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Petro está dando un golpe de Estado –para usar sus propias palabras–, a ese estado de relativo bienestar que ha ido construyendo Colombia en los últimos 30 años. El gran golpe lo reciben los más pobres.
Corría el año de 2016, Enrique Peñalosa estaba en el primer año de su segunda alcaldía en Bogotá, y en un recorrido por el centro de la ciudad empezó a recibir insultos de personas que le gritaban “ladrón”, “nos está quitando los subsidios”. La protesta, que parecía espontánea, se fue haciendo violenta, empezaron a recoger piedras y a lanzarlas al alcalde. Un policía logró improvisar una salida de emergencia.
Lo curioso es que Peñalosa no había quitado ningún subsidio. La furia de la gente se debía a la propaganda en contra suya que hacía el petrismo desde el primer día en que perdieron la Alcaldía vía grupos de WhatsApp y las bodegas que ya estaban construyendo en Twitter.
La anécdota cobra interés en la coyuntura que estamos viviendo. El gobierno del presidente Gustavo Petro ha decidido suspender los subsidios directos de más de 3 millones de colombianos, pero además no está pagando los subsidios de energía para los estratos 1, 2 y 3, acabó con programas de subsidio de vivienda y ha dejado acabar el sistema de salud que atiende cerca de 24 millones de usuarios en el régimen subsidiado.
Es decir, Petro está haciendo todo lo que nunca se atrevió a hacer otro gobierno, pero curiosamente no se ha visto manifestación alguna en su contra. Con una sola de las decisiones que el gobierno de Gustavo Petro ha tomado en detrimento de los avances sociales de Colombia, de haber sido promovidas por otro presidente, ya el petrismo tendría incendiado el país a punta de protestas. Por mucho menos de lo que hoy está pasando –el proyecto de reforma tributaria de Iván Duque que se discutía en el Congreso– el petrismo se inventó el “estallido social” copiando el mismo modus operandi que habían aplicado en Chile unos meses atrás.
Para resumirlo en pocas palabras: el presidente Gustavo Petro está dando un golpe de Estado –para usar sus propias palabras–, a ese estado de relativo bienestar que ha ido construyendo Colombia en los últimos 30 años. El gran golpe lo reciben los más pobres y no es propiamente blando como el de que tanto ha hablado el presidente Petro.
Es útil detallar cada caso. Esta semana que termina, por ejemplo, Gustavo Bolívar, director de Prosperidad Social, anunció que más de tres millones de colombianos van a dejar de recibir en 2025 subsidios del Gobierno Nacional. Según él, en adelante se enfocarán en creación de empleo y emprendimiento a través de cooperativas. Ver para creer.
El caso más dramático, como lo hemos dicho, es lo que pasa con la salud, el gobierno Petro no financió el sistema como era necesario y ha provocado un deterioro profundo: entre 2021 y 2024 las quejas por atención de salud aumentaron más del doble –de 762.000 quejas en 2021 a 1.584.000 en 2024–. No es extraño que la salud en Colombia, en manos del presidente Petro, haya pasado del puesto 35 al 81 en el mundo, en calidad del servicio.
En diciembre pasado Petro acabó de materializar el chú-chú-chú con un alza de solo 5,36 % en la Unidad de Pago por Capitación (UPC), haciendo oídos sordos a la necesidad de hacer un incremento no inferior al 17%. Los más golpeados están siendo y van a ser los 16 millones de colombianos en situación de pobreza monetaria que no podrán pagar médicos particulares ni tratamientos.
Pero si por el sector salud llueve, por el de la energía no escampa. El gobierno debe $2,7 billones por subsidios a los estratos de menores ingresos, 1, 2 y 3, a lo que se suman $4,5 billones de la opción tarifaria, la falta de esos recursos tienen naufragando a las empresas de energía y algunas, las más frágiles, terminarán en apagones.
Además, el Gobierno debe $628.000 millones a las empresas de gas natural y subsidios del gas propano o de cilindro están en veremos, con lo cual más de un millón de personas, de quienes viven en peores condiciones en el país, tendrían que cocinar con leña porque no podrán comprar la pipeta. Este año se podrían disparar las tarifas de energía y gas, que sin duda caldeará más los ánimos de los habitantes de la Costa Caribe cuyas facturas ya son impagables.
La vivienda de interés social tampoco escapa del golpe de Petro a los más pobres. Los constructores dicen que se necesitan por lo menos 50.000 subsidios y el gobierno solo dispuso recursos para 20.000. Además, eliminó el programa Mi Casa Ya, lo que elevará en 40% las cuotas de los créditos para las personas de menores recursos. Y la educación... 34 universidades públicas del orden nacional tienen un faltante de $19 billones este año.
Si bien hay graves problemas fiscales –algunos de ellos creados por el Gobierno que de manera irresponsable hace cuentas alegres– y si bien el gobierno Petro ha tenido que asumir el pago de millonarias deudas de la pandemia, también es cierto que esta administración ha contado con los presupuestos más grandes de la historia (por encima de 500 billones en 2024 y 2025).
Tanto el presidente Gustavo Petro como sus influenciadores y sus bodegas en redes se han volcado para tratar de cambiar la narrativa y tal vez logren aliviar un poco ante la opinión el tamaño de la destrucción, pero los datos en la historia mostrarán que este gobierno que se hizo elegir haciendo creer que iba a defender a los colombianos de menores recursos, terminará siendo el verdugo de varios de los más importantes triunfos del Estado en las últimas décadas.