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Diego Londoño
Periodista musical
@elfanfatal
Desde que conocí y escuché a Puerto Candelaria, me di cuenta de que eran unos locos atrevidos y que algo tenían entre manos. Luego de los años, veo su crecimiento, su madurez musical, su locura potenciada y reafirmo que de la irreverencia y locura también salen cosas maravillosas, como la construcción de una nueva forma de hacer música que divierte a la gente, que ofrece experiencias más allá del sonido, y que indudablemente, está haciendo memoria de cómo sonábamos en el pasado y también de cómo será ese sonido en el futuro.
Los músicos de Puerto Candelaria no están inventando. Ellos saben de qué hablan y cómo hacen que suene. Estudiaron para hacer música y viven de ella, y mientras eso pasa, hacen historia y con su aporte cambian gran parte de la historia musical de Colombia. Con su propuesta llevaron la tediosa academia musical a la calle, la transformaron y sacaron lo mejor de la gente: el baile, la alegría, la sonrisa y el recuerdo de la tradición musical colombiana que, a veces, se ve escapar rápidamente con el paso del tiempo.
Estos músicos atrevidos e identificables son El Sargento Remolacha (Juancho Valencia), un dictador tropical, caótico y mitómano; Barromán (Cristian Ríos), que con una mano puede sacarle el corazón a una res de 300 kilos; El Caballero del Bajo (Eduardo González), cuyas palabras y rimas de amor pueden hacer desnudar a una mujer casada en la plaza, a plena luz del día; El Loco (José Tobón), una verdadera plaga a quién ni el rejo, ni el encierro, le han servido para estarse quietecito; El niño (Diggi – Didier Martínez), multi-percusionista que aún cree en el traído del niño Dios; Hasta enero del 2015 hizo parte además Cosso (Juan Guillermo Aguilar), quien se encargó de sacar al Sargento Remolacha de cualquier agujero mental. En su reemplazo se acerca una presencia femenina...Estos personajes siempre están acompañados por Coco (Juan Felipe Arango), el papá, manager, productor; y también por el sistema fonomecánico siempre preparado de Gabo (Gabriel Vallejo), su perfeccionista ingeniero de sonido.
Haciendo su música se divierten, eso se les nota, y a punta de risas y baile han llegado a una gran cantidad de países, que si los enuncio no podría escribir ésta, ni la próxima columna. Es maravilloso saber que la música de Puerto Candelaria, con seguridad, será recordada en 50, 60 o más años como la rebelde música que cambió el sonido colombiano.
¿Usted ya los escuchó? Si no es así, pues lo invito a que accione el play, y si ya lo hizo, pues repita.