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Al maestro Botero

Aunque Botero vivió sus últimos 40 años en distintos lugares del mundo, su corazón nunca dejó de latir por Colombia y en particular por Medellín.

17 de septiembre de 2023
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  • Al maestro Botero

Mucho se ha hablado de Fernando Botero en las últimas horas con motivo de su muerte en Mónaco, a los 91 años, como consecuencia de una neumonía. Ya venía, hay que decirlo, debilitado en su salud en los últimos años. Descansó el maestro.

Se ha hablado por supuesto de su estilo personal en la pintura y en la escultura: el de los grandes volúmenes, que el lenguaje popular convirtió en “gordas”. Y de cómo con la maestría de sus gordas, Botero recorrió el mundo y dejó en evidencia, en las avenidas principales de las grandes capitales del mundo, mucho de lo que somos los colombianos.

Así como Gabriel García Márquez dio a conocer los rasgos de la cultura latinoamericana con su realismo mágico, Fernando Botero con sus retratos en grandes volúmenes nos hizo algo más universales. Curiosamente los dos a su manera exageraron para hacer visible nuestra realidad: en esa exageración de tamaños pudimos ver con mayor claridad detalles de nuestra idiosincrasia.

Botero expuso sobre nosotros lo bueno y lo malo, nuestras virtudes y nuestros defectos, lo más cotidiano y lo más extraordinario, la guerra y la paz. No solo puso a Colombia a los ojos del mundo sino que nos permitió vernos tal cual somos, en los detalles de sus obras.

Botero ha sido el artista latinoamericano más cotizado en el mundo. El año pasado, por ejemplo, su escultura Hombre a Caballo se subastó por 4,3 millones de dólares, el precio más alto pagado en la historia por una obra de un artista vivo. Y también podría decirse que es el artista plástico más popular: así como sus esculturas y sus pinturas las aprecian las sensibilidades más exquisitas del arte también las conocen y disfrutan millones de los más profanos.

Son tantos los puntos de vista (y los agradecimientos) que le caben al maestro Fernando Botero Angulo que cualquier intento de abarcar su vida y su obra puede quedarse corto.

Pero sí vale la pena detenernos y subrayar una de las lecciones más interesantes de su obra, sobre todo para estos tiempos difíciles que vivimos. Como lo mencionamos cuando cumplió sus 90 años, el maestro se mofó de quienes quiso mofarse: de la aristocracia criolla y de los dictadores de América Latina, de la guerrilla, de los paramilitares y de los narcos, pero lo más importante es que lo supo hacer sin odio. Logró algo extraordinariamente preciado. ¿Qué tal si la epidemia de odio que amenaza al mundo se tramitara a la manera de Botero, con belleza, algo de sarcasmo e ironía?

Aunque Botero vivió sus últimos 40 años en distintos lugares del mundo, su corazón nunca dejó de latir por Colombia y en particular por Medellín.

Hay una anécdota que ilustra parte de su compromiso. El 13 de junio de 1995 las milicias urbanas de la guerrilla pusieron una bomba debajo de la escultura El Pájaro, del maestro Botero, en el Parque San Antonio, en el centro de Medellín. Murieron 29 personas y más de 200 resultaron heridas.

El maestro, desde Francia, manifestó su “ira” y escribió: “La escultura que ha sido destruida es un pequeño detalle frente a la masacre tan absurda, tan horrenda, de unas milicias que atacan a la gente humilde de Colombia, y que además son cínicas: cómo pueden decir que se pueden equivocar matando a 30 personas, son unos imbéciles”. Y luego de viva voz dijo que como memoria de esa “imbecilidad” quería que dejaran la escultura del pájaro tal cual, destruida y atravesada por la metralla.

Fernando Botero ha representado sin duda muchas cosas buenas del ser antioqueño: un hombre talentoso, comprometido, andariego, buena gente y generoso. Podría decirse que nunca se le subió la fama a la cabeza. Para EL COLOMBIANO es un honor contar que en estas páginas hizo sus pinitos como ilustrador y según él mismo dijo, fue aquí donde obtuvo sus primeros ingresos como artista.

Solo queda darle un gracias voluminoso por haber sido maestro en toda la extensión de la palabra.

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