gratuitas.
Cuando no se domina el arte de administrar el Estado, pero además se es lo suficientemente arrogante para creerse sabios en la materia, el resultado es que el país suele vivir en un constante estado de contingencia.